R.I.P.D. Departamento de Policía Mortal

La peor película… ¿de la década?

Hay proyectos que no es que nazcan muertos; es que, directamente, uno no sabe cómo han podido terminar convertidos en película. Los hay fallidos, erróneos, cutres, equivocados, torpes… en muchos de ellos, a pesar de sus garrafales e incomprensibles patinazos, tiendo a intentar verle el lado bueno: “el planteamiento era majo, pero la duración es excesiva”; o “toca demasiados géneros y no se decanta por ninguno”; o “la realización es un espanto, pero al menos hay un personaje que mola”… suelen ser algunos de los argumentos más habituales. Pero, ¿qué pasa cuando todo, absolutamente todo en una película, desprende una aberrante parsimonia y desgana, amén de una evidente falta de criterio cinematográfico en todos y cada uno de sus aspectos?

Así es, del primer al último fotograma, R.I.P.D. Departamento de Policía Mortal, que, a partir de la novela gráfica de Peter M. Lenkov –también guionista y productor de las televisivas CSI, 24 o Hawaii 5.0, así como de aquél jovial divertimento llamado Demolition Man (Marco Brambilla, 1993)- , se saca de la manga una aparente buddy movie de esas que tan populares se hicieron en el cine americano de los ochenta –ya sabéis, ese de polis colegas- pero con trasfondo sobrenatural y retazos de comedia fantástica. Y digo aparente porque nada, absolutamente nada de eso funciona en este terrible film: ni la pareja de cops del más allá funciona con química alguna –un pasadísimo Jeff Bridges y un pasmado Ryan Reynolds– , ni el guion tiene peso alguno, ni, lo que es peor –y una auténtica condena para el espectador- : para ser comedia no tiene ni pizca de gracia.

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Bridges y Rynolds: matando (de aburrimiento) al respetable…

No debería extrañarnos si quien firma esto es el alemán afincado en Hollywood Robert Schwenke, responsable de cosas tan inverosímiles como Plan de vuelo: Desaparecida (2005) o de aquella tomadura de pelo titulada Red (2010). Ahora, lo que no me esperaba era que R.I.P.D. fuese a ser una descarada copia de M.I.B. Men In Black (Barry Levinson, 1997), pero con monstruosos fantasmas en CGI en vez de marcianos, y ciertos lugares sobrenaturales demasiado comunes –no sin esfuerzo habrá momentos, detalles y situaciones que os suenen de Los cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984) o Ghost (Jerry Zucker, 1990)- . Muy sutil, sí. Y ni que decir que los deformes villanos parecen personajes descartados de La Liga de los Hombres Extraordinarios (Stephen Norrington, 2003) o de Van Helsing (Stephen Sommers, 2004), por no mencionar a un sobradísimo Kevin Bacon que, ya desde su primera aparición, queda claro que será el malo malísimo de la función…

Elementos todos estos, y otros más que me niego a darles bola, que hacen que este film sea no ya el peor del presente año –me sorprendería que de aquí a Nochevieja se estrene en nuestra cartelera algo más lamentable- , sino de lo que va de década e incluso del presente siglo. Así, como suena. Habrá quien piense que soy cruel e incluso descarnado, pero soy incapaz de recordar cuando fue la última vez que salí tan encolerizado e indignado de una proyección. R.I.P.D. no es que sea una mala película: es, directamente, una tomadura de pelo. Y no está el patio como para perder tiempo ni dinero con semejante estupidez. Lamentable.

(Por primera vez en este blog, no voy a recomendársela a nadie. Ni a mi peor enemigo, vamos…).

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