Super 8

Regreso al futuro.

Si alguien estaba llamado a tomar el relevo del gran Steven Spielberg en este siglo XXI –sin querer por ello jubilar antes de tiempo al genio de Ohio- , ese era sin duda J.J. Abrams: ambos se criaron haciendo películas domésticas durante su infancia y adolescencia, ambos se bautizaron en televisión –Spielberg como director de episódicos de Marcus Welby, Night Gallery o Colombo; Abrams como creador de hitos como Perdidos, Alias o Fringe, entre otras- y, en la gran pantalla, alternan las películas que ellos mismos dirigen con la producción y el patrocinio de otras que sirven de plataforma a otros nuevos realizadores –Zemeckis es el caso más claro de S.S.; hasta la fecha, Matt Reeves lo es con J.J.- . Aunque les separa toda una generación, estaba claro que antes o después maestro y aprendiz debían encontrarse.

Hay dos aspectos perfectamente diferenciados que se cruzan en la esperadísima Super 8. Por un lado tenemos la historia propiamente dicha, esta aventura fantástica protagonizada por un puñado de críos aficionados al cine que ven cómo su tranquilo pueblecito se ve alterado por la presencia de algo misterioso; por otro, la vocación de claro homenaje con sabor añejo y nostálgico a aquellas películas juveniles de los setenta y sobre todo los ochenta con las  que nos criamos cinematográficamente todos los que ya sobrepasamos la treintena en nuestro DNI -y, destacando entre todas ellas, la genuina Los Goonies (Richard Donner, 1985)- .

Si hablamos de lo primero, podemos asegurar que nos encontramos ante una de las cintas más vibrantes y entretenidas de la temporada, cuyo interés no decae durante toda la proyección y cuya mayor virtud, probablemente, sea su acertadísimo cast: todos y cada uno de los protagonistas, sobre todo los más jóvenes, están sublimes, fenomenales, y los adultos que les acompañan no les van a la zaga. ¿Peros? Si acaso algún que otro patinazo en la dirección artística, pequeños detallitos que pueden llegar a despistar de la trama, de manera puntual, al espectador más avispado –la película está ambientada a finales de los años setenta, y en aquella época ni el walkman ni el cubo de Rubik estaban en el mercado- .

Si nos detenemos en lo segundo –que obviamente envuelve a todo lo que acabamos de comentar- , Abrams nos devuelve a la época en la que cualquier aventura que imaginásemos, por fantasiosa que fuese, podía ser realidad, ya fuese descubrir un tesoro pirata, hacernos amigos de E.T. o simplemente reforzar nuestros lazos de camaradería con la pandi con la que siempre se podía contar. Es todo un acierto enmarcar Super 8 en esa época –esta historia hubiese sido imposible en la era de las nuevas tecnologías y las redes sociales- , y aunque casi toda la película respeta y recrea aquél cine y cómo se hacía –con esos travellings ligeramente contrapicados, respetando el punto de vista de los niños; esa fotografía que recuerda poderosamente a Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1975)- y nos dibuje una sonrisilla volviendo a visitar aquellos lugares comunes –los barrios residenciales, la pequeña comisaría local, las indispensables bicis- , quizá habría que reprochar que en su último tercio de la impresión que el estilo más contemporáneo tanto de Spielberg como de Abrams invaden un relato hasta entonces enteramente ochentero. Dicho de otro modo -y si aún no ha visto la película y no quiere saber más de la cuenta, deje de leer a partir de este punto-: es como si los goonies se vieran de pronto metidos en medio de La Guerra de los Mundos (Steven Spielberg, 2005), con todos esos bombardeos, tiroteos y explosiones, amenazados por la criatura de Monstruoso (Matt Reeves, 2008). No es que en este punto la historia pierda su sentido –todo el guión, desde la primera hasta la última secuencia, es sorprendente y verosímil- ; pero, tras hora y media en 1979, este súbito regreso al futuro a un servidor le produce un cierto anacronismo sentimental, y aún no sé si el experimento me convence del todo. Al menos aquí los efectos digitales no chirrían como en el último (y olvidable) Indiana Jones…

Si tras leer estas reflexiones no le ha quedado claro si Super 8 es o no una buena película… pues casi mejor. Vaya al cine a verla, disfrútela como si tuviese doce años y tendrá la respuesta.

Recomendado para espíritus juveniles.

3 comentarios en “Super 8

  1. Una puntualización off the record: entre tanto homenaje me faltó algún guiño dentro del reparto. ¿Qué tal haber recuperado a Richard Dreyfuss en el pequeño pero importantísimo papel del viejo profesor?

  2. Pues ese mismo. En este caso, que fuese blanco, negro o asiático no era vital para la trama… y habría sido un buen punto recuperar al viejo Dreyfuss, ¿que no?

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