Jurassic Park (Parque Jurásico)

Cuando los dinosaurios dominaron la Tierra.

El verano cinematográfico del 93 fue de los más agitados, y a la vez, de los más fascinantes que recuerdo. La insólita huelga de actores de doblaje en nuestro país a punto estuvo de echar por tierra algunos de los estrenos que más expectativas habían creado: El fugitivo (Andrew Davis, 1993), El último gran héroe (John McTiernan, 1993), Máximo riesgo (Renny Harlin, 1993) o En la línea de fuego (Wolfgang Petersen, 1993) pudieron haberse visto afectadas ante las insólitas voces de los Harrison Ford, Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone o Clint Eastwood de turno, pero lo cierto y verdad es que estas cintas aguantaron más que bien la taquilla estival. Y si había una película en la que poco importaban los doblajes, e incluso los propios actores, era Jurassic Park (Parque Jurásico), la nueva obra firmada por el Rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg, que nos prometía fuertes emociones y aventuras sin igual devolviendo a la vida, ante nuestros atónitos ojos, a los dinosaurios más reales que el celuloide jamás habría creado.

Rebobinemos un par de años atrás: tras el relativo fiasco que supuso Hook (El capitán Garfio) (1991), Spielberg y el director y novelista Michael Crichton –autor de las novelas La amenaza de Andrómeda, El hombre terminal, Congo o Esfera, entre otras muchas, y firmante los films Almas de metal (1973), Coma (1978), El gran robo del tren (1979), Locker (1981), Runaway: Brigada especial (1984) y Contra toda ley (1989)- mantuvieron un encuentro en el que el segundo quería proponerle al cineasta una idea para un film que ilustrase veinticuatro horas en un servicio de emergencias de un hospital de Chicago. Sin embargo, a Spielberg le llamaba más la atención otro de los proyectos que Crichton guardaba celosamente en su oficina: un ambicioso manuscrito sobre un excéntrico millonario que financiaba a un grupo de científicos para que consiguiera reproducir, con asombrosas y modernas técnicas de clonación, a los gigantescos saurios que poblaron la Tierra hace sesenta y cinco millones de años, y crear así un exclusivo parque zoológico en una isla en Centroamérica. Crichton y Spielberg sellaron un fructífero acuerdo: la primera idea se convertiría en  serie de televisión -la espléndida Urgencias, a la postre una de las más longevas de la historia (1994-2009)- y la segunda sería el nuevo blockbuster del director de E.T. (1982), a estrenarse después de la publicación del libro. Spielberg, confeso apasionado de los dinosaurios, intuía que este proyecto era un potencial bombazo comercial que le ayudaría a financiar su siguiente proyecto, la mucho más personal y reflexiva –y a la postre, magistral- La lista de Schindler (1993).

jp_t-rexEl 24 de agosto de 1992 comenzaría la fotografía principal en la isla hawaiana de Kaua’i, con libreto de David Koepp y con un reparto formado por nombres poco conocidos entonces para el gran público –Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum, Richard Attenborough, Samuel L. Jackson, Bob Peck, Wayne Knight y los niños Joseph Mazzello y Ariana Richards– : estaba claro que las grandes estrellas debían ser y serían las gigantescas criaturas que cobrarían vida por obra y gracia de una casi recién nacida tecnología CGI de la mano de ese mago genial que tan prematuramente nos dejó, Stan Winston. Tras tres semanas en las que el equipo debió vérselas incluso con el huracán Iniki, que afectó a parte de los decorados, se completó la filmación en los estudios Universal de Hollywood antes de dar paso a una complejísima fase de postproducción. Habituales colaboradores de Spielberg como el montador Michael Kamen o el compositor John Williams no faltaron a esta cita.

Por fin, y ante una expectación máxima, el 9 de junio de 1993 tuvo lugar la premiere en Washington D.C., y dos días después se estrenaría en salas de todo el país –a España no llegaría hasta septiembre de ese mismo año- . Desde el primer momento, críticos y espectadores estuvieron divididos entre sí: hubo quienes vapulearon duramente el film por ser demasiado blando, obviando los aspectos más turbios y metacientíficos del relato original de Crichton –en la película se pasaba de puntillas por temas tan fundamentales en la novela como la ambición empresarial o la evolución de las especies, por ejemplo- y limitándose a ser un mero y fácil entretenimiento de rápido consumo con monstruos que se comen personas (sic); pero también hubo un muy importante sector que defendió la cinta como un impresionante y espectacular relato de aventuras de primer orden, repleta de excelentes secuencias espléndidamente filmadas y unos alucinantes efectos especiales perfectamente integrados en la acción. Parque Jurásico batió todos los récords de taquilla conocidos hasta entonces en todos los rincones del planeta, rodeado además de una brutal campaña de marketing que casi dejó en mera anécdota el merchandising de la saga de La Guerra de las Galaxias, apenas una década atrás.

jp_velocCierto es que la película no explota todo el potencial dramático del que parte su planteamiento –y quien haya leído previamente la obra literaria original puede tener sobradas razones para sentirse bastante decepcionado- , también es verdad que los personajes humanos apenas poseen el carisma suficiente para ser algo más que meras comparsas al servicio de tan fieras criaturas –al contrario de lo que sucedía con Tiburón (Steven Spielberg, 1975), donde los protagonistas eran tanto o más importantes que el escualo del título- y que el guión, muy irregular, lo mismo le falta -apenas se pasa de puntillas por el conflicto entre ética y ciencia acerca de la clonación de especies extintas- que le sobran cosas -ese momento teletienda jurásica– ; pero bien es cierto que, si uno asiste con la mente abierta, Parque Jurásico es un producto audiovisual de primera magnitud donde el instinto primario de supervivencia está por encima de cualquier otra consideración, y momentos como el ataque del T-Rex a los 4×4, la aparición del temible dilofosaurio o la inquietante secuencia de los velocirraptores en la cocina del complejo de visitantes son motivos más que suficientes para disfrutar de un espléndido clásico que, a pesar de haber dado origen a una serie como poco irregular, no ha envejecido ni un ápice con el paso de los años.

Recomendado para cinéfilos con espíritu aventurero.

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