Orgulloso de ser ‘Moderno’

El 5 de octubre de 2012, más de mil personas acudían a la calle Benito Chávarri de Guadalajara para hacer cola ante unas puertas y una taquilla que no se abrirían hasta veintinueve meses después. El verano había pasado, el Teatro Moderno había sido cerrado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha aprovechando el ‘despiste’ estival -como si a la vuelta de las vacaciones no fuésemos a darnos cuenta- y era la primera convocatoria de las muchas que vendrían después organizada por los Amigos del Moderno -primero como plataforma ciudadana, luego como asociación cultural- .

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Cartel de la primera convocatoria de AAM (octubre 2012). Acudieron más de mil ciudadanos.

Ya entonces escribí un artículo -publicado en el tristemente desaparecido diario digital Lacomunid@d.info y en este mismo blog- en el que reconocía sentirme emocionadamente orgulloso de la respuesta espontánea y pacífica por parte de los ciudadanos que se negaban a aceptar que este pequeño y coqueto teatro tuviera que echar el cierre y ser privatizado sí o sí -palabras textuales de Marcial Marín, quien en estos tres años ha demostrado ser el consejero de cultura más ineficaz e incompetente de cuantos han pasado por la administración regional- , negando el disfrute de un espacio público tanto para espectadores como para artistas, colectivos y asociaciones que de manera regular venían desarrollando allí, a falta de un centro cultural, múltiples actividades.

Como sabéis, el pasado martes 3 de marzo de 2015, treinta y dos meses y casi mil días después de la última función que se llevara a cabo a mediados del 12, Marín, Cospedal y Román, entre otros, sí pudieron disfrutar de la tan cacareada súperapertura del Teatro Moderno -en un acto con medios gráficos, pero sin preguntas- . Junto a ellos, alrededor de un centenar de invitados –se reservó medio aforo para los amiguetes– y aproximadamente un número similar de vecinos y vecinas que, estos sí, habían tenido tiempo de pasar por taquilla y pagar su localidad religiosamente antes de que el protocolo colgara el ‘no hay billetes’. Y al mismo tiempo que éstos disfrutaban del concierto de Ara Malikian sobre las tablas, nosotros, los Amigos y Amigas del Moderno, nos citábamos a pocos metros, en un cercano bar -el Porta Gayola– que tuvo a bien acoger nuestra particular fiesta y brindis por un objetivo ya conseguido: la recuperación y reapertura del Teatro.

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La Taberna Porta Gayola se quedó pequeña para acoger a tantos Amigos del Moderno. Foto (C) Mausba Foto / AAM.

Durante toda la velada -que los más golfos prolongaron hasta bien entrada la madrugada-, aunque se agolpaban risas, abrazos, felicitaciones y mucho humor gracias a esos versos y estribillos dirigidos por la gran Estrella Ortiz, a esa parodia esperpéntica (¿o quizá no tanto?) obra de Ultramarinos de Lucas y a la animada música del grupo El Artista del Hambre, en el ambiente en general y en los corrillos en particular se respiraba una cierta atmósfera extraña, un sabor agridulce, una sensación de amarga victoria y dulce derrota. ¿Habían servido para algo tantos meses de lucha y de reivindicación en la puñetera calle? Sí, rotunda y contundentemente; si los ciudadanos no se hubieran juntado una tarde de agosto en la Plaza del Concejo cuando surgieron las primeras noticias y si la AAM no se hubiera constituido, estoy convencido no sólo de que el Teatro seguiría cerrado, sino que las administraciones lo hubieran dejado morir, pudrirse y, al cabo del tiempo, se lo hubieran llevado por delante. Y al Ateneo, de paso, también.

