Vértigo. De entre los muertos

Hitchcock, a dos aguas.

Que Hitchcock es un cineasta magnífico nadie lo puede negar: algunas de sus películas son obras cinematográficas imprescindibles y, particularmente, debo confesar que es el director con más títulos en mi videoteca doméstica particular. Sin embargo, también hay que decir que Sir Alfred no era infalible, que en su filmografía hubo aciertos y errores, y que algunos de sus films mejor considerados no terminan de convencerme por más veces que los vea. Y a partir de aquí, recomiendo que los más puritanos e incondicionales del maestro del suspense dejen de leer, pues precisamente hoy voy a comentar una de sus películas mejor consideradas y que sin embargo a mí no me llega y a lo mejor empiezan a hacerse cruces con mis opiniones…

Hoy he vuelto a ver Vertigo. De entre los muertos, film de 1958 a partir de la novela D’entre les morts de Pierre Boileau y Thomas Narcejac. La película la protagonizan James Stewart –en su última colaboración con Hitchcock tras La soga (1948), La ventana indiscreta (1954) y El hombre que sabía demasiado (1956)- y Kim Novak –quien nunca antes había trabajado con el realizador y nunca volvería a hacerlo…- , y nos cuenta la historia del detective John ‘Scottie’ Ferguson (Stewart), prematuramente retirado del servicio activo de la policía de San Francisco tras descubrir que tiene pánico a las alturas, a quien un viejo amigo (Tom Helmore) le pide que siga discretamente a su esposa Madeleine (Novak), que al parecer sufre de extraños episodios de amnesia o sonambulismo que le llevan a actuar como si en realidad fuese otra persona. Ferguson acepta el trabajo, pero la trama se complicará cuando después de que Madeleine caiga a la bahía, él se vea obligado a rescatarla y ambos se enamoren el uno del otro…

vertigo1¿Quién es en realidad esa misteriosa e hipnótica mujer? Esa parece ser pregunta clave, al menos durante los dos primeros tercios de la película, en la que además Hitchcock plantea otra serie de subtramas que se desarrollan con irregular acierto –muy bien todo el misterio de las reencarnaciones; más flojo en el romance no correspondido que sufre el personaje de Barbara Bel Geddes, que no conduce a nada- y, como en un anticipo de lo que será su posterior –y esta sí, magistral- Psicosis (1960), desconcierta y aturde al espectador al eliminar de la ecuación a uno de los personajes principales a mitad de narración. Hasta aquí, muy bien –salvo por lo que comentaré en el siguiente párrafo- , pero el tramo final del film, a mi parecer, pierde todo interés, o mejor dicho, todo suspense o misterio merced a esa onírica y algo tramposa escena en la que sueña no con la chica, sino sólo y precisamente con ese collar que revelará muchas cosas, y sobre todo por ese superfluo flashback metido, casi con calzador, a poco de presentarnos al personaje de Judy Barton. ¿De verdad era necesario? ¿No está descubriendo el pastel demasiado pronto? ¿No nos lo está dando todo demasiado masticadito?

Vayamos con el otro elemento que me cojea: el propio personaje de Stewart. Es el protagonista, el héroe que ha de desentrañar el misterio, pero a mí no me produce ningún tipo de empatía. Más bien al contrario: es bastante superficial con su ayudante femenina –que, como ya he comentado, está más que coladita por él- y se lía con la mujer de su amigo a la primera oportunidad. ¡Toma moralidad! Si vamos por ese camino –convertir al protagonista en un antihéroe- , la película alcanza su plenitud en la que considero la mejor secuencia todo el film, esa en la que Ferguson lleva a Judy a unos grandes almacenes y literalmente la obliga a transformarse en Madeleine. A pesar de los reparos de ella, él no escucha sus ruegos, y la misoginia, egoísmo y violencia psicológica que desprende la escena es brutal. Pero claro, llegados a este punto, ¿cómo podemos sentir algo de compasión por él en el trágico desenlace? El final de la película casi quiere ser dramáticamente conmovedor, pero me resulta distante, antipático… en una palabra, un cretino. ¿La película iba sobre un cretino machista? ¿O sobre el misterio alrededor de la personalidad de Madeleine?

vertigo2He llegado a la conclusión de que Vértigo es, en realidad, dos tramas diferentes trufadas de un excesivo número de elementos que se entremezclan con dificultad y que no llegan a cuajar completamente. Los eruditos me pondrán a caer de un burro, pero siempre he pensado que Hitchcock, con cuantos menos elementos tenía, mejores y más directas películas hacía. Y además James Stewart siempre me ha parecido un simplón –siempre hace el mismo tipo de personaje: hombre corriente algo enclenque y desvalido y casi sin sentido del humor- . Lo mejor: una hechizante Kim Novak, guapa, elegante y eficaz bajo cualquier rostro. Lástima que no repitiera con el cineasta en alguna de sus posteriores y más logradas producciones…

Recomendado para incondicionales del maestro del suspense.

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