Elegidos para la gloria

Del cielo a los altares.

Ya sabemos que a los americanos les encanta muy de cuando en cuando mirarse al ombligo y enorgullecerse de sí mismos, encantados de haberse conocido. Y aunque a veces las Historia les dedique polémicos episodios de dudoso honor –Vietnam- y en otros les deje claramente en un segundo plano –la carrera espacial- , ellos no tienen inconveniente alguno en torcerlo, cambiarlo, manipularlo a su antojo para quedar cojonudamente ante los ojos del mundo, que quizá en el pasado era más proclive a reírles las gracias pero que últimamente, desde el largísimo y lamentable episodio de Iraq-Afganistán, no está para demasiadas barras y estrellas…

Precisamente sobre la ya citada carrera espacial es de lo que va nuestro Clásico del s. XX de hoy: Elegidos para la gloria. Una película que, como documento ilustrativo sobre los primeros años de la Agencia Espacial Norteamericana (NASA), es verdaderamente impagable: así, la primera parte del film es un reconocimiento a los pilotos de pruebas, aquéllos que a finales de los cincuenta y primeros de los sesenta se jugaban el pellejo llevando a sus pájaros mecánicos a límites entonces más allá de lo imaginable, rompiendo la barrera del sonido y estableciendo insólitas marcas de altitud y velocidad, y cómo luego, de manera incomprensible, no se les tuvo ni siquiera en cuenta para entrar en el nuevo y ambicioso programa de conquista del espacio impulsado por la administración Kennedy con un claro objetivo político –ganar a los soviéticos sí o sí- casi más que científico.

Philip Kaufman capea este proyecto como buenamente puede, con oficio y mano diestra, y aún sabedor de que lo que tiene entre manos no es ni más ni menos que un panfleto propagandístico de primer orden –la película se estrenaría en 1983, en plena Guerra Fría y con Ronald Reagan ocupando la Casa Blanca- , al menos es capaz de imprimirle una pátina de verosimilitud y humanidad tanto a la historia como a los personajes, haciéndonos sentir verdadera empatía por estos héroes americanos de la noche a la mañana –alzados al olimpo USA incluso cuando aún no habían hecho nada más que superar unas pruebas físicas y psicológicas de selección; mientras, eran los soviéticos los que lanzaban el primer satélite, ponían al primer hombre en órbita, etc.- gracias también a la magnífica labor de un impagable ramillete de intérpretes masculinos, algunos ya reputados, otros que empezaban a despuntar por aquél entonces: Ed Harris, Dennis Quaid, Sam Shepard, Scott Glenn, Jeff Goldblum, Fred Ward, Lance Henriksen

Dejando a un lado su tufillo pro-yanqui y un metraje quizá excesivo -¡193 minutos!- , y tomándolo casi más como un documental que como una ficción dramatizada, Elegidos para la gloria, además de ser un clarísimo antecedente de Apolo 13 (Ron Howard, 1995), tiene un cierto encanto –ese proceso de selección de candidatos da lugar a algunas escenas de lo más cómicas, y es ciertamente ilustrativo cómo los astronautas hicieron piña para anteponer su seguridad y la privacidad de sus familias ante ciertas exigencias intolerables de sus superiores- y un valor testimonial innegable para descubrir, al menos una parte, de los orígenes de la carrera espacial.

Recomendado para aficionados a la astronáutica.

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