Europa One

‘Europa Uno’… ¿odisea 3?

Sucede de cuando en cuando que, ante el arrollador estreno de una gran producción hollywoodiense, otras propuestas cinematográficas que casualmente se mueven en un género similar se queden relegadas a los circuitos de festivales especializados o directamente al formato doméstico, privándonos, en ocasiones, de poder disfrutar de obras majas sin el respaldo mediático ni publicitario de sus hermanas mayores. Es el caso, por ejemplo de Europa One (Sebastián Cordero, 2013), cinta que combina ciencia-ficción y suspense y que, por coincidir con la avasalladora –pero magnífica- Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), se ha visto obligada a tirar la toalla y a competir, si se puede llamar así, directamente en el salón de nuestras casas.

Vaya por delante que no me esperaba nada del otro jueves con esta propuesta, que bebe de todos los clichés imaginables del género combinados, batidos y filtrados por el tamiz del ya cansino found-footage. De hecho, durante la primera media hora de metraje, el rosario de referencias a multitud de títulos conocidos es casi interminable: desde El enigma… de otro mundo (Christian Nyby, 1951) hasta la recientemente recuperada Apollo 18 (Gonzalo López-Gallego, 2011), pasando por 2001, una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) o Misión a Marte (Brian De Palma, 2000). Y, como digo, todo visto a través de las múltiples videocámaras -tanto interiores, como exteriores, como en los propios equipos de los astronautas- que pueblan la astronave que da título al film y que supone casi el escenario único y claustrofóbico donde se desarrolla el conflicto.

Sin embargo, y contra pronóstico, es fácil para todo tipo de públicos entrar en el juego que el director Sebastián Cordero nos propone, y disfrutarla gracias a tres aciertos fundamentales. El primero: contrariamente a lo que suele suceder en este tipo de cintas –que se basan en querer hacernos creer inútilmente que el material que estamos viendo es íntegro y real– , no renuncia a emplear a actores no famosos pero sí familiares –ahí están, entre otros, Michael Nyqvist, Karolina Wydra, Embeth Davitz o Sharlto Copley– que saben darles integridad, alma y carisma a sus personajes. Dicho de otra manera: te importa lo que le sucede a todos y cada uno de ellos –al contrario de lo que pasaba con los cazafantasmas de tres al cuarto de Emergo (Carles Torrens, 2011) o con los niñatos gilipollas de The Frankenstein Theory (Andrew Weiner, 2013)- , logrando así que el espectador se implique como un miembro más de la tripulación.

Crew Europa Report Posing
La tripulación del ‘Europa Uno’: foto de familia.

Segundo punto a favor: al contrario de lo que sucede en este tipo de propuestas –sin ir más lejos, en cualquiera de las citadas en párrafos anteriores- , todo el planteamiento visual y argumental de la película es de lo más realista: cada situación, cada diálogo, cada nuevo descubrimiento que hacen estos exploradores, está más cercano a un Isaac Asimov, a un Arthur C. Clarke, a un Carl Sagan, que a un George Lucas.

Tercero y último: no voy a destripar el final, pero sí revelaré que, al contrario de lo que también es muy habitual en estas películas –y que les hace perder cualquier atisbo de, ejem, verosimilitud- , sí se da una explicación a cómo este material ha llegado a nuestras manos, meros terrícolas y testigos de unos sucesos, perdonadme la expresión, en diferido. Dicho de otro modo: si lo que mostraba Troll Hunter (André Øvredal, 2010) fuese cierto, ¿cómo se han rescatado esas imágenes? Un detalle que por lo general se suele obviar y que, por tanto, echa por tierra cualquier posibilidad de intentar darnos gato por liebre.

Europa One se rebela como una gozosa paradoja dentro del subgénero: siendo la propuesta con menores pretensiones de supuesta realidad -rostros conocidos, empleo de un score dramático, narración desestructurada- , resulta ser la más creíble y verosímil de cuantas de este tipo han caído en mis manos. Cordero, un ecuatoriano recién afincado en Hollywood, firma esta solvente y entretenidísima propuesta, sin grandes alardes pero con mimo y respeto hacia el género con el que está trabajando; todo bien cuidado, desde la ambientación hasta la composición narrativa –los flashbacks no están puestos a capricho, se agradece- , lo que le da a esta película un valor de lo más estimable. Habrá que tener en cuenta futuros trabajos de este prometedor realizador.

Recomendado para devotos de la ciencia-ficción plausible.

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