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Ultramarinos de Lucas, como los Hermanos Cojoni, y su particular “reinauguración”. Foto (C) Mausba Foto / AAM

Pero claro, somos nosotros, la ciudadanía -esos a los que el alcalde nos llamó despectivamente “los que se arrogan la patente de defensores de la cultura”– los que hemos clamado y trabajado porque no se olvidara este espacio singular de la ciudad, para que ahora vengan otros, los gorrones que decía Rubén Madrid, a colgarse la medalla, a hacerse la foto, a recoger alabanzas de palmeros incondicionales y medios de comunicación afines. Como dijo Susana Martínez aquella misma mañana en la SER: “han pesado más las elecciones que la presión de la gente”. Y esto, se quiera o no, deja un pequeño pero muy incómodo poso en las tripas, como de haber hecho un trabajo sucio para que vengan ahora los señoritos a sacar pecho sin agradecer nada y, por supuesto, sin dejar de mirarnos por encima del hombro.

A pesar de todo esto –de nuestros políticos y de su arrogancia- creo que debemos estar felices y sentirnos orgullosos. Fuimos muchos, muchísimos, los que acudimos el martes por la noche a brindar por la reapertura y por los Amigos del Moderno. Y, aunque queden unos pocos que no lo quieran ver, mucha gente en esta ciudad y en esta provincia sabe que el mérito de que este edificio -y lo que representa- no muriera en esta legislatura fue de unos cuantos centenares de amigos de la cultura que, sin desprestigiar a nadie y sin exigir carnets, colores ni afinidades políticas, mantuvo vivo el recuerdo del Teatro.

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Algunos Amigos del Moderno celebrando el Premio de Cultura otorgado por la APG en 2014. Foto (C) Mausba Foto / AAM

Quiero dedicar unas líneas a quenes hasta hace unos años sólo eran caras anónimas, gente sin nombre con la que simplemente me cruzaba de manera ocasional en alguna sesión del Cineclub o en el Maratón de los Cuentos, y que se han convertido en grandísimos compañeros y amigos durante todo este periplo. Que nadie me malinterprete, pero si algo bueno me ha dado el cierre del Teatro ha sido la oportunidad de conocer y trabajar codo con codo junto a gente increíble. Me gustaría nombrarlos a todos, pero como sé que me voy a olvidar de alguno, mejor no lo hago. Pero sabéis que esto va por vosotros, ‘modernos’.

Punto y aparte. Se cierra un capítulo. Quizá el siguiente, que empezará a escribirse ahora, trate sobre cómo el Moderno volvió a ser un espacio libre, abierto y plural para el uso disfrute de todos, y no solo de unos pocos.

Continuará.

Cultura por encima de nuestros políticos

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Nuevo rótulo del Teatro Moderno / Foto (C) Belén Sánchez Higueras.

En apenas unas horas, esta misma tarde, el Teatro Moderno abrirá sus puertas treinta y dos meses, casi mil días, después. Y tras casi tres años de constante reivindicación y pacífica lucha por parte de los ciudadanos de Guadalajara, sólo unos pocos tendrán el privilegio de poder asistir a esta primera función, la esperada súperinauguración que tantas veces anunció el consejero de cultura, ya que las apenas cien localidades que se pusieron en venta anticipada volaron en unas pocas horas. Cien butacas: menos del cincuenta por ciento del aforo total. Se dice pronto.

Las otras ciento y pico irán destinadas, por supuesto, a invitaciones protocolarias. Invitaciones que seguramente no incluirán a ninguno de los más de cuatrocientos veinte socios de la Asociación de Amigos del Moderno, el colectivo surgido a partir de la Plataforma en Defensa del Teatro Moderno en verano-otoño de 2012 cuando la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, con Marcial Marín y la señora Dolores de Cospedal a la cabeza, decidieron cerrar sí o si el teatro.

