El resplandor

El hotel de los fantasmas.

¿Es una genialidad o una absoluta idiotez? Sí, hoy empiezo así de explícito y extremo, pero es lo que ocurre con una película –y con gran parte de la filmografía de su director- como El resplandor. Para muchos, es una soberbia e indiscutible obra de terror psicológico y claustrofóbico; para otros tantos, la demostración más evidente de que ni Stanley Kubrick era el cineasta más indicado para dirigirla –de hecho, el propio Stephen King ha declarado públicamente en más de una ocasión que, de todas sus novelas llevadas a la gran pantalla, ésta es “la única que no puedo ni ver” (sic)- ni en absoluto era fácil adaptar la novela homónima del autor de Carrie.

Pero vayamos por partes. Finales de los años setenta del pasado siglo: tras encadenar dos batacazos de taquilla consecutivos –La naranja mecánica (1971) fue prohibida en varios países por su extrema violencia, y Barry Lyndon (1975) fue recibida con más bostezos que aplausos, aunque ambas obras son hoy consideradas de culto- , algo que, por otra parte, a Kubrick nunca le preocupó en toda su carrera, el cineasta afincado en Inglaterra puso sus ojos en la ya mencionada novela de King, firmante de muchos relatos literarios de éxito que, a lo largo de los años, han sido llevados al celuloide con desigual fortuna –entre otras: Carrie (Brian De Palma, 1972; Kimberly Peirce, 2013), La zona muerta (David Cronenbergh, 1983), Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1986), Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994), La milla verde (Frank Darabont, 1999), El cazador de sueños (Lawrence Kasdan, 2003), La niebla (Frank Darabont, 2007)- . El resplandor le ofrecía todo un abanico de posibilidades, desde narrativas –explorar un género inédito para él- como técnicas; y es que, quizá lo más recordado en este aspecto sea la utilización, por vez primera en una producción cinematográfica, de la hoy famosa steady-cam, y de hecho todo el aspecto visual de la película se basa en las posibilidades que este novedoso artefacto podía ofrecer. De tamaña conjunción de talentos extremos podría dar como resultado una fulgurante pieza cinematográfica o una de las más grandes decepciones que haya podido dar el Séptimo Arte. Al final, como hemos dicho, el resultado fue, como poco, controvertido, y hoy se cuentan en igual número sus seguidores y sus detractores.

resplandor1Vaya por delante que sí, que el guión firmado a cuatro manos por Kubrick y Diane Johnson apenas mantiene lo más elemental del original literario: el fantasmagórico hotel Overlook, los fantasmas que lo habitan y la familia Torrance aislada en su interior. Y como suele ocurrir en el cine de Kubrick –véase por ejemplo 2001. Una odisea del espacio (1968)– son más las preguntas que las respuestas las que deja la cinta: ¿es el hotel el que está maldito o es la claustrofobia la que saca a la luz la maldad intrínseca del personaje de Jack Nicholson? ¿Qué le hace volverse agresivo con su familia? ¿Por qué Halloran (Scatman Crothers) deja a la familia Torrance a su suerte si tan seguro está de la maldición del edificio? Y sobre todo, ¿qué indica esa inquietante fotografía de finales de los años veinte que se ve en la (soberbia) última escena de la película? Para ser justos, estaría bien poder echarle un vistazo a un montaje original de la película, de 143 minutos de duración, distribuido únicamente por Warner en formato DVD en Estados Unidos. Pero aquí, obviamente, debemos por el momento ceñirnos a la única vista en Europa…

