Los amantes pasajeros

La involución de Almodóvar.

Antes de nada, debo decir que han pasado varias semanas desde que vi, ya en formato doméstico, la última película firmada por el manchego más universal –con permiso de Andrés Iniesta- , y que no tenía nada claro si escribir o no una sola línea acerca de Los amantes pasajeros. Si finalmente me he decidido ha sido, fundamentalmente, por dos razones: advertir al lector/espectador que aún pueda andar algo despistadillo e indeciso sobre si animarse o no a ver esta película –de entrada ya anticipo que mi opinión es nefasta- ; e intentar discernir acerca de la paulatina pero constante caída en picado, de un tiempo a esta parte, de quien es considerado uno de los cineastas más talentosos de todo el planeta cine.

Empecemos por lo primero. Inevitable es hacerse esta pregunta: ¿por qué Pedro Almodóvar ha tenido que hacerse cargo de una película que produce sonrojo y vergüenza, incluso a sus más acérrimos, ya desde la primera escena? En los últimos meses se han barajado todo tipo de respuestas e hipótesis que de tanto repetirse se han convertido en clichés de manual, y que, evidentemente, ya nadie se traga: este supuesto regreso a sus orígenes –entendiéndose como tales, digo yo, aquellas comedias madrileñas de sus primeros films- es tan artificioso como maniqueo, supuestamente transgresor pero que en realidad no es sino un chiste sin gracia que huele a rancio. Los amantes pasajeros podía haber comenzado con un “¿saben ese de los tres azafatos mariquitas, la virgen cuarentona, los pilotos bisexuales y un banquero fugitivo?” Almodóvar pretende vendernos una obra supuestamente radical, pero se limita a concatenar una serie de gags y diálogos a cada cual más burdo y escatológico que el anterior, apoyándose en un impresionante reparto poblado de rostros de lo más conocido –algunos de ellos, viejos conocidos de la casa- que sobrellevan como malamente pueden a una fauna de personajes inverosímiles, a veces histriónicos, obligados a recitar unas frases que colocan el libreto de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) a la altura del mejor Shakespeare… todo ello envuelto en una factura técnica inesperadamente floja, fallida y desganada, con cromas cantosos –esos planos de Paz Vega, demacradísima, por cierto, en lo alto del viaducto- , risibles efectos especiales de saldo -ese móvil que cae en la bici de Blanca Suárez– e interiores en el avión en el que ni suenan los motores ni se mueve la cámara durante el supuesto vuelo…

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Madre mía… ¡cómo está el servicio!

Vayamos con lo segundo. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Algunos dirán que a perro flaco todo son pulgas, sí, y que yo voy de listo si os digo que una patochada de estas ya me la veía yo venir. Y es que el universo plasmado en Los amantes pasajeros ya se apuntaba en La concejala antropófaga (2009), ese cortometraje que Almodóvar, bajo el seudónimo de Harry Caine –si recuerdan, el alter ego de Lluis Homar en Los abrazos rotos (2009)- realizó aprovechando algunos descartes y que tenía por ahí a mano, compartiendo decorado, a Carmen Machi y Penélope Cruz. Una pieza soez que, por motivos más que evidentes, nunca recomendaré como ‘Corto de la Semana’ y que poco o nada tenía que ver con un film que particularmente me gustó –no tanto como Hable con ella (2002) o Volver (2006), para quien esto escribe sus indiscutibles obras maestras contemporáneas- , pero que cosechó críticas de lo más irregulares.

¿Hablar constantemente de polvos y felaciones es ser transgresor? Entiendo que tras el patinazo de su experimento anterior, La piel que habito (2011) –un estilizado pero previsible film noir en el que la mezcla de transexualismo, venganza y amor carnal no terminaba de cuajar- , el firmante de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) haya querido refugiarse de manera radical en su cine de juventud. Pero los tiempos han cambiado, y ni estamos en los ochenta ni las supuestas osadías y desmadres de estos amantes pasajeros escandalizan a un público maduro, evolucionado y poco dado a las correrías y catarsis erótico-estupefacientes más propias de una caduca movida que de los tiempos actuales, y que visto hoy resultan casi naif. Quizá si Almodóvar hubiese firmado una película de época, ambientada en el Madrid de hace tres décadas, habría tenido un pase. Quizá, ni eso.

Recomendado para incondicionales del humor de brocha gorda.

sensacine

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Un comentario en “Los amantes pasajeros

  1. Pues si tenía pocas ganas de verla, las hemos borrado. Más aún porque coincido en las dos pelis que citas como las que más me gustan de Almodóvar (además de la primera mitad de ‘Todo sobre mi madre’). Reconozco que tiene una mirada propia (un universo, una voz, como queramos llamarlo) pero a mí rara vez me “interesa”. Sobre esta peli en cuestión, y por algún comentario que haces, se me ocurre que también otros grandes artistas con inclinación al delirio han caído en alguna ocasión en la tentación de buscar un atajo tan directo o minimalista hacia lo transgresor que se han quedado en una tontuna simple y llana. No sé si será el caso…
    Me ha gustado tu crítica, negativa pero bien armada de razonamientos, como siempre. ¡Un abrazo!

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