Los Miserables

Odiosas comparaciones.

Los Miserables, la nueva adaptación de la obra clásica de Víctor Hugo, es sin duda uno de los estrenos más esperados de la temporada. Muchos eran los alicientes que ofrecía esta película para pasar por taquilla sin pestañear: un reparto de lo más competente, una puesta en escena que se presumía de lo más grandilocuente, música en directo –por primera vez, los actores no vocalizaban sobre un playback previamente grabado, sino en el mismísimo plató durante la filmación- y, a los mandos, un director no muy conocido para el gran público pero con un Oscar debajo del brazo gracias a la correcta El discurso del rey (2010).

Sin embargo, debo decir que son más las pegas que los aciertos que le he encontrado a esta producción. De entrada, hay que aclarar que el guión se ha desarrollado a partir del libreto escénico del musical representado, casi ininterrumpidamente durante tres décadas, en los escenarios de medio mundo, más que en el texto literario original; pero, aún con esa concesión, lo primero que me he encontrado ha sido un desarrollo más bien pobre de los personajes, que avanzan por la historia a golpe de acción-reacción, y cuyas motivaciones, anhelos, conflictos… es decir, todo aquello que les hace evolucionar queda relegado a un segundo plano meramente musical con esos soliloquios de los protagonistas –el Who I Am? de Hugh Jackman o el I dreamed a dream de Anne Hathaway, por ejemplo- . Dicho de otra manera: si no es porque hace un mes me puse como tarea echarle un ojo a la versión en prosa –y mucho más cinematográfica- que Bille August realizó en 1998, apenas me habría enterado de algunas secuencias que considero vitales para entender y asimilar plenamente el desarrollo dramático de los acontecimientos –la escena del juicio en el que Valjean confiesa su verdadera identidad o aquélla en la que Jabert/Russell Crowe denuncia sus sospechas ante sus superiores apenas se atisban- .

los-miserables-cartelConfieso que el realizador Tom Hooper ha sido audaz y valiente a la hora de trasladar a la gran pantalla esta hercúlea superproducción de Broadway, pero lo ha hecho con un estilo tan arriesgado como, a mi juicio, lamentablemente fallido. Aparte de algunas composiciones desconcertantes -¿a qué vienen esos planos aberrantes metidos, casi con calzador, en algunas secuencias de transición?- , prácticamente toda la puesta en escena cae en dos extremos que poco o nada tienen que ver entre sí: o bien resulta ser excesivamente teatralizada –con esos decorados que muestran explícitamente y sin pudor que lo son; ahí están la barricada o el barrio de las prostitutas- o bien se sostienen única y exclusivamente en el inconmensurable trabajo de sus intérpretes, dejándoles incluso en algunos momentos que se luzcan en larguísimos primeros planos individuales donde interpretan su tema con pasión y arrojo; todo un regalazo para los actores… pero lo más anti-teatral del mundo, yéndose, por tanto y como decía antes, al extremo opuesto. Y que nadie busque tampoco espectaculares y vistosas coreografías con las que Hollywood nos viene deslumbrando desde que Baz Luhrmann relanzó el género con Moulin Rouge! (2001), porque no las va a encontrar; tan sólo se atisba en la presentación de los taberneros interpretados por unos cargantes Helena Bonham-Carter y Sacha Baron Cohen

Pongamos, como nota positiva, el talento que derrochan casi todos sus actores –Crowe no desentona tanto como dicen, lo que pasa es que Jackman y sobre todo Hathaway (Oscar seguro, ya lo veréis) están muy por encima- ; la espléndida –como no podía ser de otra manera- banda sonora; y algunos momentos verdaderamente inspirados –caso del número coral One day more, verdaderamente sobresaliente gracias a un perfecta edición- . Pero, haciendo balance final, creo que esta versión de Los Miserables queda narrativamente por debajo de su más conocida predecesora –la ya comentada de August- y como musical cinematográfico, muy por detrás de grandes clásicos como, por ejemplo, Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen & Gene Kelly, 1952), West Side Story (Jerome Robbins & Robert Wise, 1961), Sonrisas y lágrimas (Robert Wise, 1965), Cabaret (Bob Fosse, 1972) o las más recientes Moulin Rouge! o Chicago (Rob Marshall, 2002), por poner sólo algunos ejemplos a volapluma.

Entretiene… pero me esperaba otra cosa.

Recomendado para incondicionales del original escénico.

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