Argo

Operación rescate.

Uno de los grandes males que vengo encontrándome demasiado a menudo en el mundillo cinéfilo actual es la facilidad y alegría con el que se ensalzan de manera superlativa los aciertos y virtudes de cierto tipo de producciones, con la consiguiente ola de sobrevaloración que contagia a críticos y público y hasta el punto de llover premios a mansalva. Lo dije no hace mucho en este mismo blog: ¿hasta qué punto Hollywood está reconociendo la calidad de sus películas más allá de pasajeras modas?

Tres cuartas de lo mismo me viene a ocurrir hoy con Argo, cinta que, por obra y gracia del tío Oscar, aún podemos encontrar en la cartelera al tiempo que se estrena en formato doméstico. ¿Es la tercera película como director de Ben Affleck merecedora del premio gordo de la Academia? ¿Es, ciertamente, el mejor largometraje del pasado 2012?

Desde que se lanzó a su aventura tras las cámaras, Affleck ha demostrado ser un realizador más que interesante, con preferencia por los proyectos más llamativos desde el punto de vista narrativo que industrial: ni Adiós pequeña, adiós (2007) ni The Town. Ciudad de ladrones (2010) fueron grandes superproducciones ni amasaron grandes fortunas en taquilla, pero su solvencia y su humildad –ninguna nació con grandes pretensiones- nos hicieron ver que detrás del insulso protagonista de Armageddon (Michael Bay, 1998) o DareDevil (Mark Steven Johnson, 2003) podía esconderse un notable cineasta a tener en cuenta. Estos buenos comienzos se han visto ahora refrendados con este tercer trabajo, que no sólo ha triunfado en la cartelera de medio mundo –occidental, obviamente- sino que, a pesar del incomprensible desplante de no reconocerle –ni siquiera nominarle- como Mejor Director, le ha premiado junto a su amigo George Clooney como responsables de la Mejor Película.

argoPero qué queréis que os diga: a pesar del planteamiento más que atractivo de una trama basada en hechos reales –una operación secreta de la CIA, disfrazada de exótica superproducción hollywoodiense de ciencia-ficción, sirvió para sacar clandestinamente de Irán a seis funcionarios de la embajada americana en plena revuelta civil de 1980- , un ritmo narrativo correcto –apenas hay tiempos muertos en la narración- , y el buen hacer de sus actores, en esta ocasión no he podido dejar de percibir cierta condescendencia algo maniquea a la hora de recrear dramáticamente estos acontecimientos. Entiendo que lo que pasó, pasó –históricamente hablando- , pero, ¿era necesario recurrir tanto a esas escenas plagadas de mujeres con metralletas y pobrecitos niños recomponiendo documentos destruidos por el gran satán? No se pone en duda la legitimidad de las reivindicaciones del pueblo iraní, pero sí los medios para lograr sus fines –asaltando embajadas extranjeras y secuestrando a quienes trabajan en ellas- , mostrando un retrato algo simplón sobre un conflicto sin duda mucho más complejo que lo que este entretenidísimo sucedáneo de John Le Carré propone.

Lo dicho: Argo tiene elementos de buen thriller político, y como cinta de entretenimiento podría estar incluso por encima de la media, combinando eficazmente el relato de espionaje clásico –es decir, mucho tiempo antes de los satélites y las comunicaciones on-line- con el siempre curioso prisma de ‘cine dentro del cine’. Pero su tratamiento excesivamente complaciente hacia los propios intereses norteamericanos y su desmedida cosecha de premios y piropos la ponen en esa complicada situación en que debe verse como un film sobresaliente. La verdad, no la encuentro tan trascendente ni como episodio histórico ni como obra cinematográfica.

Recomendado para nostálgicos del contraespionaje analógico.

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2 Replies to “Argo”

  1. Argo, Batman “The Dark Knight Rises” (es decir, la última) y La Noche Más Oscura me hacen pensar que el cine estadounidense ha regresado a épocas propagandísticas de otras épocas, prosistema, imperialista y autocomplaciente…

  2. Estoy más o menos de acuerdo contigo, con la cosa de que a mí me basta con eso. Me pasa como con Valkiria : se sabe cómo va a acabar perfectamente, pero aún así tiene un ritmo y una honestidad que te tiene atrapado, no sé…

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