Ant-Man

Algo pequeñito

Decía Spielberg en una entrevista publicada hace pocas fechas que el cine de superhéroes terminará por desaparecer. Parto de la base de que el maestro sabe bastante más que yo del oficio este de hacer películas, pero dudo que realmente vaya a extinguirse este género, como tampoco se evaporaron los westerns, las películas ambientadas en la II Guerra Mundial, las parodias fílmicas o los dramas carcelarios. Pero sí que es verdad que tanto mutante, vengador, caballero oscuro y demás delfines de la justicia –y esperad, que todavía han de llegar unas cuantas más durante el próximo año- ya está empezando a horadar severamente nuestra capacidad de sorpresa, regocijo, disfrute y jolgorio ante estos cómics de la gran pantalla en imagen real –o todo lo real que nos permite el CGI- .

En otro tiempo, en otra época, Ant-Man (Peyton Reed, 2015) hubiese sido una excelente propuesta de cine de barrio para disfrutar de lo lindo con las palomitas, la coca-cola y la pandilla de amiguetes en una primera sesión de domingo por la tarde. Lástima que nos cueste tanto verla con ojos adolescentes, y el problema no es tanto de la propia película, a la que no se le pueden achacar la falta de un protagonista con cierto carisma –y que, por fin, no es un shakesperiano con conflictos interiores, sino un tipo normal y corriente- , o no tener un villano a la altura, sus divertidos y eficaces efectos especiales o el mimo y respeto hacia el original de Stan Lee y Jack Kirby -proponiendo una suerte de sentido homenaje por encima de la típica adaptación cinematográfica-; no, pesa más la saturación –por no decir hartazgo- que tenemos ya con tanto superhéroe enmallado. Y es que aún no hemos terminado de digerir una y ya nos están bombardeando con los tráilers de las siguientes…

ant-man foto

Paul Rudd, cara de circunstancias.

Tampoco ayuda mucho que la primera parte del guion nos haga pasar por el demasiado habitual peaje de secuencias-de-transición-para-ver-cómo-el-héroe-entrena-y-se-adapta-a-sus-superpoderes -obtenidos esta vez no por la picadura de un insecto radiactivo, la exposición a rayos gamma o un experimento fallido, sino por un ingenioso súper-traje- . Sí, entiendo que en la ¿primera entrega de una nueva saga? sea necesario dicho impuesto revolucionario, pero está tan, tan trillado, que puede resultar algo anodino.

Ant-Man no es una mala película, tiene sus justas dosis de ingenio, fantasía, humor y aventuras, y su gran virtud es no querer reinventar ni al género ni al personaje, no tomarse demasiado en serio a sí misma y ofrecerse tal y como es: un eficaz entretenimiento palomitero. Seguramente, cuando pase toda esta moda de aquí a unos años y nos hayamos olvidado un poco de esta fiebre, la paladee con mayor provecho.

Recomendado para curiosos del tebeo.