Tras el corazón verde

Danielle Steel vs. Indiana Jones

Ya lo habré comentado en alguna otra ocasión, también en este mismo blog: como todo en Hollywood, si algo tiene éxito no tardan en salirle imitadores por doquier. A veces, con algo de estilo o ingenio; a veces, como simples y burdas copias sin gracia y muy por debajo del original al que se quiere igualar. En el caso de Indiana Jones, el icónico e inolvidable héroe dado a conocer en la magistral En busca del Arca Perdida (Steven Spielberg, 1981), no fueron pocos los primos putativos que le surgieron tanto en producciones baratas de Serie B como en otras propuestas apoyadas firmemente por importantes majors de la Meca del Cine, y así, durante buena parte de la década de los ochenta del pasado siglo, surgieron con dispar fortuna exóticos aventureros con los rasgos de, entre otros, Tom Selleck –a punto estuvo de encarnar al Indy original y se quedó en el sucedáneo Patrick O’Malley de La gran ruta hacia China (Brian G. Hutton, 1983)- , Richard Chamberlain –Las minas del rey Salomón (J. Lee Thompson, 1985); Allan Quatermain y la ciudad perdida del oro (Gary Nelson, 1986)- , o Chuck Norris (¡!) –El templo del oro (J. Lee Thompson, 1986)- .

Mejor poso nos dejó el Jack Colton/Michael Douglas de Tras el corazón verde (1983), en el tercer film dirigido por un entonces desconocido y prometedor Robert Zemeckis: malhumorado, macarra, pesetero y egocéntrico, este veleta sin patrón y sin causa –pero con irresistible magnetismo- decide ayudar a una torpe dama extraviada por la selva colombiana no por caballerosidad, sino por su cuenta corriente, y poco le importan los cárteles, las mafias y que la hermana de la joven haya sido secuestrada. Por cierto, no lo he dicho, que la chica en cuestión es Joan Wilder (Kathleen Turner), famosa escritora de novela rosa que, como en una de sus fantasías literarias, se verá envuelta en tiroteos, persecuciones, extorsiones y romances que le harán dejar de ser un atolondrado patito feo para convertirse en hermosa y altiva heroína.

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Douglas y Turner, aventuras colombianas…

Si Tras el corazón verde se ha convertido en un pequeño clásico del siglo XX no ha sido ni por la originalidad –como digo, huele a descartado guion indianajonesco escrito por una Danielle Steel o una Corín Tellado de turno- ni por la nula imprevisibilidad de su propuesta –la divertida guerra de sexos y el meloso happy end están más que cantados desde la primera escena que comparten ambos protagonistas- , sino por saber explotar los buenos recursos con los que se contaba: escenario exótico, personajes carismáticos –ahí están ese impagable secuaz encarnado por Danny DeVito o ese mafioso local con el rostro del actor y cineasta Alfonso Arau– , desprejuiciado sentido del humor, macguffin fácilmente identificable -y codiciable- y buen tino a la hora de filmar y montar las persecuciones y demás escenas de acción. Una propuesta divertida, vibrante y digna de un género que muy pocos supieron cultivar con estilo en aquella época, y que dio pie, dos años después, a La joya del Nilo (Lewis Teague, 1985), secuela infinitamente más floja y olvidable que llevaría al trío protagonista a tierras egipcias.

Recomendado para aventureros de chiruca, cantimplora y novela de bolsillo.

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