Del octavo pasajero a la resurrección imposible

Pasado ya algún tiempo desde el estreno de Prometheus, la no-secuela (directa) de la saga Alien, y una vez se han enfriado unos grados la controversia suscitada alrededor de la última obra de ciencia-ficción de Ridley Scott –las redes sociales y los foros en Internet han echado humo, literalmente, con multitud de críticas, análisis y comentarios furibundos tanto a favor como en contra de la cinta- , creo que es buen momento para hablar del “de dónde venimos”. Es decir: que si bien la odisea protagonizada por Noomi Rapace, Michael Fassbender y Charlize Theron, como bien digo, no es la antesala ni el origen de la saga de la criatura galáctica más aterradora de al menos el último medio siglo, comparte no pocos rasgos en su ADN con las películas que, consecutivamente, dirigieron el propio Scott (1979), James Cameron (1986), David Fincher (1992) y Jean-Pierre Jeunet (1997). ¿Qué os parece si les damos un buen repaso? Pero, ojo, ¡CONTIENE SPOILERS! Avisados quedáis…

ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO (Ridley Scott, 1979)

  • El origen: la nave Nostromo, los siete tripulantes, los diseños pesadillescos surgidos de la enfermiza mente de H. R. Giger, la fotografía tenebrista, el ambiente claustrofóbico, el elaborado montaje, la paranoia corporativa, las veladas connotaciones sexuales y, por supuesto, la aparición de la terrorífica criatura –en todas y cada una de sus formas: face-hugger o el parásito en la cara, el embrión que sale del pecho y el alien en su forma adulta, gigantesco, oscuro y babeante- , dieron como resultado uno de los más grandes clásicos del cine de terror y de género de toda la Historia del Séptimo Arte. Y eso que al principio, nadie daba un duro en Hollywood por el guión redactado a cuatro manos por los imberbes Dan O’Bannon y Ronald Shusett –luego retocado, no sin cierta polémica, por los productores Gordon Carroll, David Giler y Walter Hill– ; menos mal que ahí estaba en la Fox un Alan Ladd jr. que acababa de dar todo un pelotazo con La Guerra de las Galaxias (George Lucas, 1977) y vio que ese libreto podría ser “algo más que una película de Serie B para Roger Corman”…
  • Tras la cámara: un Ridley Scott que también se las vio y se las deseó durante toda la producción, ya que si bien fueron los productores los que le reclamaron para llevar las riendas del film, lo cierto y verdad es que el hoy celebrado director de Blade Runner (1982) o Gladiator (2000), entre otras, era, por aquél entonces, casi un novato surgido del mundo de la publicidad con tan sólo un largometraje a sus espaldas –Los duelistas (1977)-  .
  • Carne de cañon: aunque, obviamente, el rey de la función era el alien del título –al que casi no vemos, pero intuímos- , hay que celebrar la magnífica labor de cásting de la cinta; siete actores en estado de gracia –Tom Skerritt, Yaphett Kotto, Veronica Cartwright, Ian Holm, John Hurt, Harry Dean-Stanton y, sobre todo, la novata Sigourney Weaver– interpretando a otros tantos personajes perfectamente definidos de un sólo brochazo que mantenían por todo lo alto la tensión y la credibilidad de la tragedia galáctica.
  • Para la posteridad: una obra maestra, perfecta, cuyo interés no decae un ápice durante todo el metraje y cuyas secuencias, todas y cada una, son memorables y recordadas. Se dice que, en su día, se vendió como Tiburón en el espacio” (sic), aunque también tiene elementos que recuerdan, y mejoran, películas como El enigma de otro mundo (Christian Nyby, 1951) o El terror del más allá (Edward L. Cahn, 1958), o novelas como el Diez negritos de Agatha Christie… aunque el propio Scott confiesa que se inspiró más en 2001. Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), La matanza de Texas (Tobe Hopper, 1974) y la ya citada aventura galáctica de Lucas. A destacar también el inolvidable y maravilloso score compuesto por el maestro Jerry Goldsmith.
  • La Edición Especial: en 2003, Scott estrenó en salas comerciales un ambiguo ‘montaje del director’, que si bien incluía una breve pero brutal escena –Ripley/Weaver descubre el nido de la criatura, donde agonizan dos de sus desaparecidos compañeros- , eliminaba otras bastante interesantes –Dallas/Skerrit consultando al ordenador central posibilidades de eliminar al alienígena- . Una curiosidad cinéfila, sin mayor trascendencia, que ni mejora ni empeora el original, pero que nos dio la oportunidad de volver a disfrutarla en pantalla grande.

