Ruby Sparks

El escritor y su musa.

A pesar de la abundante –y a veces excesiva- fuente de información que suponen no solo las revistas especializadas o los clásicos teasers y tráilers cinematográficos, sino sobre todo las masivas redes sociales y medios digitales, todavía es posible, por increíble que parezca, entrar en una sala sin tener ni la más remota idea de lo que uno va a encontrarse. Y es esos casos, casi siempre, la sorpresa no solamente es mayúscula, sino también gratamente inesperada.

Así es como quizá podríamos definir a Ruby Sparks, una de esas cintas etiquetadas fácilmente de independiente –con las connotaciones, a veces injustas, que este término conlleva- , pero que, más allá de su presupuesto o de su desconocido elenco para el gran público, hay que destacar su frescura, ingenio y buenrollismo contagioso pero a la vez con cierto contrapunto amargo y agridulce… unas características que ya desprendían la muy recordada –y muy celebrada- Pequeña Miss Sunshine (2006), anterior trabajo del tándem formado por Jonathan Dayton y Valerie Faris, y que en esta ocasión cuenta con la colaboración y la complicidad más allá de la pantalla de Paul Dano y Zoe Kazan, la pareja protagonista de esta cinta romántica con toques fantásticos, en la que además, fuera de pantalla, ella firma el guión y ambos ejercen productores ejecutivos del film.

Dano es Calvin, un joven novelista sumido en una profunda crisis creativa, sentimental y existencial, que tras soñar –literalmente- con la chica de su vida, empieza a imaginar y escribir sobre ella. Tras una noche de loca inspiración y miles de pulsaciones en su máquina de escribir, a la mañana siguiente, la peculiar, coqueta, vitalista y extrovertida Ruby… está en la cocina preparando el desayuno.

No es la primera vez que el cine juega con la idea de los personajes de ficción que cobran vida, ya sean traspasando los límites de una fotografía, un cuadro, la pantalla de un cine… o saltando de las páginas de un libro. Pero hay que reconocer que esta aparente falta de originalidad en el planteamiento se suple con grandes dosis de desenfado en una comedia romántica joven y algo platónica con algunas gotitas de amarga realidad como contrapeso.

Paul Dano y Zoe Kazan en 'Ruby Sparks'

Así, temas como la (des)confianza y la madurez quizá impuesta por unos estándares urbanos que nos obligan a olvidar anhelos imposibles para centrarnos en una realidad cotidiana más materialista y contable se dan cita aquí como verdaderos enemigos del libre espíritu humano, ese que, curiosamente, encanan los padres del protagonista masculino –entrañables Antonio Banderas y Annete Bening– unos liberales (o liberados, según se mire) hippies ya maduros que ven la vida bajo un prisma mucho más sosegado y humanista que sus propios hijos, convertidos, por obra y gracia del éxito profesional, en unos jóvenes carcas incapaces de vivir un romance de ensueño debido a su sentido de la obligación y la responsabilidad.

Bajo su aparente sencillez y simpleza, Ruby Sparks goza de muchas lecturas entre líneas, lo cual es de agradecer en este tipo de simpáticas producciones, además de descubrir a Zoe Kazan como la verdadera revelación del año tanto delante como detrás de las cámaras.

Recomendado para románticos de espíritu libre.

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