Las ventajas de ser un marginado

Honesta crónica de juventud.

Rara vez las aproximaciones que hace Hollywood al mundo de los adolescentes no caen en los tópicos más manidos y trillados, ya sea a la hora de abordarlos dramáticamente, casi siempre merced a unos personajes que no suelen ser sino meros clichés de trazo grueso; de hecho, si me preguntaran ahora mismo, creo que me costaría decir algún título que se desmarcase de esta tendencia previsible y tendenciosa que no fuese El club de los cinco (John Hughes, 1985) o la muy reivindicable –y no sé por qué, muy infravalorada- El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989)… luego, en los últimos años, parece que en los institutos y facultades yankis han empezado a escasear los estudiantes anónimos y los elementos típicamente conflictivos para dar paso a una generación que o bien se pasa el día bailando y cantando sin más preocupaciones que los concursos para jóvenes talentos o, en el otro extremo de la balanza, verse enfrentados a través de misteriosas e inexplicables fuerzas sobrenaturales al tiempo que, transmutados en vampiros, hombres-lobo y demás criaturas de la noche, aún tienen tiempo para enamorarse y desenamorarse –pero evidentemente, no para coger un libro de álgebra…-.

Claramente desmarcada de la moda reinante en la Meca del Cine, Las ventajas de ser un marginado recupera la high school como un microcosmos realista en el que se desenvuelven maestros y alumnos, obligados a convivir y sobrellevar el día a día, a veces nada sencillo debido a pequeños conflictos que en ocasiones se subrayan debido diferentes causas –desde el devenir en los estudios hasta la ebullición hormonal- . Sí, hay fiestas, fútbol, primeros amores –y primeras y dolorosas rupturas- , amistad y conflicto, gozo y melancolía. Todo un carrusel de sentimientos a flor de piel propias de una pubertad en la que todo se magnifica, para bien o para mal, desde un suspenso en literatura hasta un cruce de miradas que quizá signifique algo más.

lasventajasdeserunmarginado
Emma, Logan y Ezra, amigos para siempre.

Stephen Chbosky, desconocido productor, guionista, director pero sobre todo escritor, adapta su propia novela homónima para plasmar en la pantalla a una suerte de personajes realistas, verosímiles, encarnados por unos jóvenes y talentosos actores que sólo necesitan de unos pocos minutos de presentación para ganarse la empatía del respetable: desde el emergente Logan Lerman –el Percy Jackson de la franquicia fantástica sobre las leyendas y dioses de la antigua Grecia- hasta la más establecida Emma Watson –que tras la saga Harry Potter ya pudimos verla en un papel adulto en Mi semana con Marilyn (Simon Curtis, 2011)- , pasando por Ezra Miller –para mí, el gran descubrimiento de la cinta, un talento en bruto encarnando a un personaje en el que, por fin, importa más qué le pasa que su sexualidad- , que encabezan un eficaz cast que cuenta también con la sólida presencia de algunos intérpretes pertenecientes a la quinta inmediatamente anterior –caso de Paul Rudd, Dylan McDermott o Kate Walsh– como padres y/o profesores…

Las ventajas de ser un marginado habla sobre todo de la amistad, de esa necesidad innata en todo ser humano de sentirse aceptado y querido por su forma de ser y no por cómo le ven los demás. El conflicto, precisamente, reside en que estos chicos y chicas se encuentran en una edad en la que la mayoría aún no sabes qué o cómo quieren ser… se trata, sin duda, de uno de los más acertados retratos sobre la pubertad que nos ha dado el cine en los últimos años, repleto de momentos verdaderamente inspirados –la escena del túnel, sin diálogos y con el Heroes de David Bowie en la radio, emana vida propia- y aunque posee algún elemento de melodrama excesivo que a mí no me termina de convencer –todo ese asunto, entre turbio y nostálgico, entre el protagonista y su tía carnal que da pie a un giro final un tanto efectista- , el resultado final es ciertamente notable y satisfactorio.

Recomendado para quienes disfrutan con un cine honesto.

One Reply to “Las ventajas de ser un marginado”

  1. Pues la acabo de ver, y tengo que decir que en general me ha gustado. Aunque es el tipo de historia que no es un relato en sí, sino más bien como una fotografía, como la inmortalización de un momento (un momento que en este caso dura un año escolar), de una etapa, de un tiempo. No sé si me explico… La película carece de nudo y desenlace claros (sí tiene una introducción perfecta), y bien termina donde termina como podría haber terminado diez minutos antes, o veinte minutos más tarde con el inicio del segundo año en high school del protagonista. Aunque valoro la dificultad de este tipo de historias, creo que yo prefiero el clásico introducción-nudo-desenlace.

    Dicho esto, por lo demás me ha encantado. Buena música, diálogos inteligentes y creíbles (muy lejos de las chorradas metafísicas que soltaban los adolescentes de “traffic” entre porro y porro, por ejemplo), y sobre todo, unos actores que no son actores, sino que literalmente se convierten en esos chavales. 🙂

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