Como un mal chiste

No tengo por costumbre escribir ni publicar nada acerca de películas cuyo estreno en salas o en formato doméstico tuvo lugar hace ya un tiempo considerable -salvo, obviamente, que estemos hablando de un Clásico del s. XX– ; pero en esta ocasión he querido saltarme esta pequeña norma autoimpuesta para lanzar una alerta roja.

Y es que si Los mercenarios (Sylvester Stallone, 2010) tenía su cierta gracia como homenaje al cine de acción y testosterona que tantos veranos de diversión dos dio durante los años ochenta y primeros noventa del pasado siglo, esta secuela dirigida por Simon West resulta ser tremendamente insulsa, ineficaz, aburrida y, lo que es peor, provoca cierto sonrojo ver a tal cantidad de abueletes musculosos embrutecidos como si no hubiera pasado el tiempo, cuando las arrugas y el bótox no hacen sino subrayar lo contrario…

Con mayor presencia de Arnold Schwarzenegger y Bruce Willis -intercambiando frases míticas del género metidas con calzador- y la colaboración del ‘lobo solitario’ Chuck Norris, la banda de Stallone, Jason Statham y Dolph Lundgren se las tendrán que ver nada menos que con Jean-Claude Van Damme. Ver para creer. [leer crítica]

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