El último hombre… vivo

Apología de la desgana.

Si no estoy equivocado, hay tres adaptaciones oficiales de la novela que el escritor Richard Mathison publicó en 1954 bajo el título de Soy leyenda: El último hombre sobre La Tierra (Ubaldo B. Ragona & Sydney Salkow, 1964); El último hombre… vivo (Boris Sagal, 1971) y la homónima y más reciente (Francis Lawrence, 2007). A día de hoy, sólo he visto las dos últimas. Bien es cierto que si todas las fuentes que he consultado previamente coinciden en que la mejor es, precisamente, la primera y protagonizada por el gran Vincent Price, a fecha actual perdonen si me quedo, sin un ápice de duda, con la de Will Smith.

El último hombre… vivo –o The Omega Man, que fue su título original anglosajón- arranca de manera prometedora. El doctor Robert Neville/Charlton Heston, al volante de un flamante descapotable, cruza a toda velocidad por las calles de una abandonada y desierta gran ciudad, sin detenerse más que un momento para disparar a “algo” que se mueve súbitamente en uno de los edificios. Pasea sin rumbo ni destino, y no parecer reparar ni en los vehículos abandonados ni en los cadáveres que salpican la urbe. Cuando al caer la noche llega a su morada, es atacado por unos extraños individuos de piel blanquecina, cabello albino y vestidos con túnicas y capuchas negras.

Tras un par de flashbacks, descubrimos lo sucedido: tras un holocausto bélico, casi toda la población mundial ha perecido debido al uso de armas bacteriológicas, y los pocos supervivientes se han convertido en diabólicos seres nocturnos sin más objeto que la propia supervivencia y un anhelo de destruir cualquier rasgo de civilización. Todos menos Neville, que por azares del destino se inoculó un suero experimental que lo vuelve inmune a la enfermedad…

A partir de aquí… ná de ná. El ritmo es anodino, imberbe, sin ningún tipo de chispa ni ingenio –parece que las situaciones se concatenan una tras otra porque sí- . El interés –al menos el mío- decae según pasan los minutos, y aunque trata de remontar con la aparición de un grupo de supervivientes aparentemente sanos, el guión se va volviendo cada vez más ingenuo, repleto de escenas completamente inverosímiles: la huída del estadio es propia de Benny Hill –está tan mal planificada que los protagonistas pasan varias veces por el mismo escenario mientras son perseguidos por la turba mutante; si lo vemos a doble velocidad y con cierta musiquita, estará a la altura del entrañable humorista británico- ; la historia de amor entre Charlton Heston y Rosalind Cash no hay quien se la crea –no por ser interracial, que seguro que en su momento fue de lo más revolucionario, sino porque dos personajes que acaban de encontrarse y casi se matan el uno al otro no pueden estar acostándose en su tercera escena juntos- ; los villanos no dan ni miedo ni respeto –son la típica secta malvada, incluso se hacen llamar a sí mismos la Hermandad- y los efectos especiales dan miedo… de lo mal hechos que están –vemos perfectamente cómo uno de los malditos, al caer por una ventana, rebota en la colchoneta oculta en una terraza inferior, o distinguimos perfectamente al doble de Heston, quien por cierto no se le parece en nada, en las escenas de la motocicleta- .

Normalmente, incluso pasaría por alto todas estas cositas siempre y cuando nos quedásemos con un mensaje final, algo que nos aporte la fábula futurista. Pero es que ni por esas, no hay ni moraleja ni sentido, y la verdad es que, finalizada la película, tanto nos da lo que le pasa a Neville -Heston estáaquí más inexpresivo que nunca- como al resto de personajes. Es una cinta que no ha aguantado el paso del tiempo, que en el momento de su estreno no digo yo que no perturbase a la audiencia, pero que vista hoy se ha quedado completamente desfasada, y la infravalorada Soy leyenda de 2007 es, al menos, bastante más verosímil y muchísimo más entretenida.

Una última reflexión, esta ya al margen de la película en sí. Caigo en la cuenta de que, probablemente, el señor Heston sea, si no el que más, uno de los casos más sorprendentemente contradictorios de la Era Dorada de Hollywood. Plagó su currículum protagonizando películas de corte humanista, pacifista y antibelicista –no sólo la que aquí comentamos, sino, por ejemplo, Cuando el destino nos alcance (Richard Fleischer, 1973), la soberbia El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968) o incluso la mismísima Ben-Hur (William Wyler, 1959), canto al amor fraterno donde los haya- , mientras se convertía en el más acérrimo defensor de la Asociación Nacional del Rifle y del derecho a las armas. Ahí lo dejo.

One Reply to “El último hombre… vivo”

  1. Agur – Saludos kordiales;

    Kon todo respeto y kariño, konsidero ke el análisis de la pelíkula pasa por alto el simbolismo esotériko ke tiene.

    De hecho, estoy de akuerdo y he disfrutado mucho kon las pelíkulas ke Charlton Heston ha protagonizado y en todas ellas, hay un mensaje llamemosle futurista
    y ke, sin embargo, llenas de simbolismo profétiko y mesiániko.

    En el kaso de EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO, rekomiendo ke al volver a verla, te deleites en la escena final; pués, el protagonista muere con los brazos en cruz, ´
    después de dar hasta la última gota de su sangre para la salvación de la humanidad.

    Es posible ke te haya pasado por alto este detalle; sin embargo, es una pelíkula ke llama a la reflexión y a la meditación; pués estos tiempos están llegando.

    A mi entender, en estos instantes, en nuestro planeta nos enkontramos muy cerka de las vivencias de CUANDO EL DESTINO NOS ALKANCE; dado ke kon los transgénikos y todas las adulteraciones de la naturaleza, cada vez, nuestra salud es mas prekaria y la degradación está alkanzando límites insosprechados hace unos años.

    Por lo tanto el mensaje de la película es ke para seguir la vida en el planeta; se necesita un sacrificio.

    En la pelíkula el sakrifikado es CHARLTON HESTON.

    ¿kien será en nuestro mundo?

    Saluudos kordiales;

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