Vulgares y poco feroces

Si echo la vista atrás, creo que no veía una gala de los Premios Feroz desde sus primeras ediciones. Quizá eso me reste credibilidad o argumentos a lo visto anoche en Alcobendas, o puede que, al contrario, me de una perspectiva algo más objetiva. En cualquier caso, y adelantándome a los próximos párrafos de este post, vaya por delante que hacía tiempo que no me aburría tantísimo en una ceremonia de entrega de galardones. Y, peor aún, que sintiera vergüenza ajena en algunos momentos puntuales.

La cita, que empezó con considerable retraso y graves problemas técnicos y de sonido en el prólogo online -corregido y recuperable, a posteriori, en el canal oficial de YouTube-, dio paso a una gala completamente presencial en la que el habitual formato de múltiples mesas, emulando a los Globos de Oro estadounidenses, desapareció este año para adaptarse al más tradicional escenario-patio de butacas con todos y todas separados y enmascarillados… salvo a la hora de entregar o recoger un premio, donde ahí cada uno tiró por su propio criterio. Pilar Castro, estupendísima actriz, fue una maestra de ceremonias de humor seco y severo con el que no conecté, quizá porque no la veía del todo cómoda, o quizá porque el guion le encorsetaba en unos parámetros muy rígidos.

Los Feroz querían apostar por una gala diferente, alegre, abierta, plural y sobretodo inclusiva. Una idea maravillosa y muy necesaria en estos tiempos que corren de crispación y cabreo en las redes sociales. Sin embargo, creo que se erró el tiro: la diversidad y libertad de expresión solo fueron excusas para que muchos entregadores y entregadoras quisieran ser más protagonistas que premios y premiados, interrumpiendo por momentos la gala –Paca la Piraña cortó el momento más emotivo del speech de Verónica Echegui y hasta Loles León tuvo que pedir callar desde el escenario- o con larguísimos parlamentos donde no faltaron alusiones a genitales, vellos púbicos, chistes de ETA -que, a base de infinitas repeticiones, pasaron de ser atrevidos a tremendamente cansinos- y deseos de que nos den por donde la espalda pierde su nombre, supongo que como eufemismo de buenaventura. Algo que quizá fuese rompedor hace cuatro décadas con la movida, pero que hoy me parece tan vulgar como anticuado. Alberto Velasco y Milena Smit rompieron esa tónica con un ejemplo de lo que creo debe ser el discurso de una pareja entregadora: reivindicativo si se quiere, pero conciso y cómplice -con tu partenaire en el escenario y con todo el público- y sin restar protagonismo a quien se premia u homenajea.

Confieso que ante tal panorama no tardé en desconectarme de una retransmisión típica y sobria donde hasta los premiados quedaron un poco en segundo plano, en un palmarés donde hubo poco lugar para las sorpresas. Quizá casi nadie esperaba que el Mejor Cartel fuese para ‘Rifkin’s Festival’ -se confirma que España sigue siendo el retiro dorado de Woody Allen, donde le premiamos lo que sea-, que hubiera empate en la categoría de Mejor Actor de Serie de Televisión, y no me quedó muy claro porqué cuatro largometrajes y una serie competían para un mismo galardón -Mejor Documental- ni el criterio de ese Premio Especial “para una película que merecía mejor suerte”. ¿No la merecían todas en un año tan nefasto como ha sido 2020?

Victoria Abril lee su discurso como Premio de Honor. Imágenes © Premios Feroz vía YouTube.

Y llegó el momento. EL MOMENTO. Jorge Sanz quiso ponernos preventivamente la venda -quizá en este caso, sería mejor decir la vacuna- con unas palabras de elogio/justificación sobre la personalidad “indómita” de Victoria Abril. Excusatio non petita. Apareció sobre el escenario la homenajeada -rotulada en la retransmisión como “De Abril”, que me lo expliquen-, todo el mundo aguantó la respiración, y ella hizo todo lo que pudo para no salirse de un discurso preescrito. No tardó en pedir disculpas, algo tibias y de aquella manera, sobre sus polémicas declaraciones de hace unos días -la música entró de golpe durante un segundo, quizá alertados por si de nuevo se iba de madre- que hasta habían obligado a que los propios organizadores se desmarcaran públicamente. Dijo querer seguir retirada “sin redes ni televisión”, pero nos dejó unos cuantos gestos extravagantes que son carne de meme o gif. Tuvo palabras de agradecimiento para Vicente Aranda, Pedro Almodóvar, Agustín Díaz Yanes y para “todos vosotros, que sois mi familia”. Salió del paso, pero no sé si convenció. Al menos, no hubo abucheos, y la Organización ya había previsto que a continuación apareciera la presidenta de la Asociación de Informadores Cinematográficos, la periodista María Guerra, que, aliviada de no tener que apagar más fuegos, brindó tinto en mano al grito de “¡Salud y vacunas!”.