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Aplaudido show de Huaja Malabares ‘en la puñetera calle’ (mayo 2013) / Foto (C) Mausba Foto & AAM

Treinta y dos meses, mil días, de falsedades, mentiras y falacias. Un tiempo en el que el Ayuntamiento de Guadalajara tampoco quiso mojarse en este tema, al menos mientras no le fue necesario. En junio de 2013, casi un año después del cierre, el alcalde sorprendió a propios y extraños anunciando que el consistorio se haría cargo de la gestión del Moderno. Sin embargo, ha tenido que llegar la inspección técnica de edificios primero y la cercanía a las elecciones municipales de 2015 después para que de verdad se pusieran manos a la obra. Por supuesto, sin contar para nada con las ofertas de colaboración por parte de la AAM, que durante todo este tiempo no cejó en sus reivindicaciones a través de innumerables iniciativas culturales: desde ciclos artísticos ‘En la puñetera calle’ hasta ‘Rutas de las Eras’ por el maltrecho patrimonio de la ciudad, pasando por proyecciones al aire libre, besadas públicas, gente haciendo cola en la taquilla, rondas navideñas y piezas audiovisuales. Ahora, abren las puertas de un teatro cuyo cierre consintieron con su silencio cómplice y organizan una programación cuando menos controvertida -ahí está la contraprogramación que le hacen al Cineclub Alcarreño los martes por la tarde- . Pero sólo hasta el 30 de mayo. Luego, urnas mediante, Dios dirá.

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Numerosísimo público con Pepe Viyuela ‘en la puñetera calle’ (octubre 2014) / Foto (C) Mausba Foto & AAM

Esta tarde, los que nos privaron del Moderno y sus acólitos posarán felices ante las cámaras, atribuyéndose el mérito de la reapertura. Lo harán con la tranquilidad de que los Amigos del Moderno, como todo este tiempo, nos quedaremos una vez más en la puñetera calle; para eso se han guardado medio patio de butacas.

La semana pasada, un amigo me pedía que le confesase, con el corazón en la mano, si me alegraba por la reapertura. Mi respuesta fue un “sí, pero”. ¿Cuál será el futuro del teatro a partir del mes de junio? ¿Es sostenible a largo plazo que el personal del Buero se encargue también del día a día del Moderno? ¿Se convertirá este inmueble en un nuevo Espacio Tyce de la ciudad? ¿Seguirá este alcalde, si continúa otra legislatura más, con su política de no atender a ciudadanos y colectivos que no le son afines?

Ebullen todas estas dudas en mi cabeza mientras dos entidades como el Cineclub y la UNED resucitan, al menos brevemente, la muy querida ‘Linterna Mágica’ el pasado sábado por la mañana. Esa misma tarde, Marta Marco y José Manuel Pizarro colgaban el ‘no hay billetes’ en el reducido Espacio Karaba, ante la avalancha de niños y mayores que querían ver su espectáculo de Cuentos y músicas del mundo. Y tan sólo veinticuatro horas después sucedía lo mismo, con lista de espera incluida, con Little Red Rinding Hood de Ultramarinos de Lucas. Curioso: mientras nuestros gobernantes realizan extraños enroques pensando sólo en la foto, los verdaderos artífices de la cultura -artistas, actores, músicos, bailarines, narradores, voluntarios…- siguen trabajando sin descanso, sin esperar mayor recompensa que el aplauso del público. Y más curioso aún: Ultramarinos y esta obra cerrarán la programación-parche del Moderno pergeñada por el Patronato el próximo 30 de mayo, pero nadie ha querido esperar a esa cita.

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Brindis por los primeros 200 socios en diciembre de 2012 / Foto (C) Mausba Foto & AAM

Mientras algunos disfrutan de la súperapertura oficial, nosotros estaremos a unos pocos metros brindando y celebrando que el teatro vuelve a abrir sus puertas. Y, sobre todo, deseando que este céntrico símbolo de la cultura alcarreña vuelva a ser, más pronto que tarde, un lugar abierto y libre para propuestas artísticas de todo tipo. Quizá ese tenga que ser el nuevo objetivo de las Amigas y Amigos del Moderno. Quizá, después de todo, tengamos que seguir en la puta calle.

Nota: en la redacción de este post he enlazado varios artículos publicados en la web de Amigos del Moderno, el diario digital Cultura En Guada y el blog El Hexágono de Guadalajara. Os recomiendo que no dejéis de leer ninguno de ellos.