El legado de Bourne

El descafeinado de Bourne.

Cuando hace ya una década el novelesco espía creado por Robert Ludlum saltó al celuloide –El caso Bourne (Doug Liman, 2002)- , nos dejó una más que eficaz, notable diría yo, cinta de acción cuyos mayores aciertos eran un frenético ritmo narrativo, una puesta en escena sublime, una coreografía por encima de la media y, para asombro de propios y extraños, unas credenciales más que aceptables de Matt Damon como nuevo rostro dentro del género a tener en cuenta. Y aunque la cinta era autoconclusiva, las entregas que le sucedieron, al contrario de lo que suele ocurrir, elevaron todavía más el listón, gracias sobre todo a unos guiones más complejos y elaborados, un desarrollo inusitado y moralmente ambiguo de la personalidad del héroe –ya no sólo le movía recuperar su identidad y su pasado, sino el anhelo de venganza tras la muerte de su amada al comienzo del segundo episodio- y, sobre todo, la excelente labor tras las cámaras del siempre competente Paul Greengrass, que tomó el relevo a Liman para hacerse cargo tanto de El mito de Bourne (2004) como de El ultimátum de Bourne (2007).

Aunque la serie parecía cerrada definitivamente –y, sobre todo, tras el anuncio público tanto de Damon como de Greengrass de dar por zanjada la saga- , como suele ser habitual en estos casos los productores no lo vieron así, y, en una maniobra un tanto arriesgada, decidieron continuarla sin el protagonista absoluto, y a ver qué pasaba… Y lo que ha pasado es lo que muchos nos temíamos: que este legado se ha quedado totalmente descafeinado, carente de todas las virtudes que hemos enumerado anteriormente, para convertirse en una cinta más del montón que perfectamente podía haber protagonizado un Jason Statham o un Vin Diesel de turno, pero que en vez de eso se lo han encasquetado al emergente Jeremy Renner, un actor eficaz y a veces hasta sobresaliente –no hay más que verle en En tierra de hombres (Niki Caro, 2005) o The Town. Ciudad de ladrones (Ben Affleck, 2010)- que, aunque ya está metido en otras dos franquicias millonarias –es el nuevo compañero de fatigas de Ethan Hunt/Tom Cruise desde Misión imposible: Protocolo fantasma (Brad Bird, 2011) y el superhéroe Ojo de Halcón en Los Vengadores (Joss Wedon, 2012) tras una breve presentación en Thor (Kenneth Branagh, 2011)- , todavía no es lo que se dice una gran estrella, un reclamo para la taquilla.

Jeremy Renner en ‘El legado de Bourne’

Pero lo que más llama la atención –por su inesperada simpleza- es su guión, que firma entre otros Tony Gilroy -aquí también director de la cinta- , quien había sido el encargado de escribir las tres anteriores; un libreto torpe, decepcionantemente mal construido, con un planteamiento totalmente erróneo –en el que se alternan de manera confusa situaciones ya vistas en la tercera película con la presentación del personaje de Renner, Aaron Cross, lo que convierte el primer acto en un galimatías para quien no haya visto recientemente la anterior entrega… o en una tediosa repetición de situaciones ya conocidas para quien sí la tenga fresca en la memoria- , un desarrollo excesivamente lento, al que le cuesta arrancar, sin apenas acción ni gancho -la mejor escena, el tiroteo en el laboratorio, no es de acción, sino dramática, pero no se explican las motivaciones del asesino; y a todo esto, ¿a qué vienen esos flashbacks con Edward Norton o Rachel Weisz salpicados durante el metraje?- , y, para remate, un tercer acto que, aunque eficaz –la persecución por las calles de Manila, único momento ciertamente memorable en toda la película- , termina a cuchillo, abruptamente, sin ningún tipo de clímax ni resolución… es decir, explícitamente abierto a una nueva continuación que, o da un nuevo y radical giro a la serie, o mejor que ni se molesten.

Recomendado para conformistas del género.

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2 Replies to “El legado de Bourne”

  1. No has mencionado que ya hubo una adaptación del personaje protagonizada por el Pájaro Espino que tengo curiosidad por ver algún dia…

  2. Desconocía ese dato. Pues sí, amig@s, Richard Chamberlain ya encarnó a Jason Bourne en un telefilm (distribuido en algunos países como miniserie) titulado “Conspiración terrorista: el caso Bourne”, dirigido en 1988 por Robert Young.

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