The Master

Complejo y apasionante rompecabezas.

Enfrentarse a una nueva película de Paul Thomas Anderson es todo un ejercicio de paciencia, análisis e investigación casi casi forense de cuanto nos cuenta y quiere contar este director estadounidense mediante el arte cinematográfico. Y sí, he empleado con plena consciencia el término con el que abro este artículo: enfrentarse. Porque no nos engañemos: el firmante de Boogie Nights (1997) o Pozos de ambición (2007), entre otras, no es precisamente un autor fácil, y no es de extrañar que más de uno o una asista con cierto recelo a cada nuevo trabajo del director de Magnolia (1999).

The Master, la película que estrena estos días en nuestro país, sigue cayendo en algunos de los vicios, si se me permite la expresión, que se hacían notables en los títulos anteriormente mencionados: un ritmo narrativo excesivamente pausado, casi anodino –hasta la extenuación, en algunos momentos puntuales- , un metraje quizá demasiado alargado –ciento cuarenta y cuatro minutos, en este caso- y su tendencia a recrearse, a veces de manera abusiva, en los silencios, los gestos y las miradas de los personajes, reduciendo los diálogos al mínimo imprescindible. Sin embargo, debo decir que, en esta ocasión, estos peros se me han hecho casi insignificantes, superficiales, dado que, una vez finalizada la proyección, a poco que uno se detenga a pensar en lo que nos cuenta, y sobre todo cómo lo cuenta, podrá atisbar una pieza brillante, un diamante en bruto, bajo capas y capas de sutilezas y segundas lecturas. Anderson no cuenta: sugiere, susurra, y tras una primera impresión algo desconcertante –sustentada, sobre todo, por esos extraños flashbacks que nunca quedan claro si lo son- , podremos descubrir una pieza sobresaliente, sobre todo desde el punto de vista menos evidente.

Y es que precisamente sobre eso va The Master: mostrarnos los orígenes de un movimiento como la Cienciología –aunque no se aluda a ella explícitamente- no es más que una excusa para ilustrar el perverso funcionamiento de todos aquellos sistemas piramidales basados en dogmas y creencias indiscutibles establecidos por un líder o maestro –ya sean grandes corporaciones capitalistas o regímenes políticos- y que se basan en la fe ciega y el entusiasmo inconsciente de aquéllos pobres diablos que les siguen sin discusión alguna buscando desesperadamente aliento o apoyo ante los vaivenes de una sociedad –en este caso, la América post-IIGM, aunque perfectamente podría trasladarse a nuestra inestable actualidad- que no les proporciona solución alguna a sus males.

The MasterMerece un punto de atención el espléndido trabajo de sus dos actores protagonistas. Joaquin Phoenix (Freddie Quell) es un exsoldado descarriado y alcohólico, de mentalidad inestable y tendencias sociópatas, un personaje incómodo y molesto desde la primera escena pero que, asombrosamente, nos produce a la vez rechazo y curiosidad; la misma que siente Philip Seymour Hoffman (Lancaster Dodd), el susodicho Maestro, quien le acoge entre sus acólitos y familiares cual mesías amable pero rígido a la vez, fascinado por tan impredecible personaje. Es muy ilustrativo el recorrido vital que hacen ambos personajes, ya que van paralelos y a la vez en sentidos opuestos: cuando conocemos a Freddie, es un superviviente nato, inestable e impredecible, pero que no se arruga ante nada ni ante nadie, mientras que Dodd parece agotado, vencido y sin más objetivo que seguir compartiendo pacíficamente su Causa a quien le quiera escuchar; al final del relato, y tras un larguísimo periplo vital –que se desarrolla, curiosamente, en tan sólo unos pocos años- , Freddie se nos muestra prematuramente envejecido y renqueante –física y psicológicamente- , mientras que Dodd se encuentra en su plenitud espiritual y de liderazgo, habiendo publicado una segunda biblia de su movimiento, sin nadie que ponga en entredicho sus decisiones –su hasta entonces altiva esposa, Amy Adams, queda relegada a un segundo plano, como una vulgar lugarteniente- , abriendo sucursales de su movimiento en el extranjero y, sobre todo, habiendo alcanzado la cima a base de palabra… y de imponer cierta disciplina amenazante y autoritaria –la escena de la discusión con una seguidora (Laura Dern) que pone en entredicho una línea de su manual es, para mí, del todo significativa- , una característica esta que parece haber aprendido -¿o absorbido?- de su errante discípulo…

Como digo, The Master no es en absoluto una película sencilla de ver, pues está plagada de sutilezas, de pequeños mensajes escondidos en el subtexto de una historia a la que le cuesta avanzar según los parámetros establecidos por la narrativa cinematográfica actual –y a la que, como digo, le puede entorpecer ciertas escenas cronológicamente difíciles de ubicar, formando un complejo pero apasionante rompecabezas- ; una cinta que hay que ver con paciencia, con mentalidad abierta y que invita a la reflexión más profunda. Todo un reto en los atropellados tiempos en que vivimos.

Recomendado para cinéfilos pacientes.

One Reply to “The Master”

  1. Acabo de verla, y la verdad… he llegado al final a duras penas. No he conseguido entrar en ella a pesar del impresionante trabajo de los dos protagonistas (aquí sí, nada que objetar). Francamente, no he sido capaz de engancharme a una historia sin estructura, con unos personajes a los que ni entiendo al principio ni entiendo al final, con un relato que avanza a empujones hacia ninguna parte, y con tantas decisiones tan poco claras.

    Voy a ver si encuentro una de Stallone para compensar.

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