Los últimos días

Una experiencia… ¿religiosa?

Tras recorrer medio mundo con la controvertida La ruta natural debajo del brazo –que podéis ver en este mismo blog dentro de la sección ‘El Corto de la Semana’– y su fulgurante salto a Hollywood con su incomprendida ópera prima Infectados (Carriers) –aparente cinta de terror zombie con más reflexiones metafísicas que ‘caminantes’ por fotograma- , los hermanos Àlex y David Pastor debutan en el cine español con Los últimos días, un film que continúa la línea postapocalíptica con la que debutaron en el largometraje, y en la que una extraña enfermedad de origen desconocido y de naturaleza poco clara –no se sabe si el mal que produce es psicológico, fisiológico o una mezcla entre ambos- provoca una agorafobia generalizada en todos los rincones del planeta, impidiendo a la gente salir al exterior…

Más de uno, seguramente, habrá pensado ya en aquella magnífica e inquietante obra maestra de Luis Buñuel, El ángel exterminador (1962), llevando aquí un planteamiento similar a límites mucho más globales. Algo de claustrofobia se pierde de manera inevitable –de la mansión de los ricos de aquélla pasamos a grandes edificios, centros comerciales y túneles de metro- , pero la sensación de angustia se mantiene, e incluso en algunos detalles se acentúa: en esta contemporánea sociedad de la comunicación, estar sin teléfono móvil o sin señal en el GPS es comparable a vagar por un vasto desierto. Y aún encontramos más referencias fácilmente reconocibles en esta película: cinematográficas –de El último hombre… vivo (Boris Sagal, 1971) y su reciente remake, Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007), a La carretera (John Hillcoat, 2009), pasando por la soberbia Doce Monos (Terry Gilliam, 1995)-  ; televisivas –las series The walking dead o Falling Skies– ; e incluso literarias –la novela de Daniel H. Wilson Robopocalypse, cuya adaptación fílmica de la mano de Steven Spielberg se ha suspendido sine die– . Tampoco ayuda la presencia de la siempre competente Marta Etura en el reparto, cuyo personaje –y sobre todo, algunos de los flashbacks en los que ella aparece- recuerdan demasiado a su premiada aparición en Celda 211 (Daniel Monzón, 2009)

Por suerte, Los últimos días es bastante más que un cóctel de lugares comunes dentro de este subgénero: la puesta en escena es bastante espectacular –destacando esas impresionantes tomas generales de una Barcelona desértica- , el ritmo narrativo es eficaz, la banda sonora es soberbia –Fernando Velázquez se consagra aquí como uno de los mejores compositores españoles actuales, tras el merecido éxito de su score para Lo imposible (J. A. Bayona, 2012)- y los actores cumplen con nota, en especial esa pareja de compañeros a la fuerza que forman Quim Gutiérrez y un magnífico Jose Coronado –que vive, desde hace unos años, el mejor momento de su carrera profesional- , cuya relación derivará en una sólida amistad. ¿Qué falla entonces? Quizá no sea culpa ni de la propia película ni de sus realizadores; pero, como comentaba anteriormente, estos últimos años han surgido demasiadas propuestas de género similar, y quizá hoy día dicho género esté excesivamente saturado. Son tiempos difíciles y complejos para todos, y es comprensible que autores, cineastas y demás artistas coincidan en encontrar su inspiración en un no muy lejano reset de nuestra agotada y decadente civilización.

los-ultimos-diasSorprende, eso sí, que bajo su apariencia de angustioso espectáculo se esconde una velada fábula con tintes pseudorreligiosos, ya que, al clarísimo alegato a favor de la familia como núcleo fundamental para la salvación del individuo –los personajes se mueven en busca de sus seres queridos- y de la Humanidad misma -moraleja: nuestro tiempo, y el de nuestros padres y abuelos, se ha agotado, tendrá que ser otra generación la que le ponga remedio a esto- , los protagonistas –un Adán en busca de su Eva y un Jesús en busca de su Padre- han de subir y bajar por las diferentes dimensiones bíblicas: desde la Tierra –la oficina, el apartamento- hasta el Paraíso –el último edificio- , pasando por el Limbo –los túneles del metro- , el Cielo –ese rascacielos desde cuya altura, como dioses del Olimpo, ven el mundo arrasado- y un breve descenso a los Infiernos –el supermercado- . Matices todos estos que al espectador que busque puro entretenimiento palomitero seguramente se le pasará por alto, pero que a mí, sin resultarme ni mucho menos adoctrinadores, sí que me han llamado especialmente la atención…

Más esperanzadora y más redonda que la reciente Fin (Jorge Torregrossa, 2012) –que partía de un planteamiento quizá algo menos trillado pero mucho peor resuelto- , Los últimos días es un film tremendamente entretenido e interesante, de factura eficaz e intachable, y que, seguramente, se revalorizará con el paso del tiempo.

Recomendado para aficionados a fábulas y parábolas.

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