‘Train to Busan’: Miserias humanas

Cuando mi amigo Jorge Martínez López me recomendó ‘Train to Busan’ (Sang-ho Yeong, 2016) -cinta que había cosechado no pocos halagos en Sitges y, ojo, nada menos que Cannes-, confieso que me dio muuuucha pereza: “¿Otra de zombies? ¿Y coreana? Bueh…”. Pero después de leer opiniones de otros amigos, colegas y blogueros varios, y a pesar del espantoso título que le hemos dado aquí -¿no había nada más erróneo, tópico y facilón que ‘Estación Zombie’?-, decidí darle una oportunidad. Bendita decisión.

Para los que disfrutan sin paliativos con este subgénero -en la variante “infectados”, ya que aquí no hay cadáveres andantes sino una feroz y bastante verosímil epidemia de rabia humana- , la película no hace ahorro alguno de tensión, violencia, suspense y escenas terroríficas; para los que buscamos algo más que el simple gore de gente devorando a gente sin más, nos encontraremos con uno de los más crueles y a la vez certeros retratos sobre la inmundicia humana y todo aquello que nos avergüenza como especie, y, en una atmósfera que bien puede recordar a la muy reivindicable ‘La niebla’ (Frank Darabont, 2007), nos pone frente a la tesis más que plausible de que el miedo, el egoísmo y la ley del más fuerte se imponen terriblemente en medio del apocalipsis.

train-to-busan-fotoCon apenas media docena de escenarios -el 90% del film se desarrolla en el interior del tren en el que los supervivientes intentan llegar a la ciudad segura del título- , un puñado de personajes maravillosos -todos dibujados con sus matices y claroscuros, salvo uno de ellos, convertido desde ya en el tipo más odioso que jamás hayamos visto en pantalla en lo que llevamos de siglo-, un vibrante sentido del ritmo y la narración audiovisual -del que ya podían aprender propuestas, ejem, de culto, como la muy plomiza ‘The Walking Dead’ televisiva- y, como digo, la capacidad de convertir lo que podía haber sido un relato tópico en algo más, ‘Train to Busan’ se presenta como uno de los títulos imprescindibles no solo del género -que, con obras como esta, revela su lado más maduro y adulto-, sino de la presente temporada. Una verdadera gozada que, intuyo, no tardará en ser fagocitada por Hollywood con menos contenido psicológico pero más CGI y estrellas en el elenco. Disfrutad de la original, mientras podáis.

El Corto de la Semana: ‘The Only Man’

Tal vez porque me pilló saturado de tanto zombie, o porque no le supe coger el punto en su momento, debo confesar que la primera vez que ví este corto me quedé con un sabor de boca algo agridulce: un planteamiento muy potente, un actor simplemente prodigioso -el californiano Timothy Gibbs– , un desarrollo in crescendo… pero una conclusión anticlimática, incluso algo confusa, que puede saber a poco.

Sin embargo, ‘The Only Man’ (Jos Man, 2013) es de esos trabajos que, sin saber muy bien por qué, se te meten en la cabeza y los tienes ahí durante días, dándole vueltas. Tras más visionados, sigo sin encontrarlo redondo, pero sin duda es una pieza fascinante que quiero compartir como Corto de la Semana.

El Corto de la Semana: “Cargo”

Acostumbrados ya a los zombies mainstream que nos ha implantado Hollywood con sus últimas superproducciones, sorprende una propuesta como Cargo (Ben Howling & Yolanda Ramke, 2013), film sin diálogos que da un giro humanista al subgénero de muertos vivientes y que supone un auténtico soplo de aire fresco.

La cinta fue galardonada el pasado año con el primer premio del prestigioso Tropfest (Australia). A ver qué os parece…