Ed Wood

Un hombre y su sueño.

Hace poco, a propósito del estreno de Hitchcock (Sacha Gervasi, 2012), comentaba la innegable fascinación que sentimos los cinéfilos ante películas que se miran a sí mismas y, lejos de ser autocomplacientes, suelen ser bastante irónicas y particularmente críticas con el oficio mismo de hacer cine. Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly & Stanley Donen, 1952) es maravillosa por su humor y sus números musicales, pero, ¿la consideraríamos igual si no retratase con sano humor los orígenes del sonoro? ¿Y qué me decís de El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950), Cautivos del mal (Vincente Minelli, 1952), Vivir rodando (Tom DiCillo, 1995) o La niña de tus ojos (Fernando Trueba, 1998), por decir sólo unos cuantos títulos al azar?

Entre mis favoritas –no sólo de esta lista, sino en mi top-ten particular- está la que considero la obra más notable, madura y sublime del casi siempre irregular Tim Burton: Ed Wood (1994), un falso biopic acerca de quien ostenta el dudoso honor de ser considerado ‘Peor Director de la Historia del Cine’. Y es que sus películas, filmadas sobre todo en la década de 1950, no es que destacaran por su nefasto nivel de producción, ni por el dudoso trabajo de sus actores –cuyos elencos los encabezaba muchas veces el propio Wood y en el que se agolpaban mitos caducos del celuloide, cantamañanas televisivos e intérpretes teatrales de medio pelo- ni por unos guiones tan efímeros como inconsistentes, sino, sencillamente, porque este realizador desconocía las más elementales reglas del lenguaje cinematográfico.

¿Eso le hizo desistir de su sueño? Ni mucho menos. Más bien al contrario: suplía sus limitaciones con un entusiasmo contagioso, un carisma sin igual, una imaginación desbordante –algunos planteamientos de sus monsters-movies podrían ser hoy dignos de los televisivos Cuarto Milenio o Expediente X– y un arrojo que nunca le hizo rendirse ante la adversidad. Y sin embargo, está en las antípodas de ser un héroe: Ed Wood es un looser, la antítesis del sueño americano, el rostro de quien nunca triunfará en el país de las oportunidades ni en la tierra de la fantasía –Hollywood- .

ed-woodPero esta película es, sobre todo, una hermosa y sincera historia de amistad entre dos personalidades tan contrapuestas como complementarias: el impetuoso y joven soñador que aspira a dirigir grandes superproducciones se tropieza por casualidad con Bela Lugosi, antaño estrella de la gran pantalla y que hoy no es sino un malhumorado anciano, un vejestorio olvidado por las majors que ve pasar los días enganchado a la morfina. El sueño de la dorada Meca del Cine que le insufla Eddie le dará nuevas fuerzas para regresar al plató, aunque sea participando en sus films de serie Z hasta el final de sus días –mientras, no muy lejos, los grandes estudios viven su momento más glorioso…- .

Ed Wood tiene momentos verdaderamente cómicos –el robo del pulpo mecánico, el bautismo del equipo para conseguir financiación- y otros sencillamente inolvidables –Martin Landau/Lugosi chapoteando en una charca mientras lucha con el monstruoso cefalópodo- , que componen un maravilloso relato nostálgico y melancólico: al final de la película, repasando la trayectoria de los miembros del equipo de Wood –atención aquí a la sublime partitura compuesta por Howard Shore– , nos daremos cuenta de que el tesón y el entusiasmo no siempre son suficientes para alcanzar los sueños.

Y es que los sueños… sueños son.

Recomendado para cinéfilos de pro.

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