FESCIGU: ¿en riesgo de extinción?

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Debate sobre el FESCIGU y el cine alcarreño. Foto (C) Mausba Foto.

No quiero ser agorero ni aguafiestas, pero si no lo digo, exploto: llevo un par de días con ciertas sensaciones encontradas en la cabeza en torno al debate del pasado miércoles en el Centro San José de Guadalajara.

He leído el (como siempre, estupendo) reportaje de Rubén Madrid en Cultura En Guada y, aunque en esencia comparto sus palabras, mi feeling es algo más pesimista. El público pudo ver y disfrutar, en su puesta de largo oficial, el magnífico corto documental FESCIGU. Detrás de la pantalla (2015), realizado por la impulsora de este encuentro y moderadora de la mesa redonda posterior, Raquel Salillas. Sin embargo, extrañé no pocas ausencias entre el patio de butacas; si bien es cierto que la casualidad quiso que este evento coincidiera en el calendario con la asamblea de socios del Cineclub Alcarreño, me sorprendió que habituales en este tipo de eventos cinéfilos no hicieran acto de presencia. No está en mi ánimo juzgarles, ya que desconozco las diferentes razones de cada uno para no asistir, pero, con sinceridad, eché de menos la presencia de algunos amigos a los que me hubiera gustado estrechar su mano.

El segundo aspecto que me dejó algo ‘tocado’ fue un tema que inevitablemente saldría a la palestra, pero que no sé si surgió demasiado pronto y si supimos manejarlo con destreza. Al menos, yo; nada tengo que reprochar ni a la moderadora ni a ninguno de mis compañeros de mesa. Pero es que, en los tiempos que corren, difícil –por no decir imposible- es hablar de cultura y no hablar de política: y así, quizá más pronto que tarde, salieron a colación el recorte de ayudas y subvenciones que el FESCIGU han ido sufriendo año tras año –y que, sin embargo, ha ido mejorando en calidad y contenidos a cada nueva edición- , del (vamos a decir “aparente”) menosprecio que este certamen sufre por parte de las instituciones y de sus responsables –algunos jamás lo han pisado en toda su vida política- y del poco o nulo apoyo que recibe como acontecimiento cultural nacional de primera magnitud, cuando fuera de nuestra provincia es reconocido como uno de los festivales de cine más importantes de nuestro país.

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Raquel Salillas, directora del documental y moderadora del debate. Foto (C) Mausba Foto.

Los datos están ahí: comenta Ramón Bernadó en su blog que Alcine, el Festival de Alcalá de Henares, no llena las doscientas butacas del Teatro Salón Cervantes y recibe una ayuda municipal de trescientos mil euros; el FESCIGU, con un número diario de espectadores muy superior y casi llenando los mil asientos del Auditorio Buero Vallejo el último día de festival, sobrevive con un presupuesto de apenas treinta mil, de los cuales poco más del cincuenta por ciento lo aporta el Ayuntamiento a través del Patronato de Cultura –en el ejercicio 2014 la ayuda fue exactamente de 16.666,67€, sin contar el espacio y el personal del Buero- . El resto, a través de patrocinadores privados –los menos- y ayudas particulares a través del crowfunding –lo más- .

¿Cómo sobrevive el FESCIGU? Pues a base de tesón, esfuerzo, trabajo y sacrificio por parte del equipo humano y organizativo del certamen, que durante los meses de ‘preproducción’ lo componen alrededor de media docena de personas pero que, durante los días de Festival, llegará a la treintena. Y lo hacen, claro, sin cobrar un céntimo. ¿Es rentable o sostenible esta situación? Para nada. Luis Moreno, director del certamen, se lamentaba no poder pagar un sueldo a su gente –“ya no digo digno, digo al menos algo que se le parezca”– , sabiendo que esto es un castillo de naipes y que no se puede seguir dependiendo de la caridad de la gente, tanto voluntarios como espectadores –muchos de los cuales no sólo pagan con gusto su entrada, sino que además contribuyen en el crowfunding- . Este año se ha lanzado la campaña ‘Apadrina un corto’, intentando implicar a empresas de la ciudad y del Corredor del Henares. Veremos a ver cómo cuaja.

