Emergo

Poltergeist’s Greatest Hits.

Comienzo a ver esta película y, a los pocos segundos, intuyo que Emergo va a ser otra enésima propuesta sobre eso que han dado en llamar found-footage, es decir, películas supuestamente reales en las que se suceden acontecimientos insólitos y espeluznantes. Ya sabéis: desde aquél Holocausto caníbal (Ruggero Deodato, 1980) que surgió del giallo italiano y que, décadas más tarde, recuperarían con inusitado éxito Daniel Myrick y Eduardo Sánchez con la celebrada El proyecto de la bruja de Blair (1999), creando tendencia y, por qué no decirlo, todo un subgénero que en los últimos años nos ha dado algunas cintas interesantes –se me ocurren [REC] (Jaume Balagueró & Paco Plaza, 2008) o Monstruoso (Matt Reeves, 2008)- , alguna fallida –la todavía inédita Apollo 18 de Gonzalo López-Gallego- y otras manifiestamente lamentables –desde ese Troll Hunter (André Ovredall, 2010) hasta esa tontuna llamada The Frankenstein Theory (Andrew Weiner, 2013) que ni me he tomado la molestia de comentar- .

Desconocía de antemano, por tanto, de qué iba esta cinta que dirige el debutante Carles Torrens y que, con dos años de retraso llegó a las salas comerciales, y poco tiempo después, a los diferentes formatos domésticos. Luego caí en la cuenta de cuál era el aliciente para que al fin haya visto la luz y yo me haya sentado delante de la pantalla a verla: la producción y el guion los firma Rodrigo Cortés, quien desde el fabuloso éxito de Buried (Enterrado) (2010) su nombre se cotiza en la primera división de nuestro cine  –y eso a pesar del relativo fracaso de Luces rojas (2012)- . Un libreto que el director de Concursante (2007) debió escribir en sus tiempos de estudiante de cine, aventuro yo… porque, en realidad, no es sino un compendio, un batiburrillo, un popurrí de tópicos y lugares comunes vistos una y mil veces en innumerables propuestas de género vistas desde los años setenta pero con esa pátina de supuesta modernidad que, como un mal  endémico, nos ha dejado la saga Paranormal Activity

emergoCojamos algo tan clásico como una casa encantada –en este caso, un apartamento- , metámosle un reparto anglosajón –a ver si vendemos la peli en el extranjero- con tres parapsicólogos a lo Poltergeist (Tobe Hopper, 1982), llenemos las habitaciones de cámaras como si esto fuera el televisivo Gran Hermano –con confesionario y todo- y venga, a ver si el fantasma de turno se nos quiere aparecer. Como planteamiento argumental, nada del otro jueves. Y como ejercicio audiovisual, ni siquiera se toman la molestia de justificar los diferentes y soportes con los que trabajan estos científicos de lo paranormal, con el consiguiente juego de texturas y formatos que componen este supuesto rompecabezas sobre el que se va construyendo un caso más propio de la nave del misterio que de un serio trabajo cinematográfico. El desarrollo de la cinta es tal y como se puede esperar: sustos y sobresaltos para regocijo de los más incondicionales, la mayoría evidentes y esperados –la secuencia de las luces estroboscópicas- , algún que otro acertado por imprevisto –la escena del médium- , y en medio de todo esto un irregular grupo de desconocidos actores que aún aportan cierta solidez al conjunto –muy bien Kai Lennox (el padre) y Gia Mantegna (la hija adolescente); muy sosito Michael O’Keefe (el profesor); el resto, ni fu ni fa- .

En definitiva, una cinta carente de gracia, de originalidad, y que ni siquiera muestra con unas mínimas dosis de personalidad. Tan previsible como las agujas de un reloj.

Recomendad para incondicionales de un terror inmaduro y catódico.

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