Terminator Génesis

Ctrl+Alt+Supr

A Hollywood, definitivamente, se le está escapando de las manos tanto reboot y tanta reinvención impostada. No discuto la resurrección de Batman de la mano de Christopher Nolan o el interesante replanteamiento, con los marcados rasgos de Daniel Craig, de todo un icono como James Bond, pero los precipitados (y fallidos) resets de Spider-Man o Los cuatro fantásticos deberían ponernos ya sobre aviso de que no vale con cambiar la cara a los protagonistas y darle un tamiz supuestamente noir. Que tiene que haber algo más detrás: de entrada, una razón que justifique estos experimentos con gaseosa. Pero no. Ahora han ido a por Terminator; dudo que el antaño imbatible cyborg salga de esta.

Como cuando Bryan Singer obvió deliberadamente las dos últimas y lamentables entregas ochenteras del héroe de Krypton para situar la historia de Superman Returns cronológicamente tras Superman II, Alan Taylor (Thor: El mundo oscuro) intenta hacernos creer que Terminator 3 (2003) y Terminator Salvation (2009) no existieron, que solo fueron un mal sueño, y no solo sitúa su Terminator Génesis (2015) en el timeline tras los films de James Cameron, sino que lo trufa de guiños a las dos primeras películas y, a la vez, formatea la mitología y nos dice que eso ya no vale, que solo era un ensayo, que volvamos a empezar.

Terminator-Genesis-1024x682
“A ver, haznos un mapa porque yo no me aclaro…”

Ponernos de entrada a hablar de las incongruencias y paradojas temporales en las que cae este ¿tercer? ¿quinto? episodio de la saga, ya desde sus primeros minutos, sería más que suficiente para no tomarse muy en serio la propuesta. Ojalá hubiese sido así; ojalá nos hubiésemos encontrado ante una cinta divertida, emocionante, espectacular, mitómana, carismática, con unas cuantas buenas secuencias de acción y que eliminara ese postureo trascendental que lastraban en buena medida las pelis de Jonathan Mostow y McG. Pero resulta que carece de sentido del humor –no me valen unas cuantas muecas del incombustible Schwarzenegger– , es completamente previsible, los efectos CGI no impresionan tanto como aquellas espectaculares maquetas de los años ochenta y noventa, matan el espíritu de John Connor, a Jai Courtney y Emilia Clarke –más a él que a ella- les quedan grandes sus personajes, es difícil seleccionar una set-piece verdaderamente impactante y del postureo hemos caído en el extremo contrario, la banalización.

Dos detalles salvan de la quema total a la película: la muy verosímil nueva rebelión de las máquinas que propone –nada de complicados softwares militares, la verdadera invasión vendrá a través de los pequeños microprocesadores domésticos: móviles, tablets, Smart-tvs…- y el cierre autoconclusivo y, me atrevo a decir, definitivo de la serie, sin ninguna arista por la que hilar más forzadas secuelas. Claro que, conociendo Hollywood, esta afirmación seguramente sea demasiado osada. Tiempo al tiempo.

Recomendado para incondicionales del serial ‘terminatero’.

[Especial: De robots asesinos y profecías bélicas]

Anuncios