Pero lo que se hace imprescindible es un mayor sostén por parte de las administraciones públicas. Y no hablo sólo del dinero. Lo dije el miércoles en público y lo vuelvo a decir aquí: hay docenas de iniciativas que se podrían llevar a cabo en la ciudad en torno al cine durante los días de FESCIGU y que costarían nada o poco más a las instituciones: desde asignar un guía turístico que realizara la tan cacareada ‘Ruta del Cine’ –de poco sirve anunciarla en una revista para Fitur si no se pone en marcha y nadie sabe que existe- hasta cubrir los gastos de cuñas y anuncios publicitarios que promocionen el certamen en la prensa local, provincial y autonómica, pasando por acuerdos con los bares de la zona para implantar una ‘Ruta de la Tapa’ cinematográfica, conveniar posibles descuentos en hoteles y restaurantes con el resguardo de la entrada o, simplemente, poner un banner permanente del festival en la web del Ayuntamiento. Son cuatro ideas improvisadas sobre la marcha, quizá funcionen o quizá no, pero que a ningún representante público de la cultura se le ha pasado por la imaginación, ya no digamos siquiera intentar. ¿Por qué? La respuesta, como siempre, vuelve a ser la obvia, así que no la vamos a repetir. Pero una cosa es indiscutible: existe una barrera invisible de incomunicación entre los gestores de lo público y los que hacemos actividades culturales. Mal asunto.

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Risas y buen rollo con el gran Pedro Solís. Foto (C) Mausba Foto.

La gente de Guadalajara quiere cine y quiere FESCIGU. Puedo dar fe de que tenemos un diamante en bruto, y mi amigo Pedro Solís, quien lleva dos años curtiéndose en eventos nacionales e internacionales gracias a Cuerdas (2013), podía haberlo dicho más alto pero no más claro: “Tenemos un festival donde los cortometrajistas se sienten queridos, y eso se nota; está de puta madre”. Pero no sé si alguien más se volvió a casa como yo, con cierto amargor derrotista: no llegan las ayudas, no entran patrocinadores y no parece haber un verdadero interés institucional; el FESCIGU 2015 corre serio peligro. Esperemos que empiecen a soplar vientos algo más favorables que los de los últimos años, o este diamante se nos caerá de las manos y se quebrará en mil pedazos.

En torno al periodismo alcarreño

Raquel Larrosa, directora e impulsora tanto del documental como del debate.

Antes de que Cañete y Valenciano se enzarzaran en un previsible cara a cara electoral, y mientras cinco candidatos europeos debatían sobre los dimes y diretes de la Unión, mucho más cerca, en el salón de actos del Centro San José, tenía lugar un encuentro quizá de menor caché, pero para muchos sin duda mucho más interesante y tangible, queriendo saber un poco más sobre lo que fue y lo que hoy es el periodismo alcarreño. La cita, convocada por Raquel Larrosa: esta jovencísima periodista, inquieta y risueña, decidió hace unos meses radiografiar a nuestro sector tomando como eje vertebral el cierre, otro más, de un medio de comunicación, en este caso el digital La Comunidad.info, de cuyo equipo la propia Raquel fue parte muy activa y en la que yo, como sabéis, estuve colaborando a través del blog 16:9– .

Este evento tuvo dos partes claramente diferenciadas. Primero, se proyectó un elaborado cortometraje documental en el que, a través de no pocos testimonios –de periodistas, técnicos, directores e incluso algún político (!?)- , se preguntaba en voz alta lo que todos nos hemos cuestionado durante los últimos tiempos –quizá en privado, quizá con la boca pequeña- : ¿por qué han caído, y siguen cayendo, medios de comunicación en Guadalajara? ¿Por qué esta profesión parece abocada al fracaso en esta provincia? ¿Por qué hoy día es tan difícil poner en marcha y sostener un nuevo medio informativo? En definitiva, ¿cuáles han sido nuestros aciertos y errores hasta llegar a la situación actual en la que nos encontramos? Ambicioso o audaz, lo cierto es que este trabajo pone el foco, con claridad y sin medias tintas, en algunas cuestiones que quizá hace tiempo que debíamos haber abordado desde dentro del gremio, cuando, no nos engañemos, preferimos mirar para otro lado cuando gozábamos de una cierta estabilidad laboral –que no vacas gordas, como en algún momento, a mi parecer de manera errónea, se ha comentado- y los problemas parecían ser de otros. ¿Recordáis el cierre La Tribuna de Guadalajara, allá por el 2007? No pusimos nuestras barbas a remojar, y así nos luce ahora…

