Rocky: 1976-2006

¿Quién no conoce o ha oído hablar del mítico Rocky? ¿Quién no ha subido unas escaleras de tres en tres mientras en su cabeza resonaba la mítica Gonna fly now de Bill Conti? ¿Quién no ha curvado alguna vez los labios llamando a Adrian o diciéndose a sí mismo “no hay dolor”?
Por increíble o raro que pueda parecer, un servidor, a sus treinta y pocos años, aún siendo fiel admirador de la primera película datada allá por mediados de los años setenta, aún no se había sentado a ver, descubrir, ¿sufrir? la multitud de secuelas del ficticio boxeador de Filadelfia, creado y encarnado por el sin par Sylvester Stallone (Nueva York, 1946). Pero en las últimas semanas me he puesto las pilas y reconozco que, prejuicios aparte, he podido hallar más de una virtud en esta saga cinematográfica y que ahora quiero compartir aquí. [¡ojo, contiene spoilers!].

ROCKY (John G. Avildsen, 1976)

Con un guión del propio Stallone y poco más de un millón de dólares de presupuesto, Rocky fue una de las más grandes y gratas sorpresas del verano del 76. Y es que esta película, desde su sencillez, lo tenía todo para triunfar: una historia humana de superación personal, personajes creíbles y honestos, héroes urbanos –es fácil reconocerse en el protagonista- y el deporte como metáfora existencial –“no importa los golpes que te dé la vida; lo importante es levantarse y afrontarlos hasta superarlos”– . El combate final entre Apollo (Carl Weathers) y Rocky es colosal, la música inolvidable y la película tiene otros tantos momentos que han quedado grabados en el subconsciente colectivo. Ganó tres oscar –incluido Mejor Película- de los diez a los que estuvo nominada. Antológica e inolvidable.

ROCKY II (Sylvester Stallone, 1979)

Dos señas de identidad de la saga Rocky nacerían en esta primera secuela. Por un lado, y tras un breve prólogo con imágenes del final de la anterior, la historia arranca apenas unos minutos después de donde acababa la predecesora. Por otro, Sly pasaría no sólo a escribir y protagonizar, sino también a dirigir gran número de entregas. Rocky II es bastante predecible en su resolución –era evidente que el público quería ver ganar a Balboa en el cuadrilátero, y no sólo moralmente- , pero sorprende gratamente el aire melancólico y triste que el actor/director supo darle a la primera mitad del metraje, con un Rocky que se debate entre lo que le pide el corazón –la humilde retirada- y las tripas –volver al ring- . Finalmente, se enfundará los guantes y se convertirá en el campeón de campeones que todos anhelaban ver. En resumidas cuentas: no es tan especial como la primigenia, pero es una secuela más que digna y de lo más entretenida.

ROCKY III (Sylvester Stallone, 1982)

El público quería más. Y tuvo más… de lo mismo. Si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Así que de nuevo Rocky piensa en retirarse, pasa un tiempo descarriado y, finalmente, vuelve a la lona para hacer callar a los que decían que estaba acabado. Esta tercera entrega, aunque entretenidilla, sería fácilmente olvidable si no fuera porque entre los rivales encontramos a un enaltecido Hulk Hogan –quien alcanzó su máxima popularidad como luchador de pressing catch a finales de los ochenta y principios de los noventa– y a un pasadísimo Mr. T antes de convertirse en el inolvidable M.A. Barracus del televisivo Equipo A… para la posteridad, el inolvidable Eye of tiger de Survivor.

ROCKY IV (Sylvester Stallone, 1985)

A mi juicio, la peor de todas. No sólo porque el guión calca la estructura de la segunda y tercera entregas, sino porque Sly convierte a Rocky en todo un símbolo propagandístico norteamericano en plena Guerra Fría. Vamos, como si los conflictos bélicos entre dos grandes superpotencias nucleares lo pudieran derimir dos tíos a puñetazos. Increíble –por inverosímil- desde su concepción hasta su planteamiento y resolución –Rocky no sólo vence al soviético Iván Drago en su propio terreno, sino que encima todo el público ruso asistente termina coreando su nombre- . El alegato pacifista final es de traca, pero eso sí, barrió en los USA: es la cinta más taquillera de toda la saga. Cosas que pasan.

