La mujer de negro

El pueblo de los malditos.

Hammer fue una pequeña productora independiente británica especializada en realizar films fantásticos, de terror y  suspense, con poco presupuesto pero muchísima imaginación e inventiva, que tuvo su máximo apogeo de popularidad entre los fanáticos del género y degustadores de Serie B allá por los cincuenta y sesenta, y en cuyo catálogo no faltaban Drácula, Frankenstein, la momia, el hombre-lobo, Jack el Destripador y un par de mad doctors tipo Jeckyll que pasaban por ahí, entre otros. Cierto es que la calidad cinematográfica de sus cintas era poco menos que discutible, pero hoy día no somos pocos los que recordamos sus producciones con cierta nostalgia y cariño –sobre todo aquéllas dirigidas por Terence Fisher, su más aclamado director, y protagonizadas por Peter Cushing y Christopher Lee- y que inspiraron por estos lares a gente como Jesús Franco o al ya desaparecido Paul Naschy.

Hace un par de años, Hammer resurgió con aires renovados –tras más de treinta años desaparecida- para participar en el remake americano de Déjame entrar (Matt Reeves, 2010); pero es ahora cuando presenta las credenciales que hicieron de ella una compañía única y singular: terror, suspense, fantasmas, una casa encantada… y todo bajo una opresiva atmósfera gótica y victoriana.

Basada en una novela de Susan Hill que ya había sido adaptada a las tablas a finales del pasado siglo XX –en España, la obra estuvo protagonizada por Jorge de Juan y Emilio Gutiérrez Caba, en un montaje que me gustó pero que recuerdo muy vagamente- , La mujer de negro nos invita a visitar de nuevo todos esos lugares comunes vistos una y mil veces dentro del género. Pero hay que reconocer que, en plena era digital donde parece que todo tiene que pasar por el artificio del 3D y el género de terror se ha acomodado en la repetitiva y cansina fórmula de las sagas Saw o Paranormal Activity, la película de James Watkins es todo un soplo de aire fresco, y que recupera el espíritu de las mejores historias de fantasmas y mansiones de las últimas décadas, desde Al final de la escalera (Peter Medak, 1980) hasta Los otros (Alejandro Amenábar, 2001).

Watkins se aleja del susto fácil adolescente y tramposo de los últimos tiempos, y sin necesidad de echar mano de las vísceras ni la sangre, se trabaja una puesta en escena escalofriante, sutil, misteriosa y oscura, donde pone todos los elementos al servicio del subconsciente del espectador –nuestra mente es, en realidad, la que nos hace imaginarnos las más terroríficas situaciones y ponernos el vello de punta- y donde destaca sobremanera el empleo del segundo término en los encuadres y el magnífico trabajo del sonido… y del silencio.

Además, Daniel Radcliffe consigue con éxito desprenderse de su aura de héroe infantil y juvenil –ya llevaba un tiempo currándoselo, desde que estrenó en Broadway la polémica Equus– , y logra de manera más que notable llevar todo el peso de la historia, casi siempre en solitario y sin diálogos que le apoyen.

La mujer de negro no es la película definitiva de fantasmas. Pero lo mejor, es que en ningún momento pretende serlo. Se trata de una cinta entretenida, honesta… y escalofriante. Sin duda, una de las propuestas más estimulantes que podemos encontrar hoy día en nuestra cartelera.

Recomendado para degustadores del suspense gótico.

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One Reply to “La mujer de negro”

  1. La vi este fin de semana pasado y realmente la disfruté: La mansión consigué dar una sensación de mal rollo claustrofóbico como no veía desde “El último escalón” y tiene algún momento bastante efectivo (más que efectista).

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