Tras la proyección del audiovisual –al que se le notan algunas pequeñas taras técnicas, pero perdonables, así como la falta de un cierre algo más rematado- , se dio paso a un interesante debate que contó no sólo con los cinco invitados a la mesa principal –los periodistas Óscar Cuevas, Alberto Girón y Rubén Madrid; el fotógrafo Eduardo Bonilla; y el concejal municipal Luis García– , sino con las puntuales intervenciones de algunos de los presentes en el patio de butacas –lo confieso: yo tampoco pude aguantarme las ganas- . Hubo muchos frentes que se abrieron, buenas exposiciones y mejores réplicas; pero, como es lógico, ninguno poseíamos la fórmula mágica para resolver las incógnitas. ¿Con qué sensaciones me volví a casa después de casi dos horas de tertulia? En líneas generales, resumiría lo acontecido en ocho puntos fundamentales:

  1. La crisis del ladrillo remató a los medios, pero los medios ya estaban –por lo general- en situación muy precaria mucho antes del crack del 2008. Tanto en mi efímera etapa madrileña –Europa Press- como en los más de diez años en los que he pertenecido a diferentes plantillas en Guadalajara –CMT, Televisión Guadalajara, Popular TV- , periodistas, técnicos, gráficos, comerciales, etc., nos hemos dejado avasallar por jefes y jefecillos, con nóminas nimileuristas, plena disponibilidad -¿horarios? ¿qué horarios?- y otro tipo de abusos que sería largo de enumerar. Venir ahora a lamentarnos de prácticas instauradas desde hace lustros sólo sirve para reavivar la llama de nuestro descontento.
  2. El ejemplo de La Comunidad.info nos enseña que hacer un periodismo diferente –audaz, atrevido, crítico- no es rentable, a menos a corto plazo, lo que nos condena a estar al servicio de otros intereses, ya sean comerciales o políticos, para intentar sacar la empresa adelante. Pero si servimos a éstos, no queda tiempo para hacer ese periodismo ¿utópico?, que, además, podría molestar a quienes podrían sustentarnos económicamente. Personalmente, conozco casos de administraciones que han retirado publicidad institucional a tal o cual medio por el simple hecho de que su línea editorial no les baila el agua…
  3. Aunque en palabras del propio Girón “la filosofía de la Asociación de la Prensa no es disgregar a los profesionales de los medios” –y sinceramente le creo- , lo cierto y verdad es que plumillas y gráficos jamás hemos ido de la mano para defender nuestros derechos e intereses, que al fin y al cabo eran también los de nuestra empresa y, por extensión, los de nuestros lectores/oyentes/televidentes. Por más que me lo quieran explicar, sigo sin entender cómo profesionales con carreras contrastadas en medios no pueden pertenecer a las asociaciones de prensa sólo por el hecho de no tener un diploma universitario. Seguimos divididos, y eso es una losa demasiado pesada.

