Como el cuñado de Rocky

Paulie, el cuñado de Rocky Balboa, era un tío de buen corazón pero pesado y cansino a más no poder. Igual es Dune, la extraña y ambivalente space opera que David Lynch: estoy seguro de que el director de El hombre elefante (1980) buscaba transmitir cierta épica entre la mística futurista y la tragedia clásica, pero el resultado final -al menos, el de su versión comercial estrenada en cines, pues existen otros tres montajes alternativos más, a cada cual más extenso- es tan plomizo, tan coñazo, tan cutre -¡vaya FX!- que poco o nada nos importa la revolución arriacense de Kyle MachLachlan y sus acólitos -un impresionante cast tremendamente desaprovechado- … [leer más]

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