Caricatura hueca del desmadre televisivo

Álex de la Iglesia vuelve a poner la mirada sobre el mundo de la televisión para ofrecernos un hilarante desmadre con algunos aciertos -el impagable Jaime Ordóñez, el gran duelo dialéctico entre el recuperado Raphael y el habitual Carlos Areces– y brillante en su forma, pero bastante hueco en su fondo: mucha caricatura, sí, pero de cartón-piedra, sin apenas lugar para la carcajada sincera ni la crítica subversiva. Mucho desmadre, sí, pero algo inconsistente en esta Mi gran noche (2015)… [leer crítica en Cultura En Guada]

‘Akelarre’ a la bilbaína

El último film de Álex de la Iglesia, Las brujas de Zugarramurdi (2013), es el más lustroso ejemplo de su ya dilatada filmografía: una acumulación de excesos técnicos, situaciones apabullantes, personajes estrafalarios, redundantes onomatopeyas y lujosos efectos especiales al servicio de un rocambolesco delirio. Todo un deslumbrante pero vacuo fuego de artificio salvaje y desmedido al que se apunta una larga nómina de actores, algunos más afinados que otros: Carmen Maura, Terele Pávez, Hugo Silva, Mario Casas, Jaime Ordóñez, Enrique Villén, Pepón Nieto, Secun de la Rosa, Carolina Bang, Macarena Gómez, Santiago Segura, Carlos Areces y María Barranco, entre otros, se dan cita en esta fiesta de hechicería y maleficios… [leer crítica]

El Corto de la Semana: “Allanamiento de morada”

Esta semana os propongo irnos nada menos que al año 1998: Mateo Gil ya empezaba a hacerse un nombre como guionista -gracias a sus participaciones en Tesis (1996) y Abre los ojos (1997), ambas co-escritas y dirigidas por Alejandro Amenábar- y debutó como realizador con este Allanamiento de morada, donde dos vendedores sin escrúpulos –Eduardo Noriega y Pepón Nieto– intentan colocarle una enciclopedia a una pobre ama de casa -fabulosa Petra Martínez– .

Sátira y mala leche bien dosificados en este Corto de la Semana

Amarga resaca de la ‘movida’

Días contados (Imanol Uribe, 1994) fue la primera peli española que vi en una sala cinematográfica; un film que en su día me impresionó, y que hoy, casi dos décadas después, no sólo no ha perdido un ápice de crudeza o realismo, sino que ha quedado como fiel retrato de una sociedad en decadencia y sin horizonte ni futuro a las puertas del nuevo milenio. Un Clásico del s. XX que se llevó ocho premios Goya en 1995… [leer crítica]