Solo ante el peligro

El final de la cuenta atrás.

He aquí otro de esos clásicos indiscutibles que se presupone todo buen cinéfilo ha de haber visto al menos una vez en la vida. He aquí otra de esas películas que en estos días han caído en mis manos y que, tras configurar las opciones de audio y subtítulos de mi reproductor de DVD, he pulsado al play temiendo encontrarme con otra de esas añejas joyas que, lamentablemente, no han aguantado el paso del tiempo. Pero nada más lejos de la realidad: para mi sorpresa, Solo ante el peligro tendrá la apariencia de western, pero es una de las obras más redondas y –alucinante- adelantadas a su tiempo que he visto jamás.

Si uno solamente mira por encima, verá algunos clichés del género: pistoleros, venganza, un sheriff, un saloon, un pequeño pueblecito del Oeste con su característica gran calle principal… pero, de verdad, os animo a que dediquéis apenas noventa minutos –sí, si, noventa; si es que lo bueno y breve…- a disfrutar de esta maravillosa obra firmada por Fred Zinnemann y protagonizada, inmortalizada más bien, por un Gary Cooper antológico.

Mientras el sheriff local Will Kane (Cooper) contrae matrimonio con la guapa Amy Fowler (Grace Kelly), tres cowboys esperan el tren que traerá a quien fue su jefe, recientemente liberado de la cárcel, que en su día juró vengarse de Kane, el hombre que le metió entre rejas. Cuando la noticia corre por el pueblo, todos animan al marshall a que se vaya, a que mire por su futuro y el de su esposa lejos de allí. Pero Kane es un hombre justo e íntegro, y a pesar de las opiniones de todos –incluida su esposa- , decide quedarse, reclutar hombres y hacer frente a los forajidos. Tiene poco menos de hora y media para convencer a los hombres a que se le unan en tal tarea…

Exactamente: Solo ante el peligro, sorprendentemente –insisto, para su época y género- transcurre en tiempo real, sin dar concesiones a elipsis temporales de ningún tipo. Y así, el espectador acompaña a este pobre diablo en su infructuosa búsqueda de ayuda en un lugar sin nombre poblado por seres cobardes, hombres y mujeres descastados, egoístas, ingratos que prefieren mirar para otro lado. Y mientras, el reloj corre…

Solo ante el peligro –cuyo argumento dio pie a una versión no oficial con aires futuristas, Atmósfera Cero (Peter Hyams, 1981)- se erige como una monumental obra maestra del Séptimo Arte, que, afortunadamente, no ha perdido ni un ápice de vigencia. Si tuviera que ponerle un lunar, habría que lamentar esa especie de anticlímax con que finaliza la película –hay mucha más tensión durante la hora y pico de espera que en el tiroteo final- , pero, bien pensado, también le da un carácter más hiperrealista que haber rematado la faena con el típico duelo a revólver entre el bueno y justo sheriff frente al malvado y vengativo vaquero… así que dejémoslo estar.

Imprescindible e impresionante. Una gozada.

Recomendado para todos los amantes del cine.

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