Objetivo: la Casa Blanca

El Olimpo ha caído (sic).

La veneración que los norteamericanos sienten por la figura de su presidente es algo que, en estas latitudes, se nos escapa por completo. Supongo que es simplemente una cuestión de diferencias culturales: para ellos, el residente del 1.600 de la Avenida de Pensilvania en Washington D.C. es una figura casi sagrada, cuyas decisiones para dirigir los designios del país podrán ser debatidos y discutidos, pero cuya legitimidad moral, legal y autoritaria está a prueba de toda duda; para nosotros, quien debe gobernarnos no es más que… oh, vamos, dejémoslo estar.

En no pocas ocasiones, y sobre todo desde unas décadas hacia acá, Hollywood ha elevado al presidente poco menos que a la categoría de héroe nacional, a veces de forma activa y casi sonrojante -ahí están el Bill Pullman de Independence Day (Roland Emmerich, 1996) o el Harrison Ford de Air Force One (Wolfgang Petersen, 1997)- . Más insólito resulta que, en una misma temporada cinematográfica, dos películas con idéntica temática hayan coincidido en la cartelera: el Asalto al poder al que tenían que hacer frente Channing Tatum y Jamie Foxx, y este Objetivo: la Casa Blanca, que firma Antoine Fuqua –director de irregular trayectoria de quien recordaremos Día de entrenamiento (2001), Lágrimas del sol (2003) o El rey Arturo (2004)- bajo el muy ilustrativo título original de Olympus has fallen. ¿Un inverosímil secuestro terrorista en el edificio gubernamental norteamericano por antonomasia es comparable a una hipotética e imaginaria caída del reino de unos dioses mitológicos? Muy sutil…

olympus-has-fallen
Hoy va a ser un mal día en la oficina…

Si el título fuese lo único que chirría en esta propuesta tan insólita como poco creíble –resulta asombrosa la facilidad con la que un numerosísimo grupo terrorista asiático consigue penetrar en la Casa Blanca con un coordinado ataque por tierra y aire- , podríamos encontrarnos ante una estimable Serie B palomitera, de esas que uno veía de chico en el cine del barrio con los amigos un domingo por la tarde y en la que, por qué no admitirlo, aplaudíamos y vitoreábamos al héroe de turno cada vez que daba matarile a uno de los malos. Lo malo es que, como ya ocurriera con la citada aventura del avión presidencial, nos encontramos nuevamente con la enésima copia, descarada y sin pudor, de la primera y genuina Jungla de cristal (John McTiernan, 1988), aquella indiscutible obra maestra que contaba con un carismático héroe, frenético ritmo y excelente puesta en escena: ingredientes que sentaron las bases del moderno cine de acción a finales de los años ochenta y que, ante la falta de originalidad e ideas en la Meca del Cine, ha sido imitada –y nunca superada- en innumerables ocasiones.

Aquí, ni el héroe posee carisma alguno –Gerard Butler, obligado a ser John McLane en una misión de Snake Plissken, posa con la misma expresividad y empatía que un Airgam Boy- , ni el ritmo funciona –todo el episodio de la búsqueda del hijo del presidente resulta tremendamente aburridísimo- ni la puesta en escena es siquiera eficaz, donde nos abruman las onomatopeyas, las explosiones y los tiros en escenarios de lo más irreales –cantan bastante los decorados digitales- . El guion no tiene por dónde cogerse, empezando por un prólogo que no conduce a nada -¿de verdad era necesario enemistar al presidente y a su guardaespaldas por el accidente que sufre la primera dama?- y con un desarrollo tan previsible como las manillas de un reloj. Y a todo esto, uno no deja de preguntarse qué narices pintan en todo esto Aaron Eckhart, ascendiendo de fiscal de distrito en Gotham a líder de la nación, y Morgan Freeman, antiguo inquilino del inmueble –Deep impact (Mimi Leder, 1998)- y convertido aquí, mira tú que cosas, en portavoz del gobierno/presidente por accidente.

Como decía en el primer párrafo, un argumento poco creíble y difícilmente convincente… ahora, en un ambiente más castizo, podría dar pie a una versión más desatada, excesiva y negra a mayor gloria de Álex de la Iglesia. ¿El director de El Día de la Bestia (1995) retratando un asalto así de demencial en la Moncloa? Sería digno de ver, pero sería controvertido ver de lado de quién nos pondríamos…

Recomendado para aficionados al thriller hiperbólico de escaso recorrido.

sensacine

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