Total Recall (Desafío total)

‘Lifting’ sin gracia.

Cuando TriStar estrenó Desafío total en verano de 1990, lo hizo pensando que tenía entre manos otra de esas pelis a las que nos tenía acostumbrados su protagonista Arnold Schwarzenegger año tras año durante la década de los ochenta: de esas con mucha violencia y poca sesera –Commando (Mark L. Lester, 1985) o Ejecutor (John Irvin, 1986) podrían ser dos de los ejemplos más evidentes- . Sin embargo, y con el paso de los años, esta psicotropía fílmica cuya acción transcurría principalmente en Marte se ha ido convirtiendo en un inolvidable clásico del siglo XX, ya que, bajo su apariencia de banal intrascendencia al servicio de su musculoso protagonista, se escondía un apasionante e hipnótico relato de ciencia-ficción que jugueteaba con conceptos tan abrumadores como la propia percepción de la realidad.

Apenas dos décadas después, y en nuevo alarde de ‘originalidad’ hollywoodiense, es Columbia –empresa que en su día absorbió a la distribuidora del alado corcel- quien decide llevar nuevamente a la gran pantalla las desventuras de Douglas Quaid, ese lacónico empleaducho que no sabe que es un agente secreto infiltrado hasta que accidentalmente le toquetean la memoria. La razón oficial fue hacer una adaptación más fiel al original de Philip K. Dick –en la obra literaria el protagonista nunca viajó al planeta rojo- , pero, una vez visto este nuevo Total Recall, la única y verdadera excusa no parece haber sido otra que el someter el film de Paul Verhoeven a un lifting en todos los sentidos: espectaculares efectos digitales al servicio de un guión simplón y funcional –que deja el libreto original de Ronald Shusett, Dan O’Bannon y Gary Goldman a la altura de Shakespeare- y con unas dosis de violencia light –muchos tiros, pocos muertos, nada de sangre- pensada para todos los públicos.

De un plumazo, se ha elimina cualquier vestigio de duda paranoide –aquí, a mitad de película, queda claro y evidente que el protagonista no está soñando- , los personajes quedan como meras comparsas divididos entre buenos y malos y la puesta en escena, aunque funcional y eficaz en algunos momentos, copia excesiva y descaradamente algunas atmósferas y decorados, que van desde Blade Runner (Ridley Scout, 1982) –ese barrio taciturno, lluvioso y oriental en el que se encuentra la famosa empresa Rekall- hasta Minority Report (Steven Spielberg, 2002) –la persecución de coches flotantes- , pasando por Cube (Vincenzo Natali, 1997) –esos ascensores que se mueven transversal y longitudinalmente- . Y eso sin contar algunos guiños o chistes hacia su antecesora cinematográfica, metidos con calzador y sin ningún tipo de sentido –si en ésta no hay mutantes, ¿a santo de qué la prostituta con tres tetas?- .

total-recall-2012No sé si en manos de un director con más personalidad la cosa hubiera sido distinta –lo dudo; como digo, el recuerdo de la cinta de Verhoeven es todavía muy fuerte y muy reciente- : Len Wiseman, que es quien firma este soso remake, tiene en su currículum un par de cintas de la serie Underworld –que protagoniza su esposa en la vida real Kate Beckinsale– , la cuarta entrega de Jungla de cristalLa jungla 4.0 (2007)- y ahora está preparando un nuevo reboot –su víctima será esta vez La momia, no sé si la de Kart Freund y Boris Karloff de 1932 o la de Stephen Sommers y Brendan Fraser de 1999… o ambas- . Vamos, todo un artesano.

En definitiva, este Total Recall es tan inocuo como fútil, tan intrascendente como innecesario.

Recomendado para audiencias sin personalidad.

Artículos relacionados: Desafío total (Paul Verhoeven, 1990).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s