ALIENS: EL REGRESO* (James Cameron, 1986)

  • La secuela: ¿segundas partes nunca fueron buenas? Películas como El Padrino, parte II (Francis Ford Coppola, 1974), El Imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980) o, más recientemente, El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008), confirman, junto con Aliens: El regreso, que hay más que honrosas excepciones a esta supuesta regla de oro de Hollywood. De la mano de Ripley/Weaver, el espectador regresará, como diría el coronel Kurtz de Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), al horror…
  • Tras la cámara: siete años terráqueos después –en la película descubriremos que han transcurrido cincuenta y siete- , la Fox decidió confiarle la continuación de Alien al tándem James Cameron-Gale Anne Hurd, él director y guionista, ella productora, que, además de ser pareja en la vida real, acababan de dar todo un pelotazo gracias a la baratísima pero muy exitosa Terminator (1984). Todo un acierto: el joven cineasta de origen canadiense hizo todo lo contrario a lo que se presuponía debía hacer –esto es: repetir, punto por punto, lo ya visto en la original- , hizo suyos los personajes y pergeñó una magnífica pieza, menos terrorífica pero repleta se suspense y tensión envueltos en un halo de gran película bélica y de acción, heredando de su antecesora su atmósfera opresiva y claustrofóbica, su trepidante ritmo narrativo in crescendo y, sobre todo, unos personajes con entidad propia que, más allá de su fachada militarista, lograban conectar y empatizar con el espectador.
  • Carne de cañón: Sigourney Weaver repetía de manera sobresaliente –fue nominada al Oscar por este trabajo- el que se ha convertido en su papel más reconocido. Junto a ella, el televisivo Paul Reiser –en un rol en las antípodas del popular Loco por ti– , la jovencísima Carrie Henn –es el que fue su único trabajo ante las cámaras- y unos marines fuertes y a la vez vulnerables con los rostros de Michael Biehn, Bill Paxton, Jenette Goldstein o William Hope, entre otros.
  • Para la posteridad: Cameron ahonda un poco más en el misterio de los aliens‘¿quién pone los huevos?’– , ampliando así, de manera muy eficaz, un poco más el universo original de la saga. Además, nos reconcilia con las personas artificiales gracias a la espléndida labor del androide Bishop/Lance Henriksen y nos confirma que los burócratas son las peores criaturas de la galaxia. James Horner relevó con nota a Goldsmith como autor de la banda sonora, uno de cuyos temas ha sido empleado posteriormente en mil y un tráilers de películas de acción.
  • La Edición Especial: si hay un director en Hollywood aficionado a los director’s cut, ese es sin duda James Cameron, ya que en 1992, pocos años después del estreno comercial de Aliens, lanzó en formato doméstico (VHS) una versión extendida con diecisiete minutos adicionales de metraje, en la que escenas curiosas pero anecdóticas –el fallecimiento de la anciana hija de Ripley, los robots-centinelas- se alternaban con secuencias fallidas que restaban suspense al relato –el descubrimiento, por parte de los colonos, de la nave alienígena estrellada- . Aquí si que no hay duda: mejor, la del 86.

ALIEN 3 (David Fincher, 1992)