ROCKY V (John G. Avildsen, 1990)

Tras arrasar en los razzies del 86 con el cuarto episodio, Sly quiso redimirse dando un final más que digno a su creación más memorable –recordemos que Rambo, además de ser una figura como poco discutible, no es creación suya- . Para ello, decidió ceder las riendas de la dirección a John G. Avildsen, firmante de la primera entrega, en busca de un reconocimiento que la cinta no obtendría: ni a la crítica le convenció la supuesta madurez de su protagonista –ya definitivamente retirado y ahora mentor de una joven promesa del boxeo- ni a los más fanáticos les gustó ver a un Rocky visiblemente más envejecido que no se enfundaba los guantes en ni un solo momento de la cinta. Totalmente olvidable, si no fuese por recorrido fotográfico por los cinco largometrajes que componían los créditos finales.

ROCKY BALBOA (Sylvester Stallone, 2006)

Stallone quería darle una verdadera despedida a lo grande a Rocky –sobre todo tras el fiasco de la quinta entrega- , y para ello esperó más de tres lustros para, coincidiendo con el treinta aniversario del estreno de la inmortal primera cinta, escribir y dirigir este epílogo de uno de los mitos más reconocibles del celuloide de todos los tiempos. Rocky Balboa, sin ser ejemplar, recupera las mejores sensaciones de Rocky II: es un recorrido melancólico por los personajes y, sobre todo, los escenarios originales de la primera película, pero también es un homenaje al reconocimiento de los méritos personales y humanos de los que ataño eran nuestro héroes y ahora los dejamos de lado por ser demasiado viejos. Quizá resulte algo inverosímil ver a un Sly sesentón en calzones dándose de leches contra un profesional treinta años menor que él, pero hay que reconocer que el film es un perfecto epílogo que nos despide con afecto y admiración a quien fue héroe del celuloide de al menos tres generaciones de cinéfilos. Como curiosidad, es la única que no arranca con escenas finales de la anterior, en la que no sale Talia Shire y que transcurrieron más años entre la quinta y la sexta que entre la primera y la quinta.

Como en otras grandes sagas cinematográficas, gran parte del éxito que han tenido estas películas han sido gracias a sus personajes, más o menos verosímiles pero desde luego inolvidables. Aquí dejo una pequeña reseña de los que, a mi juicio, han sido los más destacables:

Rocky Balboa.- Protagonista absoluto y uno de los dos míticos héroes del celuloide encarnados por Stallone –el otro, ya lo hemos apuntado, fue John Rambo- . Encarna la virtud, la nobleza y la honestidad de quien se crió en un barrio de mala muerte y, más allá de la fama o fortuna, lo único que buscaba era su propio respeto. Su nombre es sinónimo de sueño americano y es algo más que un icono para la ciudad de Filadelfia, que adoptó la gigantesca escultura que aparecía en Rocky III y que hoy día puede verse al pie de las escaleras que conducen al Museo de Arte de la ciudad, un escenario convenientemente rebautizado como… Rocky Steps.

Paulie.- Es el único que aparece en todas y cada una de las películas de Rocky. Personaje antipático, rancio y cansino –de ahí viene la expresión “eres más pesao que el cuñado de Rocky” – pero de buen corazón. Burt Young nunca pudo deshacerse de este rol, pero siempre se mostrará agradecido a Stallone por hacerle formar parte de su mitología.

Adrian.- Sufrida hermana de Paulie, tímida e introvertida, y abnegada esposa del héroe, su personaje vive una auténtica metamorfosis no sólo física sino psicológica durante el metraje del primer Rocky y también durante toda la serie. Inolvidable Talia Shire, su personaje desapareció tras la quinta entrega, víctima de un cáncer –ojo, su personaje; ella sigue vivita y coleando- .

Apollo Creed.- El primer rival de Rocky, el campeón de los pesos pesados que le elige al azar entre todos los posibles don nadie del mundo del boxeo y que, tras una rivalidad de varios años, se convertirá en su mentor y en uno de sus mejores amigos. Carl Weathers se inspiró en la arrogancia y carisma de Muhammad Alí para crear a su personaje, que fallecía en la cuarta entrega sobre el cuadrilátero frente al impasible Iván Drago.

Mickey.- El veterano Burgess Meredith interpretó a uno de los personajes que con más cariño recuerdan los fans, el del viejo entrenador cascarrabias que acoge bajo su manto al descarriado Rocky. Aunque fallece durante la tercera entrega –Meredith lo hizo en 1996- , su espíritu está muy presente en los seis largometrajes, sobre todo en el último.

