Las sesiones

Lecciones de sexo y vida.

A pesar de una dilatada carrera tras las cámaras que se remonta desde comienzos de los años setenta, seguro que a casi nadie le suena el nombre de Ben Lewin. No es de extrañar: este realizador de origen polaco se ha especializado sobre todo en documentales y TV-movies, la mayoría nunca estrenados en nuestro país, y tan sólo lo había hecho en tres ocasiones para dirigir largos de ficción. Sin embargo, suyo es el que probablemente sea uno de los títulos revelación de la pasada temporada, lo que los americanos suelen llamar un sleeper –film sin demasiado bombo promocional pero que aguanta inusitadamente en la cartelera, debido principalmente al boca-oído, llegando a ser un notable éxito- : Las sesiones, basada en la historia real del escritor y poeta Mark O’Brian quien, en 1985, a pesar de llevar más de treinta años postrado en la cama debido a la polio que sufrió de niño, decidió contratar a una terapeuta sexual para poder sentirse física y plenamente realizado como un hombre adulto.

Si algo se puede y se debe aplaudir de Las sesiones es que sabe tocar el tema sin pudor ni rubor ninguno, pero al mismo tiempo con respeto, sensibilidad e incluso un sano sentido del humor, sin caer en cursilerías ni en el amarillismo morboso. De hecho, el protagonista vive más afligido por un católico sentimiento de culpabilidad que por las dificultades de un cuerpo desvalido, pero incluso el lado religioso queda suavizado gracias a ese peculiar y a la vez contenido párroco encarnado por William H. Macy, confesor espiritual y confidente amigo del protagonista que le anima en su particular empresa. Pero quienes dan un plus de calidad a la propuesta son sin duda unos extraordinarios John Hawkes y Helen Hunt, que saben llenar de naturalidad, espontaneidad a unos personajes entrañables que saben ganarse las simpatías del respetable, haciendo que sintamos ternura y cariño hacia ellos, sin caer en cursilerías ni sentimentalismos ni ñoñeces dramáticas.

the-sessions
Helen Hunt y John Hawkes, terapeuta y paciente.

Sin embargo, y aunque la encuentro ciertamente audaz en su propuesta, lo cierto y verdad es que me esperaba algo más de esta película después de, como digo, tantos meses de halagos y alabanzas por parte de crítica y público: el guion, en cuanto a estructura, es poco más que una sucesión de situaciones algo repetitivas, me cuesta creer que surja una conexión tan profunda y sincera entre los dos protagonistas en tan breve espacio de tiempo y me cuesta horrores entrar en esos films que [¡spoiler!] recurren a una voz en off de ultratumba para narrarnos la historia; me pasó con El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950), me pasó con American Beauty (Sam Mendes, 1999) y me ha vuelto a pasar aquí…

Como digo, película agradable, interesante y con una moraleja vitalista y sin moralina aleccionadora, lo cual se agradece, y con una pléyade de buenos actores dando el do de pecho. No es una obra maestra pero tampoco pretende serlo: y esa honestidad se agradece.

Recomendado para aficionados a las fábulas de superación personal.

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