Los mercenarios 2

Como un mal chiste.

A todos nos ha pasado: alguien cuenta un chiste malo de remate, pero si la situación es propicia –una desenfadada reunión entre viejos amigos, por ejemplo- es probable que nos meemos de risa. Incluso, a veces, esa tontería, esa gracieta, nos reconforta y alivia de las penalidades mundanas, retrotrayéndonos a una época jovial y despreocupada de nuestras vidas.

Algo parecido sucedía con la primera peli de Los mercenarios (2010); Sylvester Stallone, empeñado en dar la razón a quienes abogan por retrasar cada vez más la edad de jubilación, tiró de carisma –o de talonario- para rescatar del geriátrico a Dolph Lundgren, Mickey Rourke o Eric Roberts, quienes, junto con los action men del celuloide actual –principalmente, Jason Statham y Jet Li– , y regalando a los nostálgicos una escena largamente soñada –Sly compartiendo plano, en una breve secuencia, junto con Arnold Schwarzenegger y Bruce Willis– , evocar aquél cine de acción de tiros, explosiones, mamporros y testosterona que grandes dividendos le proporcionó al inolvidable Rocky Balboa. Y la cinta tenía su cierta gracia: vale que el guión era lo de menos –y la labor de Stallone como director, no digamos- , pero algunos vimos en ella un cierto sentido homenaje a un tipo de cine que, aunque efímero e intrascendente, abogaba más por un entretenimiento brutal y honesto, cuyos personajes carismáticos solían estar muy por encima de los recursos técnicos y de los efectos especiales. Es decir: justo lo opuesto a lo que sucede hoy día.

expendables2Los mercenarios 2 (Simon West, 2012), sin embargo, huele a chiste desfasado. Ya no hace gracia, y el factor sorpresa se ha volatilizado como esa aldea que arrasan salvajemente los protagonistas –y eso que son los buenos– para liberar a un rehén. Y esto, cuando apenas han transcurrido dos minutos de metraje… aquí repiten casi todos, más alguna breve incorporación, y para que quepa tanto músculo en el mismo plano hay que ir haciendo hueco: Li abandona casi nada más empezar y el joven Liam Hemsworth apenas tendrá tiempo para aprender nada de estos viejos rockeros, con lo que ‘Chuache’ y Willis dispondrán de más minutos y más pólvora. El objetivo: dar caza a un villano de cera como es Jean-Claude Van Damme –vale que nunca ha sido un dechado de virtudes interpretativas, pero es que aquí se luce tanto como una ciruela pasa- .

Lo peor de esta innecesaria secuela –no desde el punto de vista económico, claro; la franquicia funciona y ya se está preparando la tercera entrega- es que lo que funcionaba y fluía de manera natural en la anterior, aquí se convierte en diálogos forzados y situaciones esperpénticas: Willis dice que ‘volverá’ mientras Arnold le replica con un ‘yipikayei’ –todo esto mientras acribillan, casi sin mirar, a cientos de esbirros en un aeródromo- , se hacen chistes sobre Rambo y cada vez que Chuck Norris –a cuyo personaje lo apodan ‘el lobo solitario’, como su personaje de McQuade (Steve Carver, 1983)- aparece en escena, lo hace con fondo musical de Sergio Leone (!).

Al final de la película, los tres exsocios de Planet Hollywood miran una destartalada avioneta y exclaman: “Debería estar en un museo… ¡como nosotros!”. Pues eso: que estos musculosos abueletes seguirán teniendo ganas de marcha, pero a mí no me pillan en otra de estas.

Recomendado para nostálgicos de la testosterona ochentera.

Una respuesta para “Los mercenarios 2”

  1. Supongo que íbamos con pretensiones distintas, yo me lo pasé teta con esta panda de abueletes que en ningún momento se toman en serios a sí mismos. Esta junto con “RED”… ¡de diez!

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