Otro punto de caldeado debate ha sido siempre el trabajo de los actores, generalmente muy criticado. Vale, puede que Nicholson esté incluso más desatado de a lo que nos tiene acostumbrados; quizá no moleste tanto esto como el hecho de que su rol, ciertamente, carece de evolución clara durante el metraje –de ser un novelista frustrado y aburrido pasa a ser, como quien dice en la siguiente escena, un tipejo de lo más inquietante- . Por otro lado, Shelley Duvall, la sufrida esposa del escritor, pasó por un auténtico calvario durante y después del rodaje –está más que demostrado que Kubrick la menospreciaba pública y constantemente, con el fin de conseguir una interpretación más veraz- , y las críticas que se vertieron sobre su trabajo las encuentro como poco excesivas; la protagonista de Tres mujeres (Robert Altman, 1977) nunca ha destacado excesivamente como actriz, pero pocas como ella han logrado plasmar el terror en sus ojos en escenas tan inquietantes como la del cuarto de baño o en cada espectral encuentro por los pasillos y rellanos del edificio… curiosamente, si alguien supo aunar talento, temple y naturalidad fue el pequeño Danny Lloyd, que con tan sólo cinco años aunó y cosechó más aplausos que sus veteranos compañeros de casting…

Este artículo estaría incompleto, en el caso de España, si no dedicáramos un punto y aparte al doblaje. Kubrick, tan metódico y perfeccionista en todo –como muestra, véase las cientos de páginas de texto redactadas por el personaje de Jack Torrance; hizo que una secretaria de producción las mecanografiara una por una, hasta quinientas, en cada uno de los diferentes idiomas a los que se iba a doblar la película- , fichó al cineasta Carlos Saura para que buscara y dirigiera a los actores que pondrían la voz a los personajes en la versión hispanoparlante. El resultado: Joaquín Hinojosa y Verónica Forqué doblaron a Nicholson y Duvall, respectivamente, y la película no es que baje puntos: es que se queda prácticamente a bajo cero. Mira que yo soy defensor acérrimo de la V.O.; bueno, pues aquí, con más razón. Comparen y verán.

resplandor2Debo confesar que a mí, personalmente, El resplandor me engancha. Me atrapa desde el primer al último fotograma. Habrá cintas en su género que serán más brillantes en casi todos los aspectos: interpretación, ambientación, fotografía, ritmo, guión, música, etcétera. Pero desde que arranca la película, con esas hipnóticas tomas aéreas siguiendo al Volkswagen Escarabajo amarillo de Torrance –y que, por cierto, no sé por qué algunos se empeñan en atribuirlas a descartes del epílogo de Blade Runner… cuando el film de Ridley Scott no se estrenaría, en su primera versión comercial, hasta dos años después- , Kubrick consigue transmitirme inquietud, tensión, miedo y terror en su forma más primigenia, más elemental… al fin y al cabo, ¿qué puede haber más aterrador que encontrarte aislado en medio de la nada atrapado con la persona que, en teoría, debería amarte y defenderte por encima de todo… cuando ésta sólo quiere descuartizarte con un hacha? Y momentos como la sutil aparición de las gemelas en el cuarto de juegos, el pequeño Danny circulando con su triciclo por los interminables pasillos o la conversación de Jack con el camarero en el lavabo son sólo tres perlas, tres ejemplos de algunos de las más brillantes secuencias inmersas en un conjunto quizá irregular, pero a mi juicio sobresaliente.

Recomendado para cinéfilos inquietos.

P.D.: Recomiendo fervientemente –eso sí, después de haber visto la película- echar un vistazo al mediometraje Cómo se hizo ‘El resplandor’, firmado por Vivian Kubrick, hija del cineasta; todo un documento fidedigno que no esconde las manías y obsesiones de su padre durante el rodaje de esta ya mítica película. Y, cómo no podía ser de otro modo, la particular e impagable versión made in Los Simpson

4 Replies to “El resplandor”

  1. En realidad fue al revés: Para las escenas del final de Blade Runner (del montaje que se estrenó en cines) usaron descartes que se habían rodado para “El Resplandor”.
    En cualquier caso, una gran película.

  2. ” momentos como la sutil aparición de las gemelas en el cuarto de juegos, el pequeño Danny circulando con su triciclo por los interminables pasillos o la conversación de Jack con el camarero en el lavabo son sólo dos perlas, dos ejemplos,”

    o como diria Homer Simpson: “en este mundo hay tres clases de personas: las que saben contar y las que no” jajajaja

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