El árbol magnético

Dos días con la familia.

Siempre que me siento ante una propuesta con reducidos medios de producción y escasa repercusión comercial –de esas que podríamos denominar indie español, o mejor aún, baratometraje– , tiendo a ser más complaciente o benévolo en ciertas cuestiones de tipo técnico, sabiendo que, el no haber podido contar con más posibilidades no quiere decir que la obra en cuestión no tenga potencial suficiente para presentarnos a un grupo de cineastas o actores en ciernes.

Sin embargo, no deja de ser paradigmático que, allí donde más se esfuerzan este tipo de proyectos –es decir: en guion, ingenio, frescura en la puesta en escena, etc- , es precisamente donde más patina El árbol magnético, coproducción hispano-chilena que supone el debut en la dirección de largometrajes de Isabel de Ayguavives tras haber firmado los cortos La valiente (2004), El castigo (2006) y Penfield (2011). Quiero decir que, en casos como este, soy capaz de hacer un poco la vista gorda ante ciertos fallos de raccord de iluminación –que los hay- o que el registro sonoro sea manifiestamente mejorable –un mal éste que acucia cada vez más al cine español, ya sean grandes o pequeñas producciones- ; pero si la base es un libreto que no cuenta prácticamente nada, cuya moraleja no se entiende –o apenas se percibe- y que se limita a contemplar plácidamente cómo una familia de clase media comparte techo, mesa y mantel durante un fin de semana campestre, el resultado es cualquier cosa menos trascendental o siquiera atractivo.

El-Arbol-Magnetico

Decid patata… o papa…

¿Qué nos quiere contar Ayguavives en esta película? ¿La desestructuración de la sacrosanta institución familiar, que bajo la apariencia de camaradería y fidelidad cada uno arrampla con lo que puede en una casa que va a ser puesta en venta? Se atisba cierta hipocresía en este heterogéneo grupo, que adulan a una abuela que es casi un objeto decorativo mientras parecen repartirse la herencia aun estando la anciana con vida, pero a la cinta le falta algo más de crítica, de mala leche, y es demasiado amable con una suerte de personajes que, aunque rebosan una manifiesta naturalidad, parecen dibujados de un solo trazo, cuando no resulta prácticamente prescindibles –hay algunos que, directamente, parecen ser un simple relleno- . Tampoco termina de cuajar esa relación entre lo platónico y lo incestuoso entre la joven protagonista (Manuela Martelli) y el primo emigrado a Alemania con actual residencia en España (Andrés Gertrúdix). Y el árbol al que hace referencia el título no deja de ser una anécdota, una mera curiosidad entrañable pero intrascendente tanto para el pasado como para el presente y futuro de los personajes.

La frescura y el carisma de los actores y algunos escenarios ciertamente impresionantes –ese maravilloso bosque con río cristalino- son las mejores pero insuficientes bazas de una cinta a la que le falta garra, valentía y un plus de originalidad. Será que en ella, como en la vida, hay cosas que nunca cambian… o que yo no he sido capaz de verlas.

Recomendado para públicos contemplativos.

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