Robert Jr.- El hijo del campeón nace, no sin complicaciones, en la segunda entrega, pero tiene un papel muy relevante en las dos últimas películas, sobre todo por conflictos y choques de personalidad con su progenitor. El propio hijo de Stallone, Sage, le encarnó en Rocky V, mientras que el televisivo Milo VentimigliaLas chicas Gilmore, Héroes– lo hizo en Rocky Balboa.

Clubber Lang.- Tras Apollo, este luchador afroamericano será quien haga volver al púgil a la competición pura y dura en Rocky III. ¿Demasiadas líneas de diálogo para un pasadísimo Mr. T?

Iván Drago.- En plena Guerra Fría, Rocky debía encarnar la pasión, el corazón y la humanización del guerrero americano, mientras que su oponente soviético sería poco menos que un terminator. Con todavía menos diálogo que Mr. T en la tercera, un impasible Dolph Lungren mata a golpes al propio Apollo antes de retarse con el canijo de Stallone sobre el cuadrilátero. En una producción hollywoodiense, ¿quién creen que ganará…?

Tommy Gunn.- Joven boxeador con aptitudes y potencial físico, un diamante en bruto al que Rocky acoge en su regazo –y en su casa- antes de que el chaval, tentado por un mundo de fama y dinero, le dé la espalda… al final, resolverán sus diferencias como debe ser entre maestro y alumno: a guantazo limpio. El aspirante a boxeador en la vida real Tommy Morrison –cuyo tío-abuelo fue nada menos que John Wayne- se hizo con un papel que ni le dio fama en la gran pantalla ni terminó de catapultar su carrera deportiva.

Rocky no es ni la mejor, ni la más longeva ni la más brillante de cuantas sagas cinematográficas nos ha dado Hollywood. Pero es evidente que estas películas, y su protagonista, son hoy por hoy iconos culturales innegables, y su legado no sólo ha perdurado durante los últimos treinta años, sino que, salvo altibajos y el sonrojante caso de Rocky IV, han conseguido no quedarse anticuadas. Todo un mérito para estos tiempos confusos, rápidos y digitales que vivimos hoy en día.

Y es que los viejos rockeros… nunca mueren.

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6 Replies to “Rocky: 1976-2006”

  1. Te reto a hacer un post tan detallado de todas y cada una de las películas de James Bond. XD

  2. Me gustó la redención q recibe la saga en tus comentarios, al igual que vos pienso que es una saga muy buena que solo es aguantada por los verdaderos fanaticos que la siguen… es decir… no podes ver Rocky V o VI sino viste las cuatro primeras que son las que verdaderamente forman el pilar de la (por ahora) sextologia…
    Tengo que corregir una cosa, a pesar de ser cierto lo de repetir formula (en la tres y la cuatro) es cierto que el encare del personaje es distinto… en la tres no piensa en su retiro, supuestamente está en lo mas alto de su carrera hasta que descubre como Micky lo protegia de las verdaderas peleas, de ahi nace el MIEDO que finalmente le confiesa a su mujer en pleno entrenamiento con Apollo. La muerte de Micky también es un elemento clave de la III. La vi hace poco y me dió la sensacion que es un graaaan video clip, desde que empieza hasta que termina. El uso de la frase “ojo de tigre” tambien me molesta bastante…por demás innecesario.
    La cuatro está retirado y vuelve por venganza. Como decis, es vergonzoso la lectura que hace y el resultado… pero deja escenas clasicas como el entrenamiento en la nieve y el ascenso ¿? a la montaña…ya está, le perdonamos todo. La peli no funcionario sino es por la muerte de Apollo, otro facto clave de la cuarta.
    La sexta la vi.. me parece que está mal contada… entendi (al final y haciendo un esfuerzo) que toda su rememoranza al pasado y el tema de ir año tras año a la sepultura de su mujer, hace que, ante la comparacion computarizada de el contra el nuevo campeón, surja la bestia interior pidiendole pelea… que (oh casualidad) coincide con el ofrecimiento de pelear en Las Vegas… poco convincente y muy rebuscado… estamos en el nuevo milienio ¿hace falta que vista con el sombrerito y la chaqueta de cuero? ¿que entrene con los mismos joguins y con zapatillas CONVERS? Si yo a mis 35 salgo a correr con ese tipo de zapatillas (que aca le decimos “Zapatillas de LONA”) me rompo las rodillas y no sirvo ni para andar en bicicleta… creo que el simbolismo se puede mantener sin recurrir a las imagenes de siempre… pero bueno, pertenece a la saga y se la aguanta por eso…como pasa con la numero cinco.
    Nada, queria aportar mi punto de vista, espero que te haya gustado. Saludos desde Argentina!

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