Días contados

Amarga resaca de la ‘movida’.

Antes de nada, un apunte personal: Días contados es una película a la que tengo, y siempre tendré, un cariño especial, pues fue el primer film español que ví en una sala de cine. Esto no quiere decir que, hasta entonces, desconociera el cine que se hacía en nuestro país –ya fuesen clásicos emitidos por televisión o producciones más o menos contemporáneas que caían en mis manos en formato doméstico, los nombres de Almodóvar, Saura, Trueba, Aranda, Forqué, Berlanga, etc. ya me eran como poco familiares- , pero esta cinta dirigida por Imanol Uribe fue la primera por la que pasé por taquilla…

Cuando la vi entonces, me impresionó por su crudeza, su realismo y la amargura que desprendía por los cuatro costados. Hoy, casi treinta años después de su estreno, debo añadirle ciertas dosis de extraña nostalgia, pues, con el paso del tiempo, se ha convertido -¿quizá, sin pretenderlo?- en un cruento retrato hiperrealista de una sociedad y unos personajes abocados a la extinción, sin futuro ni salvación posible, en el ocaso del ya entonces vetusto siglo XX. El futuro, tal y como nos lo había pintado el Hollywood más optimista, era limpio, aséptico y puro, donde no tendrían cabida ni la pobreza, ni la marginalidad ni las injusticias. Yonquis, prostitutas, corruptos, chulos y terroristas no serían sino anacrónicos reductos que, como los dinosaurios, terminarían desapareciendo con la llegada del nuevo y prometedor milenio.

diascontadosUribe y su equipo –excelente labor de Javier Aguirresarobe en la fotografía y Félix Murcia en la ambientación- supieron plasmar y transmitir esa atmósfera plomiza, opresiva y decadente, y en medio de esa especie resaca post-movida madrileña que se respira en el ambiente, los personajes se arrastran en zig-zag, sin rumbo fijo. Los hay que rompen a llorar al no ver el horizonte, caso de Charo (Ruth Gabriel); los hay que huyen hacia delante arrasando con cuanto encuentran a su paso, caso del etarra que interpreta Carmelo Gómez. Pero a todos les une el anhelo de querer sobrevivir y de ser amados.

Quizá Días contados no cuente con un guión sobresaliente –aunque sí eficaz, inspirado libremente en la novela homónima de Juan Madrid– , pero la sobria puesta en escena de su director y su fehaciente retrato de un microcosmos agonizante cubren con creces sus posibles carencias narrativas. A destacar también la nueva hornada de actores y actrices que se dieron a conocer con la oportunidad que les brindó esta película: ya hemos hablado de Ruth Gabriel, pero ahí están los debutantes Candela Peña, Pepón Nieto, Elvira Mínguez, Joseba Apaolaza, Pedro Casablanc o Mariola Fuentes, y otros, caso de  Javier Bardem, no eran unos recién llegados, pero pudieron demostrar con creces su talento y lanzar una carrera hoy ya indiscutible.

Recomendado para degustadores de intensos thrillers.

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