Babadook

En ocasiones veo monstruos.

Es raro que por estas latitudes nos llegue cine de las antípodas más allá de las propuestas de Baz Luhrmann o de las megalómanas sagas fantásticas de Peter Jackson. Sin embargo, y tras multitud de premios, nominaciones y reconocimientos en no pocos festivales especializados, la ópera prima como realizadora de la hasta ahora (poco conocida) actriz australiana Jennifer Kent le ha abierto las puertas del mercado internacional, España incluida.

¿Qué nos ofrece Babadook (2014) diferente de otras propuestas de terror y misterio? Debo reconocerle, principalmente, un retrato psicológico de sus dos protagonistas principales que va mucho más allá del mero dibujo de un solo trazo al que, habitualmente, nos tiene acostumbrados el género: una madre relativamente joven (Essie Davies), abnegada y con cierta tendencia a la depresión que le produce el recuerdo de su difunto marido; y su hijo de seis años (Noah Wiseman), ocurrente, inquieto pero a la vez conflictivo y problemático. Ambos viven una vida algo monótona y gris, casi silenciosa, hasta que una noche encuentran por casualidad en una estantería de su casa un grueso libro de llamativa cubierta roja y escalofriante contenido. A partir de aquí, ambos se sumergen en una aterradora pesadilla, en la que, primero el chico, luego la madre, creen sentirse amenazados por una fantasmal e inquietante presencia…

Como digo, el gran acierto del film es el retrato y desarrollo de ambos personajes, sostenido no sólo por el gran trabajo de interpretación de ambos actores, sino por lo bien construidos y desarrollados que están ambos roles: si bien al comienzo de la narración, es el personaje del crío el que más suspicacias puede provocar en el espectador, es más que interesante el sutil y paulatino intercambio de roles que sufren tanto él como su progenitora, pasando de verdugo a víctima y viceversa. Se podrían adivinar ciertas influencias de dos clásicos como El exorcista (William Friedkin, 1973) y El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), así como del look fantasmal oriental de principios de este siglo; pero son ciertamente muy lejanas, apenas una mera inspiración en la realizadora y guionista.

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“¿Lo ves? No hay monstruos…”

Quizá convenza menos el que un relato de terror tan puramente psicológico como el que se nos propone –y donde se juega muy bien con la confusión entre realidad, sueño y duermevela, acentuado por el enfermizo insomnio que sufre la madre y al que incluso llega a someter a su hijo- , confluya en un tercer acto quizá demasiado explícito con monstruo, o fantasma, u hombre del saco incluido, con alguna ligera reminiscencia a Poltergeist (Tobe Hopper, 1982) y cierta similitud, no lo voy a negar, con la curiosa Intruders (Juan Carlos Fresnadillo, 2011). Sin embargo, los puntos fuertes comentados anteriormente y un epílogo controvertido pero sin duda poco convencional, hacen de Babadook una curiosa y llamativa propuesta para gozo y disfrute de quienes lo pasan bien pasándolo mal.

Recomendado para adictos a las emociones intensas.

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