No todo fue malo, claro. El palmarés, como digo, fue bastante previsible, pero hubo momentos de sincera emoción como los discursos de las mujeres de ‘Patria’, Elena Irureta y Loreto Mauleón; la enorme sonrisa que se adivinaba bajo la mascarilla de un inmenso Hovik Keuchkerian, antes de pronunciar uno de los discursos más breves de la historia; o el momento sin habla de Valérie Delpierre, productora de la gran triunfadora ‘Las niñas’ con tres premios gordos -Mejor Película Dramática, Mejor Dirección y Mejor Guion-. Habrá quien diga que positivas fueron también las medidas tomadas por la Organización para hacer una gala presencial y remarcar aquello de que #laculturaessegura, pero no olvidemos que otros festivales más pequeños y con menos recursos ya lo han venido haciendo en meses precedentes.

En fin, poco para recordar en una de las galas más fallidas, largas y aburridas que recuerdo -casi dos horas y media sin alfombra roja- y cuyos errores no deben excusarse en la pandemia, ya que estos poco o nada tenía que ver con la excepcionalidad del momento. Los Feroz nacieron para ser mordaces, críticos y exigentes, y alejarse de la línea tradicional y academicista de los Goya. Anoche, no hubo aullidos.

Ver palmarés completo aquí.

2018: Claqueta final

Foto © Mariam Useros Barrero (Mausba Foto)

Hace casi ocho meses que no escribo nada en este blog. No sé si sentirme culpable o perplejo, ya que si bien nada ni nadie me obliga a dedicar X horas a la semana a poner en negro sobre blanco cuanto se me cruza por la cabeza, lo cierto y verdad es que ya va tocando abrir puertas y ventanas y entrar con un plumero entre los dientes para desempolvar este pequeño rinconcito virtual algo abandonado.

Es final de año, y echar la vista a los 365 últimos días es una excusa tan buena como cualquier otra para retomar el hilo. Porque si algo ha tenido para mí este 2018 es que ha sido un año de no parar, lleno de altibajos profesionales y emocionales, con grandes alegrías e imprevistas decepciones. Con gente maravillosa con la que he tenido oportunidad de trabajar y divertirme, y con otros que, a las primeras de cambio, no han dudado en disparar fuego amigo -ya sabéis, “da igual cuántos favores hagas, siempre te juzgarán por el último que no hiciste”-. Con momentos inolvidables y otros que, al contrario de lo que decía Rutger Hauer, no se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia… aunque lo deseara.

Creo que a nadie se le escapa que mi mayor alegría y satisfacción ha sido volver a sentarme en la silla de director -esto es un eufemismo, raramente tomaba asiento ni para comer- para levantar, con decenas de manos a mi lado, un proyecto cinematográfico pequeño pero creo que bien trabajado y cuidado, que quiere poner el foco en una de las mayores lacras de la sociedad del s.XXI: el tráfico de personas, mujeres principalmente, para su explotación sexual. No seré yo quien evalúe o aplauda las posibles cualidades de ‘A Plena Luz Del Día’, más bien al contrario, me es más fácil encontrarle los fallos. Pero si queréis saber mi más sincera opinión, podéis leer aquí el artículo que escribí poco después del rodaje y que se publicó en el boletín de otoño de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara.

Huelga decir que un proyecto así es imposible sacarlo en solitario, que han sido muchísimas las personas que lo han hecho posible, pero en un 2018 donde las mujeres han sido las protagonistas -por desgracia, no siempre para buenas noticias-, me vais a permitir que dedique tres palabras a quienes han sido mi brújula en esta aventura: Pilar Sancho, mi socia y compañera con quien comparto el 50% de las alegrías, nervios, preocupaciones, éxitos e insomnios en Mitad & Mitad Producciones; Nuria Nadim, actriz protagonista, musa y corazón de esta película; y Mariam Useros, por todo… y por todo.

El primer año de Yebernalia y el segundo de FESCIMED me han dado tantas satisfacciones como cosas para pensar y reflexionar. También mi colaboración activa en algunas de las muchas asociaciones de las que soy miembro; me encanta participar y echar un cable en todo lo que pueda, sobre todo cuando hablamos de poner en marcha actividades culturales casi siempre denostadas por aquellos y, a la vez, tan necesarias para combatir el embrutecimiento social que padecemos en estos días inciertos, que dirían los Celtas Cortos. Pero ya paso de los cuarenta palos, y la vida y el trabajo me ocupan casi más horas de las que tiene el día. Me apena, pero sé que hay barcos de los que, en breve, tendré que bajarme.

¿Qué marinero me está saliendo este post, no?

Tantos dimes y diretes me han impedido ver más teatro y más cine del que he sido capaz en estos últimos doce meses. Así que este año me ahorraré -mejor dicho, os ahorraré- el suplicio de aguantar diversos top-10 de obras, series, largos y cortometrajes tan subjetivos como discutibles. Pero por daros algunos esbozos -para los que estéis tan enfermos como yo o simplemente os pique una cierta curiosidad-, ahí va un resumen resumido:

Cine (largometrajes): Mucho, muchísimo se me ha quedado pendiente de ver este año. Pero a falta de ponerme al día, diré que, entre lo más destacado, no podría dejar fuera ‘Carmen y Lola’, ‘Los archivos del Pentágono’, ‘Tres anuncios en las afueras’, ‘Loving Vincent’, ‘Todos lo saben’ o ‘Ready Player One’. Y, entre las decepciones más inesperadas: ‘La forma del agua’, ‘Jurassic World: El reino caído’, ‘The Florida Project’, ‘Han Solo: Una historia de Star Wars’ (aunque ésta se veía venir), ‘Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald’ (no sé cómo siguen estirando una trama que no tiene absolutamente nada) y, sí, la muy aplaudida ‘Roma’. No me extenderé aquí en razones, quienes me seguís por redes sociales ya conocéis mis argumentos.

