Invasor

Lealtad y traición.

Diez años después de su destacable Guerreros (2002), Daniel Calparsoro ha vuelto a enfundarse el uniforme caqui para retratar, de manera contundente y sin apenas concesiones, el lado más turbio de de las Fuerzas Armadas en medio de un conflicto bélico. Y aunque hay notables diferencias entre aquélla e Invasor, la cinta que hoy nos ocupa, lo cierto y verdad es que ambas están íntimamente relacionadas, no tanto por su trama o sus personajes pero sí por su trasfondo y su estilo que, en cierta manera, las convierte en parte de un interesante díptico sobre lo que es la guerra, y sus terribles consecuencias, en estas primeras décadas del siglo XXI.

En Invasor, Alberto Ammann interpreta a Pablo, un médico militar que junto con su compañero Diego (Antonio de la Torre) regresa a casa tras una fallida operación en Afganistán donde su escuadrón fue atacado por un grupo de insurgentes. El reencuentro con su esposa y su hija es el lado amable de una moneda con dos caras; al otro lado, ciertas presiones  no siempre veladas de las altas instancias gubernamentales le hacen sospechar sobre qué hay detrás de aquella misión en Oriente Medio…

Este es el punto de partida de una película trepidante narrada en dos tiempos –a través de flashbacks el protagonista va recordando poco a poco detalles de lo que ocurrió tras el ataque- cuyo estupendo guión, firmado por Jorge Arenillas y Javier Gullón a partir de la novela de Fernando Marías, no se limita a plasmar la violencia bélica en situaciones casi siempre crueles e injustificadas, sino que nos habla de lealtad y traición en situaciones extremas, al límite.

invasorInvasor tiene todo lo que se le puede pedir: una buena historia, unos actores eficaces, una labor encomiable en todas sus áreas –la fotografía de Daniel Aranyó; la música de Lucas Vidal; el montaje de Antonio Frutos y David Pinillos– y una soberbia labor de producción que nada tiene que envidiar al cine hollywoodiense. Y todo ello al servicio de una de las obras españolas más sólidas de los últimos años y que, injusta e incomprensiblemente, pasó discretamente por las salas comerciales y que conviene recuperar y reivindicar.

Recomendado para espectadores sin prejuicios.

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