Rodaje en gris

Para los alcarreños de cuna o de adopción (como es mi caso, que ya llevo tres lustros viviendo en esta provincia), hablar del 17 de julio de 2005 es como hablar del 11M o del 11S: todos recordamos perfectamente dónde estábamos, qué hacíamos o con quién compartíamos la jornada mientras de manera algo confusa y caótica nos iban llegando las primeras noticias sobre un incendio forestal en el Alto Tajo. Este no parecía otro incendio más en un verano especialmente seco y caluroso; aquel domingo por la mañana nos levantamos sabiendo que llevaba calcinadas un buen número de hectáreas desde que se originara a primera hora de la tarde del día anterior, sábado 16, y que varias localidades de la zona habían sido desalojadas por precaución.

Recuerdo especialmente el domingo 17 porque, maldita la casualidad, era el primer día de rodaje de mi nuevo cortometraje como director, el que iba a suponer además mi bautismo en la Asociación Cultural Baidefeis Producciones: Retrato en gris. Un trabajo ambicioso, apoyado por un gran equipo (en número y en talento), que nos iba a llevar seis días consecutivos de rodaje y cuya primera jornada la emplearíamos ocupando (cinematográficamente hablando) uno de los supermercados de la ciudad. Y, centrados como estábamos en nuestra tarea, durante buena parte del día el incendio del Ducado era casi una anécdota en las conversaciones entre toma y toma o mientras se preparaba la iluminación. Incluso habían venido compañeros de medios a hacer un reportaje sobre la filmación.

Supimos que la cosa era mucho más grave cuando, precisamente, uno de ellos recibió una llamada y tuvo que marcharse abruptamente: “Lo siento”, me dijo, “pero tengo que ir a la Subdelegación del Gobierno a una rueda de prensa urgente. Hay muertos en el incendio”.

No sabíamos más.

Es curioso: recuerdo vívidamente, como si hubiera sido ayer, aquel domingo por la mañana, pero del resto del rodaje (durante ese día y el resto de la semana) sólo tengo breves flashes: las idas y venidas en busca de información en las pausas de rodaje (recordad que estamos en el año 2005: no había whatsapp, ni redes sociales, y la prensa todavía se apoyaba principalmente en el soporte de papel, los boletines de radio y los informativos de mediodía y noche de las televisiones); la gigantesca nube de humo negro que llegó uno o dos días después y que cubrió parcialmente el cielo de la capital; cada nuevo balance de hectáreas calcinadas, que se contaban ya por miles (finalmente el balance fue de trece mil); y, sobre todo, cada vez que nos confirmaban el nombre de alguno de los once fallecidos, todos miembros del retén de Cogolludo: en nuestro grupo, quien no conocía personalmente a alguno de ellos, sí tenía relación con algún familiar directo.

Durante mucho tiempo, he vivido con la sensación de que Retrato en gris ha sido el rodaje más duro al que me he enfrentado. Estaba equivocado: duro es lo que han tenido que pasar los familiares y amigos de los fallecidos, a quienes ni los homenajes, ni las medallas ni las placas les devolverán sus seres queridos. Duro es ver cómo, diez años después, nuestra provincia vuelve a arder por los cuatro costados (mientras escribo esto, escucho otra vez el ya rutinario sonido de hidroaviones y helicópteros), y que, tal y como cuentan dos excelentes periodistas como Rubén Madrid en El Hexágono y Raúl Conde en El Mundo, parece que no hayamos aprendido nada. Duro es saber que, si las administraciones (independientemente de su signo político) no se ponen a trabajar en serio en la prevención de incendios, una catástrofe como la que se originó en el entorno de la Cueva de los Casares volverá a repetirse.

Foto (C) BAIDEFEIS
Fin de rodaje el 22/07/2005 – Foto (C) BAIDEFEIS

Rodar un corto como Retrato en gris, una historia trágica (y hasta cierto punto tremebunda, lo admito) sin concesión alguna al optimismo, en un tiempo récord y con unas condiciones físicas y psicológicas tan complejas (alternando jornadas diurnas y nocturnas), fue muy complicado, pero no duro. Es más, a pesar de las dificultades y de las tensiones y nervios habituales, el buen rollo imperó en todos los miembros de un equipazo irrepetible. Dadas nuestras limitaciones, creo que hicimos un muy buen trabajo.

Sirva esta pequeña película, hecho sobre todo con grandes dosis de ilusión por un puñado de locos enamorados del cine, como humilde homenaje a los que dieron su vida hace diez años por proteger el patrimonio natural de todos.

Sirva este artículo para dar las gracias, diez años después, a todos los que pusisteis vuestro granito de arena en este pequeño sueño.

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