Big Hero 6

Cómo entrenar a tu robot.

Creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión, pero por si acaso, lo volveré a decir. Cuando voy al cine a ver una película cuyo target objetivo es el público infantil, no sólo me guío por las sensaciones que en mí produce, sino también por lo que percibo en el patio de butacas. Si veo que los chavales están entretenidos, que disfrutan y se divierten, sin duda el film ha merecido la pena; si, como a veces también ocurre, éstos se pasan toda la proyección saltando, yendo de un lado a otro, hablando, quejándose, correteando por pasillos y escaleras… definitivamente, la cinta no funciona.

Big Hero 6, la nueva propuesta de animación 3D de la casa Disney, no propone nada nuevo. Ni al espectador adulto, que encontrará múltiples y evidentes referencias cinéfilas –esa bici tipo Tron (Steven Lisberger, 1982); esa ambientación futurista-oriental a lo Akira (Katsuhiro Ôtomo, 1988); esas compuertas idénticas a las de Stargate (Roland Emmerich, 1994); hasta un gag sacado directamente de Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984)- , ni a los más jóvenes, que, a poco que hayan visto películas como Los Increíbles (Brad Bird, 2004) o Cómo entrenar a tu dragón (Dean Deblois & Chris Sanders, 2010), encontrarán ciertas situaciones o personajes que les pueden sonar a ya conocidos. Huelga decir, por tanto, que los dos realizadores que firman esta producción, Don Hall y Chris Williams -hasta ahora, guionistas en nómina en la casa del tío Walt y responsables, cada uno por separado, de Winnie the Pooh (2011) y Bolt (2008), respectivamente- , tampoco han querido arriesgar mucho, apostando sobre seguro a unos ingredientes que saben de sobra que van a funcionar –golpes de humor, mucho ingenio, trama fácilmente comprensible, vertiginosas y sorprendentes escenas de acción-, sin quebrarse demasiado la cabeza, y confiando plenamente en el brillante trabajo de artistas y animadores.

Big-Hero-6-fotograma
El equipo, convenientemente tuneado.

Sin embargo, y sin que pueda servir de precedente, en este caso se les puede perdonar ya que la cinta se sostiene, no sin dubitativos equilibrios, sobre ese entrañable, divertido, ingenuo y achuchable androide con forma de globo, que protagoniza las más brillantes secuencias de la película y que provocan el deleite tanto a chicos como a mayores –la huida del almacén; la autorreparación con cinta adhesiva; los efectos etílicos que producen en el robot el agotamiento de sus baterías- . Big Hero 6 no es, ni más ni menos, que una caricatura preadolescente de los cómics Marvel, bastante divertida por momentos, con sus superhéroes de dispares personalidades unidos frente a un malvado villano. Pero cuando, finalizada la proyección, oyes a la chavalería diciendo aquello de “yo me pido ser…”, te das cuenta de que el film quizá no convenza del todo, pero indudablemente funciona.

Recomendado para espectadores joviales.

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