Destino oculto

Cielo sobre N.Y.

Varios meses después de su efímero paso por la cartelera española, el formato doméstico nos permite disfrutar al fin de una de las propuestas más curiosas, atípicas y entretenidas del año.

Inspirado en Adjustment Bureau, una obra del célebre Philip K. Dick –para los que no lo conozcan, fue autor de los textos literarios que dieron pie a títulos como Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Desafío total (Paul Verhoeven, 1990) o Minority Report (Steven Spielberg, 2002), entre otros- , Destino oculto narra la historia de un joven aspirante a congresista –primer paso para un prometedor y más ambicioso futuro político, se entiende- que un buen día, y de manera casual, conoce a la mujer de sus sueños. Poco puede sospechar entonces que unas extrañas redes, muy por encima de nosotros, le impedirán replantearse su futuro y salirse de un destino aparentemente ya preestablecido…

Sobresale en este relato la capacidad de su director y guionista, el debutante George Nolfi -hasta ahora, guionista de Timeline (Richard Donner, 2003), Ocean’s Twelve (Steven Soderbergh, 2004), La sombra de la sospecha (Clark Johnson, 2006) y El ultimátum de Bourne (Paul Greengrass, 2007)- , de conjugar  la paranoia americana postcomunista, típica de la época en la que se publicó el texto original –la película, sin embargo, está ambientada en el Nueva York de hoy en día- , con la ciencia-ficción propia de este siglo XXI, esa que se cuestiona –y nos cuestiona- si el mundo en que vivimos es real o tan sólo una fantasía manejada por un ente superior a nosotros, ya sea humano, divino o informático. Aquí hay trazos sobre todo del segundo aspecto –los agentes no son sino representaciones grises y algo jotaedgarhoovers de unos ángeles algo más terrenales que celestiales; adivinen quién está detrás del simbólico cargo de director ejecutivo– , introduciendo así sutilmente algunos ingredientes pseudorreligiosos que hacen que le encontremos a la cinta más cercanía al Cielo sobre Berlín de Wenders –por favor, obviemos su pasteloso remake americano- que a los Matrix de turno.

Lástima que muchos matices se queden sólo en el enunciado, y que lo que empieza siendo un tenso thriller apoyado en un planteamiento moral cargado de profundidad -¿debemos plegarnos ante una existencia ya trazada o podemos/debemos rebelarnos contra el Destino?- termina siendo tan solo un eficaz entretenimiento que quizá podía haber profundizado más en los aspectos anteriormente enunciados, y que algunas cuestiones queden un poco en el aire -¿por qué ese insistente interés en que el protagonista priorice su carrera por encima de sus sentimientos? ¿por qué en un momento del pasado se decidió separar el destino de los protagonistas? ¿por qué esa descripción tan temible del personaje de Terence Stamp cuando tampoco es tan fiero como lo pintan?- . Nos queda, eso sí, un más que eficaz Matt Damon, que logra que empaticemos con un personaje a priori poco atractivo -¿cuántos de nosotros sienten simpatía por los políticos?- , gracias, a su vez, a su buena química con su partenaire Emily Blunt, así como una excelente fotografía de John Toll que retrata con una belleza inusitada el entorno urbano y menos glamuroso de la ciudad de los rascacielos en el que se mueven los personajes.

Recomendado para degustadores de fábulas contemporáneas.

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