FESCIGU 2013: Por dentro y por fuera

Acabó la undécima edición consecutiva del Festival de Cine Solidario de Guadalajara, el FESCIGU. Un certamen que, en esta ocasión, he podido vivir intensamente tanto desde fuera –como espectador y bloguero- como desde dentro, colaborando activamente como miembro de la organización. Y aunque en esta ocasión me gustaría centrarme más en este segundo aspecto, quiero dedicar las primeras líneas de este post al primero, que es el más puramente cinematográfico y quizá algo menos subjetivo…

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Un palmarés envidiable.

Tras cinco intensos días en el que los espectadores que acudían al Buero Vallejo pudieron ver más de ochenta obras –entre trabajos a concurso en las secciones Oficial y Requetecortos y otros en secciones paralelas- , la organización daba a conocer el veredicto del jurado y del respetable. Al contrario que en ediciones pasadas, esta vez no hubo lugar para la controversia y los cinco cortometrajes –sí, cinco- que rascaron premio lo hicieron con todo merecimiento, imponiéndose a un buen puñado de películas que prácticamente todas ellas podían haber pillado cacho.

Desde su proyección el primer día de Festival, se palpaba en el ambiente que The mass of men podía ser una de las favoritas. Esta cinta británica dirigida por el francés Gabriel Gauchet atrapa al espectador desde el primer segundo, cuando, aterrados, asistimos a un violento ataque a una mujer a través de la grabación de una cámara de seguridad, y de cómo uno de los testigos, lejos de socorrerla, parece robar o sustraer algo. Tras este brutal prólogo, el realizador, de la mano de un pobre diablo sin trabajo y sin fortuna, nos arrastra a una acongojante espiral de sentimientos, dando la vuelta a la situación y poniéndonos en una difícil tesitura: no podemos –moral, ética ni humanamente- justificar lo que sucederá a lo largo del metraje, pero seguro que más de uno no lamentará (lamentaremos) cuanto acontece en pantalla. Enrevesado, sí, pero más no se puede decir para no echar a perder una obra redonda que deja huella. Sencillamente excelente.

También deja poso No kissing, filmado por el madrileño Manuel Arija con equipo superreducido en la capital británica, tal y como me confesó en la entrevista que le hice para las redes sociales del FESCIGU. Cierto es que la pieza, por su extrema brevedad, apenas puede desarrollar una trama, pero la sobria realización de Arija, el minimalismo en su puesta en escena y el espléndido trabajo de sus actores –Michael Law y Samantha Eden– le hicieron merecer la justa consideración del jurado con un segundo premio. Con solo dos personajes y un espacio minúsculo se puede hacer muy buen cine.

La ternura, espontaneidad y frescura de la jovencísima Matilde –encarnada por la simpar Matilde Da Silva– se ganó la complicidad y, por qué no decirlo, el corazón de los espectadores alcarreños. Ingeniosa y simpática, esta vivaracha niña, en apariencia introvertida y solitaria, nos da toda una lección de superación ante la adversidad. Justo que se llevara el Premio del Público.

A estas alturas, más de uno se habrá percatado de un hecho insólito: por primera vez en toda la historia del FESCIGU, los tres galardones para películas a concurso de la Sección Oficial caían en trabajos rodados en idiomas foráneos –los dos primeros en inglés; el tercero en italiano- . Una demostración más de que a los guadalajareños no les da miedo la versión original subtitulada, y seguro que mucho habrá tenido que ver la excelente educación cinéfila que durante tantos años nos ha proporcionado nuestro querido Cineclub Alcarreño.

Aún hubo más sorpresas: no uno, sino dos premios Requetecortos fueron entregados en la edición de este año. Y curiosamente, para dos piezas en cierto modo similares, ya que tanto Sinceridad, de Andrea Casaseca, como Push Up, de David Galán Galindo, toman dos situaciones aparentemente arbitrarias –el desempleo por un lado, la estética por otro- para darles la vuelta, retorcer los convencionalismos y lograr que, por unos minutos, nos riamos de nosotros mismos y de nuestras miserias. Puro humor hispánico.

No quiero dejar de recordar tanto a los ganadores –Javier Lozano y Rubén Aguilera– como a todos los participantes del sorprendente y muy novedoso certamen de Arte QR que se estrenaba este año en el FESCIGU, así como a todos los cortometrajes que se fueron de Guadalajara con las manos vacías. Este año el nivel era muy alto y, lamentablemente, no puede haber premios para todos.

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Masiva participación del público – foto (C) Mausba Foto

Ilusión, entrega, trabajo, entusiasmo.

Como ya he comentado, este año he tenido la oportunidad de colaborar con la organización del FESCIGU, principalmente en tareas audiovisuales y de difusión por las redes. Y debo decir que, aunque me hubiera gustado poder implicarme todavía más –otros compromisos me impedían dedicar más horas al Festival, incluso a poder acudir a la clausura del sábado- , me ha sorprendido el nivel de compromiso, ilusión, entusiasmo y entrega del que hacen gala todos y cada uno de los miembros del equipo que ponen en marcha y sostienen el certamen.

Bien es cierto que hubo errores que se podían haber previsto; bien es verdad que sufrimos algunos fallos técnicos que nos llevaron al borde de la desesperación –una vez más, aprovecho para reiterar nuestras disculpas por las accidentadas proyecciones del segundo día- ; y no es menos cierto que se sucedieron ciertos hechos ajenos a la propia actividad cultural y cinematográfica que nos pillaron a contrapié, literalmente entre la espada y la pared, y por el que los miembros de la Organización, casi todos altruistas voluntarios, están –estamos- sufriendo un escarnio público en las redes sociales, a todas luces injusto, por parte de unos pocos. Comprendo su malestar, pero me hubiera gustado verles en nuestra situación. Qué fácil es tirar la piedra y esconder la mano.

Este año, más que nunca, estoy seguro de que habrá una nueva edición del FESCIGU. Es hora de que este festival, a todas luces de clarísimo carácter internacional –no hay más que volver a echar un vistazo al palmarés- , dé el estirón definitivo: el público ha respondido con creces a esta indispensable y ya tradicional oferta cultural de la ciudad, y tanto creadores como espectadores nos han trasladado sus más efusivas felicitaciones. Nosotros podemos hacerlo todavía mejor: ese es nuestro compromiso. Pero sin administraciones ni entidades, públicas y privadas, que apoyen clara y rotundamente a ésta y a cuantas actividades e iniciativas culturales se promuevan, no dejaremos de ser un efímero sueño de segunda o tercera categoría. San Sebastián, Gijón, Sitges, Alcalá de Henares… todos ellos apoyan sin paliativos ni medias tintas sus valoradísimos festivales de cine. ¿Tomará Guadalajara ese rumbo para con el FESCIGU? Solo el tiempo lo dira.

Hasta el año que viene.

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