  • El cierre: o eso nos creímos en su día, cuando los productores originales del primer Alien quisieron cerrar la serie con un episodio final cuyo mayor gancho sería la previsible muerte de la protagonista. El resultado: una película extraña, sin empaque, sin atractivo ninguno y, sobre todo, inesperadamente aburrida.
  • Tras la cámara: intentando repetir el éxito de las dos entregas anteriores, se le entregó las riendas -tras los abandonos, voluntarios o forzosos, de realizadores como Renny Harlin o Vincent Ward– a otro debutante, el estadounidense David Fincher, hoy reputadísimo y talentoso cineasta pero que por entonces no era sino un novato recién llegado del mundo publicitario y los videoclips. Algo turbio debió ocurrir durante la producción, ya que el director, desde siempre, ha renegado de su ópera prima y no quiere ni oír mentar a Alien 3. ¿Aires de divo o punto de cordura en un proyecto viciado desde el primer día?
  • Carne de cañon: además de la perenne Ripley, los reclusos pelaos de la refinería-penitenciaría Fiorina 161, entre los que encontramos a Charles Dance, Charles S. Dutton o Pete Postlethwaite, por destacar tres nombres que algo nos puedan sonar; pero ni éstos ni el resto de personajes tienen un mínimo de carisma.
  • Para la posteridad: por salvar algo, el lamentable destino de los supervivientes de la SulacoHicks y Newt, muertos; Bishop, destrozado; y Ripley, superviviente, llevando un alien en su interior- , el radical corte de pelo de Sigourney Weaver –muy comentado en su momento- , unos secundarios olvidables y prescindibles –sólo Dance hace un trabajo algo digno- y la muerte de nuestra heroína, una escena, esta sí, realizada con estilo, eficacia y melancolía.
  • La Edición Especial: si las versiones especiales de Alien y Aliens eran prácticamente curiosidades para fans y cinéfilos, la edición alternativa de este tercer episodio –disponible únicamente en formato doméstico desde 2003- presenta una película casi completamente distinta; no es sólo que haya secuencias adicionales –el rescate de Ripley al comienzo de la película, la captura del alien que posteriormente logrará escaparse- , es que algunas están filmadas y montadas de manera completamente diferente. Un ejemplo: en la edición del 92, el bicho nace tras haber infectado un perro; en la de 2003, el animal atacado es… ¡un buey!  Además, en esta edición especial cambian sustancialmente, pero a peor, la escena de la muerte de Ripley. Por no hablar de ciertos insertos digitales de la criatura, que cantan más que Julio Iglesias en una verbena de jubilados… ¿Qué versión es mejor? Para quien esto escribe –y sospecho que para el propio Fincher- , las dos son igual de lamentables.

ALIEN RESURRECCIÓN (Jean-Pierre Jeunet, 1997)

  • El epílogo: el concepto “exprimir la gallina de los huevos de oro” alcanzó nuevos límites cuando los chicos de Brandywine –Carroll, Giler y Hill- decidieron, a pesar de los nefastos resultados de crítica y público de Alien 3, avalar una cuarta -¿y definitiva?- entrega protagonizada por Ripley/Weaver, a pesar de que su personaje ¡fallecía! al final de la película anterior; y lo hacía partiendo de una premisa rebuscada, improbable e inverosímil. Un festival de sangre, monstruos y vísceras en las antípodas del buen gusto y el impecable estilo de Alien y Aliens.
  • Tras la cámara: el francés Jean-Pierre Jeunet, que ya había sorprendido al personal gracias a Delicatessen (1991) y La ciudad de los niños perdidos (1995), probaba suerte en Hollywood haciéndose cargo de esta empresa; todo un visionario llegado del Viejo Continente en busca del relanzamiento de una franquicia agónica.
  • Carne de cañón: acompañando a la resucitada Weaver, una Winona Ryder en horas bajas –aunque su personaje, eso sí, protagoniza un giro de lo más efectivo- , un Michael Wincott en su línea, un Gary Dourdan pre-C.S.I., un par de habituales en la filmografía de Jeunet –Dominique Pinon, Ron Perlman– y algunos secundarios descafeinados como Dan Hedaya o Brad Dourif.
  • Para la posteridad: pues, contra todo pronóstico, un planteamiento y desarrollo que resulta mucho más entretenido que en Alien 3. Lástima que se lo carguen con un deplorable tercer acto, rematado con la aparición de una vomitiva criatura, un aborto de Godzilla surgida de las tripas de un alien reina ¡mamífero! Ver para creer… y un final abierto que, de haber funcionado en taquilla –a Dios gracias, esto no ocurrió- , podría haber dado lugar a más secuelas…
  • La Edición Especial: en líneas generales, es idéntica a la que se estrenó en salas comerciales. Sólo dos sutiles diferencias al comienzo y al final de la cinta: en el prólogo, los créditos de inicio van sobreimpresionados en un currado plano-secuencia –que comienza con un pequeño insecto en la cabina y termina con un gran plano general del laboratorio espacial- ; y el epílogo se produce no en la nave, sino en tierra firme, con Weaver y Ryder filosofando mientras contemplamos, en todo su esplendor, un París arrasado y post-apocalíptico.

P.D.: la serie dio lugar también a un extraño spin-off que a la vez era un crossover con otra temible criatura espacial surgida en los ochenta: Alien vs. Predator (Paul W. S. Anderson, 2004) y su secuela, Aliens vs. Predator 2 (Colin & Greg Strause, 2007), un díptico olvidable y nada original, pues ambos bichos ya habían protagonizado juntos un videojuego en 1993…

* Especial eCartelera.com: 17 curiosidades que quizá no conocías sobre ‘Aliens: El regreso’.

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