Cine (cortometrajes): Por contra, las mejores obras cinematográficas del año, de sobresaliente o casi, me las he encontrado en formato corto. Quizá no todas sean de 2018, pero sí ha sido en este año cuando las he descubierto, así que allá van: ‘Cerdita’, ‘Le vivre ensemble’, ‘Madre’, ‘Caronte’, ‘The Mauritania railway: Backbone of the Sahara’, ‘La pureza’, ‘Eusebio80’ y ‘2001 destellos en la oscuridad’.

Teatro: Me quedé sin repetir en ‘Las crónicas de Peter Sanchidrián’ -cuya secuela llegará al Pavón Kamikaze de Madrid en 2019-, pero por contra descubrí cosas increíbles en el 22º Festival de Teatro Alternativo FETAL de Urones de Castroponce (Valladolid), donde apenas estuve dos días pero vi tres propuestas maravillosas: ‘Maldito otoño’, ‘Fauno. Lo bello y lo monstruoso’ y ‘Labranza trío’ -por cierto, si algún año acudís a esta maravillosa cita, sacad también un rato para visitar Urueña, un municipio con un casco histórico amurallado maravilloso que, además, tiene más librerías que bares. ¡Bravo!-. ‘Billy Elliot’, ‘Lehman Trilogy’ y la sorprendente y arriesgada ‘Un enemigo del pueblo (Ágora)’ han sido los montajes más espectaculares, y no quiero dejar de mencionar esa maravillosa fantasía llamada ‘El libro andante’ de la joven compañía Maní-Obras Teatro.

TV: ‘Fariña’ es caviar catódico -impecable en todo-, me he reído mucho con ‘Cuerpo de élite’ -y eso que el original cinematográfico era infumable-, ‘The Good Fight’ se ha cerrado como digna sucesora -pero un peldaño por debajo- de la apasionante ‘The Good Wife’, ‘Estoy vivo’ ha girado hacia zonas tenebrosas imprevisibles -aunque el cierre de la segunda temporada no me convenció- y ‘La maravillosa Sra. Maisel’ es un curioso descubrimiento. En el otro lado de la balanza, ‘Westworld’, ‘Traición’, ‘Las chicas del cable’ y ‘La otra mirada’ creo que han ido de más a menos. A ver cómo se cierra la esperada final season de ‘GoT’, aunque más miedo me da la recién anunciada cuarta temporada de ‘El Ministerio del Tiempo’ -la tercera flojeó, y mucho- o cómo afrontarán los hermanos Duffer el natural crecimiento de los protas de ‘Stranger Things’ tras la T2

nuremberg
En Núremberg.

Seguro que me dejo mucho de qué hablar sobre festivales, literatura, fotografía, viajes y otros hitos… pero para haber estado casi 250 días sin pasarme por aquí, creo que ya está bien, ¿no?

2018 se va dejándome un sabor agridulce. Espero que 2019 traiga más alegrías que decepciones.

Feliz Año Nuevo.

Chaouen: el oasis azul de Marruecos

He regresado hace unos días de Ceuta -ciudad magnífica a la que espero poder regresar con más tiempo para pasearla y fotografiarla como se merece-, donde se han celebrado los múltiples actos del XXXI Congreso Nacional de Fotografía CEF organizados por la Asociación Fotográfica Miradas.

Entre exposiciones, reuniones de trabajo y recepciones oficiales, nuestros anfitriones nos habían programado una visita exprés -apenas 24 horas- al otro lado de la frontera para descubrir Chaouen, también llamada Chefchaouen o Xaouen: conocida como la Perla Azul de Marruecos, se trata de una bellísima aldea que si bien respira un cierto acomodo como destino turístico ya de veras conocido, todavía conserva el encanto de sus recónditos callejones y angostas cuestas teñidas por un precioso tono añil perenne en suelos y fachadas.

He seleccionado y procesado algunas fotografías tomadas durante un paseo por el laberinto de callejuelas chauníes, así como unos retratos tomados a los amigos de la Asociación Chaouen Online, que nos hicieron de guías y acompañantes no solo durante la jornada, sino en buena parte de las actividades del congreso [ver aquí].

Desde aquí, mi más cariñoso agradecimiento a nuestros amigos del sur por su infinita hospitalidad y calidez humana, en unas jornadas en las que, a través de la fotografía y olvidando los estériles y amargos enfrentamientos de nuestros representantes políticos, se estrecharon aún más los lazos de amistad y compañerismo entre gente de diferentes comunidades autónomas al tiempo que se tendían puentes con los vecinos del norte de África. Como reza el lema de la CEF…