¡Rompe Ralph!

¡Larga vida a las maquinitas!

Desde cierto punto de vista, podría decirse que Pixar ha hecho mucho daño al sector del cine de animación. No nos engañemos: cada vez que se estrena un largometraje de estas características, siempre esperamos encontrarnos un Wall·E (Andrew Stanton, 2008) de turno, esté o no detrás la casa del flexo saltarín. Así, la cosa está muy difícil, no sólo para la competencia –que, salvo honrosas excepciones del tipo Cómo entrenar a tu dragón (Dean DeBlois & Chris Sanders, 2010), no les suele llegar a la altura- sino para los propios discípulos de John Lasseter, obligados a superarse año tras año y no consiguiendo a veces cumplir con tan altas expectativas –la excelente, pero no redonda, Brave (Indomable) (Mark Andrews & Brenda Chapman, 2012) podría ser un buen ejemplo- . Y desde que hace un tiempo el propio Lasseter tomara las riendas de Walt Disney Animation Studios, esta misma sensación se ha instalado igualmente en la casa del ratón Mickey, si bien a veces los resultados altamente satisfactorios –la divertidísima Enredados (Nathan Greno & Byron Howard, 2010)- , en otras la cosa se ha quedado a medio gas –caso de Tiana y el sapo (John Musker & Ron Clements, 2009)- .

¡Rompe Ralph! llega con ese mismo bagaje… pero, por suerte, he de decir que sale más que airoso del examen. Aunque parte de unos lugares demasiado comunes –de nuevo, la crisis existencial del protagonista viene dada porque no quiere ser lo que la sociedad le ha impuesto (un juguete, un monstruo o, en este caso, ser el malo de un videojuego)- , y de un planteamiento ya tocado en los ochenta –personajillos que viven en las maquinitas… ¿no os recuerda a Tron (Steven Lisberger, 1982)?- , lo cierto y verdad es que esta película firmada por Rich Moore goza no sólo de un excelente sentido del humor –plagado de geniales guiños y referencias a juegos electrónicos clásicos y actuales- , sino de una moraleja agradable pero no demasiado aleccionadora para los más peques –no margines al que es diferente sólo por serlo- , un entorno visual apabullante –desde el oscuro mundo bélico del Hero’s Duty hasta el dulce y colorista Sugar Rush– y, sobre todo, un guión que engancha de principio a fin, con entrañables personajes y repleto de anhelos, traiciones, confianzas y engaños… vamos, todo un tour-de-force shakesperiano ¡de dibujos animados!

PQue ningún padre, tío, abuelo, hermano mayor… se asuste. ¡Rompe Ralph!, como digo, es una de las propuestas más divertidas de la actual cartelera, y los que ya pasamos la treintena disfrutaremos, además, reencontrándonos con aquéllas salas de videojuegos que tantas horas de ocio, diversión y monedas de cinco duros se tragaron en nuestra no tan lejana juventud. Muy recomendable.

Para treintañeros nostálgicos.

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