Invasión a La Tierra

Vuelven los marcianos.

Desde los tiempos de Georges Mèliés (1861-1938), el tema de los visitantes de otros planetas es uno de los más recurrentes en la Historia del cine. Seguro que ahora mismo, a bote pronto, cualquiera de nosotros sería capaz de recitar al menos media docena de títulos que durante los últimos cien años nos han aterrorizado/deslumbrado/conmovido/divertido/aburrido con los marcianitos de turno: Ultimátum a La Tierra + remake (Robert Wise, 1951; Scott Derrickson, 2008), La guerra de los mundos + remake (Byron Haskin, 1953; Steven Spielberg, 2005), Planeta prohibido (Fred M. Wilcox, 1956), Plan 9 del espacio exterior (Edward D. Wood, jr., 1959), Alien, el octavo pasajero + secuelas (Ridley Scott, 1979; James Cameron, 1986; David Fincher, 1992; Jean-Pierre Jeunet, 1997), E.T. el extraterreste (Steven Spielberg, 1982), La cosa (John Carpenter, 1982), Starman (John Carpenter, 1984), Independence Day (Roland Emmerich, 1996)… y así un larguísimo etcétera que podríamos seguir enumerando durante un buen rato.

Pocos meses después del estreno de la discreta Skyline(Colin y Greg Strause, 2010), nos llega el enésimo panfleto pro-americano disfrazado de épico enfrentamiento por la supervivencia de la humanidad ante el ataque indiscriminado y a escala planetaria por parte de invasores del espacio exterior. Hombre, este tipo de fábulas eran comprensibles y, si se me permite, hasta cierto punto tenían su “gracia” cuando lo que se pretendía era proclamar, disfrazado de inocente aventura de ciencia-ficción, una soflama anticomunista en los tiempos del macarthismo –recordemos si no la oscurísima La invasión de los ladrones de cuerpos (John Siegel, 1956)- ; pero, ciertamente, en los tiempos que corren, y con la que está cayendo en algunos puntos calientes del globo como Libia, Afganistán o Siria, películas como ésta son pura propaganda para animar a su público potencial –jóvenes, principalmente- a alistarse en un cuerpo, el de los marines, donde el honor y el compañerismo son sus dos patas principales.

Pero si algo tiene de bueno Invasión a La Tierra –estúpida y facilona traducción patria del original Battle: L.A. o La batalla de Los Angeles– es que, al menos, no da gato por liebre. Son dos horas de tiros, explosiones y algo de testosterona –reducida, eso sí, por la presencia humanizadora del siempre eficiente Aaron Eckhart- , que nos hace vibrar gracias a un endiablado e incansable ritmo –lástima que esa nerviosa y omnipresente “cámara en mano” eche a perder algunas buenas secuencias- y que, entre tanto barullo, nos regala algunos buenos momentos, como la tensa escena de la lavandería –y su posterior desenlace en la piscina- o la angustiosa huída en el autobús.

Como un cruce entre la estética de Black Hawk derribado (Ridley Scott, 2001) y el ya citado tebeo de Roland Emmerich –aunque, todo hay que decirlo, sin su sano y autoparódico sentido del humor- Invasión a La Tierra resulta ser uno de los entretenimientos más vacuos e intrascendentes de los últimos años. Ideal para desconectar el cerebro durante un par de horas aferrado a un cuenco de palomitas.

Recomendado para aficionados al fantástico aventurero sin complejos.

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One Reply to “Invasión a La Tierra”

  1. Lo único salvable es el prota, Aaron Eckhart, y el intento de contar algo “a lo pequeño” en plan comando luchando por salvar el pellejo, alejado del estilo Emmerich con los protagonistas salvando el mundo. El resto de la película es como ver a alguien durante hora y media jugando al Gears of War.

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