Cenicienta

… Y comieron perdices.

Cuando Steven Spielberg afrontó a principios de los años noventa del pasado siglo su particular versión de Hook (1991), intentó hacerlo desde una perspectiva lacónicamente adulta, esa en la que la edad nos impide soñar con los ojos abiertos y donde los cuentos de hadas no dejan de ser charlatanería infantil sin fundamento. Ese descreimiento inicial –que luego Spielberg convertía sin rubor en una muy blandita y algo sonrojante fábula prepúber- , ha sido un punto de partida para algunas de las adaptaciones de candorosas narraciones clásicas al cine de imagen real que hemos visto en nuestras pantallas durante los últimos tiempos –de un plumazo se me vienen a la mente Blancanieves y la leyenda del cazador (Rupert Sanders, 2012); Hansel & Gretel: cazadores de brujas (Tommy Wirkola, 2013); o Maléfica (Robert Stromberg, 2014)- y que han funcionado con relativo éxito en la taquilla. ¿Y han desbancado acaso el recuerdo que todos, niños y mayores, tenemos con cierto cariño de las más enternecedoras pero igualmente inolvidables versiones animadas? Eso sí que no. Entonces, puestos a repetir la fórmula, hagámoslo tal cual, sin cambiar prácticamente una coma.

Y esto que digo debe ser el ‘nuevo’ maná del blockbuster hollywoodiense, ya que, a esta Cenicienta en imagen real que firma nada menos que el británico Kenneth Branagh, pronto se le sumarán La Bella y la Bestia de Bill Condon –con Emma Watson, Luke Evans, Ian McKellen y Ewan McGregor en el reparto- , que comienza a rodarse este mismo mes de mayo con vistas a estrenarse en 2017, o el anunciado Dumbo, que aún no tiene elenco ni fechas pero del que se rumorea que podría estar interesado en tomar las riendas el mismísimo Tim Burton. Branagh, antaño un apasionado realizador capaz de atraparnos con versiones shakesperianas y con ciertas propuestas ‘de autor’, se ha diluido con el tiempo en encargos alimenticios de poca personalidad –Thor (2011); Jack Ryan: Operación Sombra (2014) o el innecesario remake de La huella (2007)- , pero aún me cuesta comprender su presencia tras las cámaras de esta nueva adaptación del clásico de Charles Perrault que, salvo en uno o dos detalles, es exacta a la que la misma casa Disney ya produjo en 1950.

cenicienta
“¿Eres tú el príncipe azul que yo soñé?”

Es cierto que aquí se incide en los orígenes ‘algo’ humildes de la joven protagonista –y digo ‘algo’ porque de la mansión, las tierras y la servidumbre no se priva la familia de la muchacha- , así como en esa algo turbia conspiración orquestada entre la madrastra (Cate Blanchett) y el Gran Duque (Stellan Skarsgård) –con corruptelas propias de nuestra política doméstica actual- ; pero, en resumen, esta Cenicienta 2015 cumple con todos y cada uno de los cánones ya sabidos y conocidos del relato tradicional, cayendo incluso en tópicos algo trasnochados y misóginos -¿de verdad las niñas de hoy siguen soñando/aspirando a casarse con un príncipe azul que las jubile prematuramente?- . Si la propuesta a priori causa pereza, el resultado final no ofrece nada novedoso –salvo las escenas de transformación y ‘destransformación’ de carroza y séquito mágicos, muy bien diseñadas- . O eso o es que yo, como el Robin Williams del comienzo de Hook, he dejado ya de creer en eso del “y comieron perdices”

Recomendado para públicos infantiles.

 

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