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    De izquierda a derecha: Óscar Cuevas, Alberto Girón, Raquel Larrosa, Eduardo Bonilla, Luis García y Rubén Madrid.
  4. A ninguno se nos ocurriría llamarnos a nosotros mismos “periodistas” si no lo somos. Sin embargo, cualquiera con un móvil ya se considera “fotógrafo” o “reportero gráfico”. Acertadísima la intervención de José Luis Ropero al exponer que la imagen, como la palabra escrita, tiene su propio lenguaje, su sintaxis, su morfología y su composición narrativa, y que para eso nosotros también dedicamos años a la formación y a la experiencia; algo que, evidentemente, no tiene cualquiera por muchos megapíxeles que tenga su teléfono. “Sin periodistas no hay periodismo”, hemos oído en no pocas ocasiones. Sin reporteros gráficos no habría prensa, añadiría yo.
  5. Como ya comenté en otra ocasión, sigue siendo una práctica demasiado habitual que algunos cojan prestados textos y –sobre todo- imágenes ajenas para ofrecer más contenidos, aunque no hayan acudido a tal o cual evento, y, desde luego, sin pedir permiso a sus autores ni citar las fuentes. No hablemos ya del copia y pega de comunicados y notas de prensa al que algunos se han acomodado ya, lo que ha hecho que, sin duda, haya mermado considerablemente la calidad de las informaciones que se publican en algunos medios.
  6. ¿Funcionaría en Guadalajara una prensa digital de pago? Creeréis que estoy loco, pero yo pienso que sí. O al menos, habría que intentarlo. Como bien se dijo, implicaría más al lector con el medio, amén de que dicho medio, si la cosa prospera, podría gozar de cierta autonomía editorial. Hay quien dijo que nadie pagaría por algo que puede ver o leer gratis de cualquier otra fuente. Es cierto: lo que hay que hacer es ofrecer lo que nadie más ofrece y con una calidad –tanto en textos como en imágenes- por encima de la media. Igual la cosa cuajaría… siempre que se planificara como un proyecto a medio-largo plazo. Si alguien está pensando en tener miles de abonados de hoy para mañana, mejor que se olvide del tema.
  7. La línea que divide la prensa de la propaganda se ha vuelto casi imperceptible, hasta el punto de que hubo quien mezcló las churras con las merinas lanzando un peligroso mensaje: que la propaganda está en los ojos del que mira. Una aseveración como poco desafortunada y que vino acompañada de otra no menos polémica: que lo que escribe un periodista siempre es periodismo, y nunca panfletario. Fangoso y resbaladizo este terreno, aunque, por fortuna, la mayoría de los asistentes -los periodistas a la mesa, los primeros- rebatieron con sólidos argumentos tamaños disparates. Hubo conato de enfrentamiento político, rápidamente apaciguado, e imperó el sentido común por encima de colores y doctrinas de partido.
  8. Y a todo esto… ¿dónde estaban los responsables, directores, jefes de gabinete, redactores-jefe, etc., de los medios alcarreños? Tuve la impresión –y por el momento, nadie me ha corregido- de que ninguno asistió a la cita de anoche. Como si la cosa no fuera con ellos. Triste, muy triste.

A pesar de toda la autocrítica –o autoflagelación, como llegó a decir lacónicamente Óscar Cuevas- , sin duda lo mejor de la noche, al menos para quien esto suscribe, es que docu_periodismose volvió a respirar ese ambiente de compañerismo, diálogo y espíritu de colaboración de antaño. Desearía que este debate no se quedara en mera anécdota, en un espejismo, sino que fuera un punto de partida para un nuevo reencuentro entre profesionales de medios –insisto, de todos los que conformamos la prensa en Guadalajara- que sustentara el futuro del periodismo alcarreño. Y desde aquí lanzo el guante tanto a la APG como a la ARGGU, que considero deben ser la locomotora común en este proyecto.

Gracias, Raquel, por tu trabajo, esfuerzo y entusiasmo. Encuentros como el de ayer eran más que necesarios.

¿Continuará…?

Tertulia de cine en la SER

Esta mañana he tenido ocasión de charlar durante unos minutillos sobre cine, en la radio y en directo; ha sido en el programa Hoy por hoy de la Cadena SER, y el tema era: “¿de quién te fías tú antes de ir a ver una película?”.

Bueno, pues entre Gemma Nierga, Juan Zavala (del programa ’25 fotogramas’, en TCM), María Guerra (‘La Script’), y Elio Castro y Antonio Martínez (‘Notas de Cine’), ahí me he colado yo, un poco para reivindicar el no siempre reconocido papel de los críticos. Que no todos somos tan sabiondos ni tan sesudos… 🙂

Podéis escuchar la tertulia completa haciendo click en la imagen, y a un servidor le encontraréis a partir del minuto 15’44, aprox.